Jorge Marsá
En el artículo publicado aquí hace un rato, habla Alfonso González Jerez de degradación política en Canarias. Es la conclusión, y creo que acertada, que extrae el periodista del debate de la pasada semana en el Parlamento. Y para mí que es la misma que puede y debe sacarse de otro debate: el que ha tenido lugar en Lanzarote a cuenta de la información del diario El País sobre la corrupción urbanística insular.
El nivel de la discusión ha resultado en verdad penoso; pero desgraciadamente, revelador. Grima da ver a un partido político, al PSOE, sosteniendo que la publicación en el principal periódico de este país de la equiparación entre Lanzarote y Marbella en nada daña la imagen turística de la Isla y que, incluso, puede resultar beneficiosa. Algo serio pasa en una organización cuando piensan que se puede soltar a la opinión pública semejante estupidez y, encima, hacerlo como si ellos no tuviera ninguna responsabilidad en lo ocurrido. Fenómeno tan preocupante, aunque no tan indecente, como el hecho de que algunos, que jamás mostraron escándalo por el asalto a la legalidad urbanística vigente –CC, PIL, PNL, PP, Aetur, Asolan y la Cámara de Comercio–, exhiban ahora con descaro su indignación ante la ciudadanía por la publicación de una información que saben absolutamente cierta.
Y sí, lo que ocurre es que la degradación de esas organizaciones humanas parece haber tocado fondo… por ser optimistas. O parafraseando a González Jerez, que quizá esté ya Lanzarote “inventando su particular vía –tampoco tan original ni tan nuestra– para la desaparición de la política como empresa participativa y deliberativa de transformación social”. Aunque creo que también esta posibilidad peca de optimismo si a nuestra Isla se refiere.
Se ha insistido en estos días en que Lanzarote no es Marbella. No obstante, se echa de menos que no se haya ido un poco más allá, que nadie haya tenido a bien explicar cuáles son las diferencias de fondo que distinguen a personajes como Jesús Gil, José Antonio Roca o Julián Muñoz de los que en la Isla tiene cualquiera en la mente: Dimas Martín, Honorio García Bravo, Juan Pedro Hernández, José Francisco Reyes… ¿Qué no todos los de aquí han entrado aún en la cárcel?
También a mí me parece que hay alguna diferencia entre Marbella y Lanzarote… pero es de grado. No descarto que las penas de prisión tuvieran que ser mayores para los de allí que para los de aquí, o que las cantidades de dinero que corrieron por allí superen a las de aquí; no lo descarto porque no lo sé. No obstante, existe una diferencia que sí me resulta obvia: el hecho de que el foco de los medios de comunicación se situara en Marbella obligó al poder político, al autonómico y al central, y al aparato policial y judicial a dejar de mirar hacia otro lado ante semejante escándalo. En Lanzarote, no había tal escándalo, hasta que el foco… Ahora, que escandalizados sobran, sólo falta que el Gobierno de Canarias deje de ser cómplice, que el Gobierno de España ponga los medios para que la policía pueda hacer su trabajo y los jueces puedan darse por enterados y que la Fiscalía deje de hacer como si no tuviera nada que hacer –aunque a veces se contentaría uno con que se limitara a hacer eso–. Con el poder político insular nadie cuenta para hacer limpieza, con ninguno de los dos sectores: ni con el que se distingue por su implicación, ni con el que lo hace por su incapacidad.
Ahora bien, si al fondo de la cuestión nos referimos, entonces cuesta encontrar la diferencia entre Marbella y Lanzarote. Porque ambos lugares se caracterizan por la corrupción urbanística generalizada que ha provocado la estrecha imbricación, legal e ilegal, entre el poder político y un grupo de empresarios dedicados a la promoción y construcción de hoteles o viviendas.
Desconozco el detalle de la trama marbellí, pero en Lanzarote, salvo a algún fiscal y poco más, a nadie se le esconde que trama corrupta hay, que experiencia tienen, porque llevan actuando desde hace años con casi total impunidad (apenas un par de leves condenas… que muchos cumplirían encantados a cambio del beneficio obtenido), que los nombres de los protagonistas son tan conocidos como los de sus yates o el de su abogado, y que, en efecto, están indignados. Es de esperar que tengan motivo. Es de esperar que acabe por llegar a la Isla el Estado de derecho… y limpie su dañada imagen.
Clon
9:34 | 31 Marzo 2008 | Permalink
Y encima la mayoría de comentarios que se leen en los distintos medios digitales bajo artículos y noticias son también de militantes aborregados o aborregadores. Con lo cual, la sensación de degradación es todavía mayor para los que creemos que la política es otra cosa.
LZ-III
11:18 | 31 Marzo 2008 | Permalink
¿Degradación? Qué degradación, Marsá, si nada ha cambiado, si continúan haciendo lo mismo de siempre. Nacieron degradados y así siguen.
EL GRILLO
12:12 | 31 Marzo 2008 | Permalink
Todos nos hemos involucrado en el debate sobre la posible corrupción en Lanzarote, todos hemos descrito por activo y por pasivo la situación, unos (psoe)con un prisma totalmente diferente a los otros(todos los demás), pero lo que verdaderamente se hecha de menos son las posibles soluciones al problemon que se ha creado en lanzarote con la dichosa moratoria que todo el mundo se la ha pasado por el arco del truinfo, porque señores al final quien pierde es Lanzarote y sus gentes. Pongamos el supuesto de que sí ,de que hay que tirar todo lo que es ilegal, la primera pregunta que se nos plantea es ¿ quién coño va a pagar esos derribos ? a alguien se le ha pasado por la cabeza los flejes de millones de euros que eso supondría ? alguien ha pensado como quedaría el territorio en donde esos hoteles ilegales están hoy en día ? ¿ qué hacemos con las personas que ahora están trabajando en esos hoteles ? es decir, no se va ha tirar ningún hotel por eso no se piden que se ejecuten las sentencias judiciales, entonces señores,¿ qué hacemos? ¿ cuales son sus soluciones ? ¿ tienen alguna ? o se creen que con pasarle tipex a los planos los hoteles desaparecen, lo que tienen que hacer es ponerse las pilas hablar con el Gobierno de Canarias y los dueños de esos hoteles y poner solución a esto joder, ¿tan dificil es?.
Jorge Marsá
12:13 | 31 Marzo 2008 | Permalink
Hay quien sí ha hecho de la lucha contra la corrupción su bandera. Es el caso de Juan Fernando López Aguilar. Y sobre ese caso, y con el gráfico título de “Demagogia”, escribía ayer Manuel Mederos su columna en Canarias7.
Demagogia
La democracia, tal y como la pinta López Aguilar, no es democracia. Un sistema democrático o se sustenta en el respeto o está destinado a la corrosión por la imposición de la demagogia. Aguilar profundiza en una línea de insolidaridad demagógica, una de las derivas propias de la democracias que desemboca en la exclusión y el autoritarismo. La única y gran virtud del sistema democrático es que permite la convivencia desde la confrontación de ideas. López Aguilar rompe con esta norma básica al descalificar permanentemente a los que no piensan como él. En su discurso trata de arrastrar, humillar y destruir a sus contrincantes políticos, sin permitir el diálogo. La democracia parte de la idea de que la verdad nunca es poseída completamente. La vedad en la democracia no es de una persona o de un grupo. Aguilar pretende apropiarse se esa verdad compartida con un lenguaje que no atiende a razones. La democracia permite que intereses contrarios puedan ser conciliados si imposiciones violentas, si se respetan las normas de las que nos hemos dotado. Por ello, quienes creen tener la verdad necesitan demostrarla con razones. Tienen que convencer, y no simplemente erigirse dogmáticamente en poseedores de ella. Una de las grandes virtudes de la democracia consiste en esa tensión y esfuerzo por aproximarse a la verdad y sostenerla. Aguilar, se ha dejado llevar por el peor de los peligros democráticos: la demagogia hacia la que degenera. La charlatanería utópica deriva en el mesianismo. Esa conciencia de tener que salvar a a la humanidad ciega la razón. Lo que ocurrió esta semana en el Parlamento es uno de los efectos del pensamiento de Aguilar. El líder del PSOE abandera en Canarias ese movimiento fundamentalista que asfixia el diálogo. Ninguna idea contraria a su pensamiento puede ser oída por él con respecto. Ninguna opinión del contrario tiene valor alguno para él. Todo lo contrario. Se burla de las ideas y desprecia a sus conciudadanos y rivales políticos.
En Coalición Canaria y en el PP ha habido cierto titubeo y desorientación en la estrategia para afrontar el pensamiento y el efecto Aguilar. A su partido le ha ocurrido exactamente lo mismo, salvo a algunos nostálgicos y a arribistas del poder. Nadie sabe cómo hacer frente a un huracán de irracionalidad y demagogia. Nadie sabe cómo afrontar lo que se percibe como un peligro para los intereses colectivos. Así lo ven también muchos conciudadanos sensatos. Porque la democracia siempre tiene a la sensatez y al sentido común por banderas. Son éstas las únicas vías para acoger los intereses colectivos.
La democracia la debe presidir la percepción de buena voluntad de que todos deseamos construir la sociedad, de que somos parte de ella y nos respetamos profundamente. Aguilar expresa todo lo contrario. Construye una democracia presidida por la sospecha y la exclusión. Nadie es bueno. Nadie es digno. Esas son las peligrosas máximas de su discurso. Precisamente, las personas y grupos más sensatos, los que creen en la bondad, en la amabilidad y en las posibilidades del sistema democrático, son las que se sienten, desorientadas, débiles y desbordadas ante la demagogia atronadora, ésa que tan fácilmente prende en mucha gente y que tantos votos puede dar.
Renaldo Hernández
12:44 | 31 Marzo 2008 | Permalink
Respecto al artículo de canarias 7 yo diría que ni tanto ni tan calvo. Aunque es verdad que López Aguilar se pasa tres pueblos y cae muchas veces en esa actitud que denuncia el articulista, también es verdad que de cuando en cuando tiene razón cuando arremete contra ellos. Y me remito a los procesos judiciales que están empezando a abrirse uno detrás de otro. Vale que todo eso podría hacerse sin ese lenguaje tan prepotente y despectivo, pero yo creo que el artículo pasa por alto las premisas sobre la que López Aguilar fundamenta su discurso iracundo: Una corrupción innegable tolerada, cuando no directamente auspiciada, por el Gobierno de Canarias en estos últimos 15 años. Leyendo al periodista de Canarias 7 da la impresión de que son unos santos atacados violentamente por un cavernícola llamado López Aguilar, y tampoco es eso. ¿Sensatez y sentido común?, desde luego. Pero también transparencia y leyes iguales para todos.
asombrado
20:35 | 31 Marzo 2008 | Permalink
ya era hora que marsá volviera a escribir un buen artículo!!!