Jueves, 24 de Abril de 2008

Políticos durmientes

Clara Beltrán

Dicen que el insomnio aqueja a los hombres de intensa vida interior, que viven en una constante irradiación de ideas. Si me creo estas palabras y atiendo a mi observación, puedo comprender por qué más de uno se duerme en los plenos del Cabildo y es víctima de esa modorra que le hace perder la mirada en el garabato del papel. Me parece incluso lógico que haya políticos que sean víctimas del más hondo aburrimiento.

Cada uno de esos representantes del gobierno insular que siempre corren el riesgo de caer en un profundo naufragio mental suelen tener como única salida al sopor una insignificante intervención en la sesión plenaria que les saca de su estado clorofórmico.

Precisamente esa alteración momentánea que sufre su duermevela se suele dar cuando salta la chispa de la polémica. Supongo que por eso agradecieron en su día la teatralidad de Pedro Hernández, que era capaz de deshuesar de todo protocolo al pleno, y hacer que su público más entregado lo constituyeran parte de sus adversarios políticos, que aprovechaban el “show” para desentumecer el rostro con una mueca o un comentario de soslayo sobre el alborotador.

Plácida Guerra, Sergio Machín, Eugenio Hernández o Lourdes Bernal son los que habitualmente tienen como única obligación plenaria la de guardar el bostezo y votar. También es cierto que cuando reciben el jarro de agua fría por su inactividad política de manos del contrincante político, siguen con la cabeza pendida sobre el papel, ajenos a todo. Y es que su ensimismamiento es tal que de vez en cuando han tenido que ser defendidos por la propia presidenta del Cabildo, que con amplio sentimiento maternal les ha sacado del apuro.

La vigencia del sopor en cada uno de los plenos del Cabildo no depende tanto del ánimo con el que uno acuda a estas sesiones, sino de cómo se expongan los temas del debate. Y es que estas reuniones suelen carecer de un ingrediente exquisito: la precisión.

Es más que común que nuestros políticos se enmarañen en explicaciones y que incluso superen el tiempo reglamentario para sus intervenciones sin habernos sacado de la duda: “¿Hay partida presupuestaria para el deporte base?”

En estos casos, quien hace uso de los argumentos machacones y de las reiteraciones parece más empeñado en decir que en hacerse entender, y lo más grave: hay quien cree que cuanto más se hable, más razón se tiene.

Por un lado, agradezco que el Cabildo no haya utilizado aún su página web para emitir en directo las sesiones plenarias, ni que ninguna televisión local haya puesto en práctica su condición de servicio público con este fin. Aunque, por otro lado, me encantaría un poco de “tele-realidad”, al menos para que todos tuvieran la oportunidad de ver cabecear a Plácida Guerra.