[La Provincia, 29 de febrero de 2008]
Finalmente el PP se puso serio e impuso la cordura: el Consejo de Gobierno aprobó el martes el plan de empleo prometido por Rivero durante su campaña electoral, pero lo hizo excluyendo las propuestas ilegales del entonces candidato. Y es que una cosa es ser aspirante y prometer favores imposibles a los votantes y otra muy distinta estar en el Gobierno y aprobar proyectos irrealizables. Porque sacar adelante el plan de empleo que defendieron sañudamente el propio Rivero primero y luego con escasa devoción y menor competencia el consejero de Empleo, habría supuesto un monumental conflicto con la Unión Europea y con el Gobierno de España.
El plan aún no se ha publicado, y lo poco que se conoce del alcance del cambio realizado en su redacción es lo que ha admitido a regañadientes el propio Gobierno: se ha suprimido el compromiso ilegal de Rivero con las patronales para favorecer en la licitación pública a las empresas canarias que contratasen a personal con más de tres años de residencia, y las políticas supuestamente dirigidas a favorecer la contratación de ciudadanos canarios con larga residencia en las islas frente a peninsulares o comunitarios, han quedado incluidas en al catálogo de las buenas intenciones, junto a otras propuestas para discapacitados, mujeres desempleadas, grupos de edades con difícil acceso al empleo…
En resumen: el Gobierno se la ha envainado discretamente. Y hay que aplaudirle por ello. Pero aplaudir una decisión correcta, que nos evita el que la contratación se instale en la inseguridad jurídica, no significa que no se reconozca el monumental bluf de este nuevo Plan de Empleo. Se ha pasado de aprobar la política que Rivero prometió hacer durante la campaña, en su investidura y en sus primeras declaraciones públicas como presidente, dijera Europa lo que dijera (“sin que me tiemble el pulso”, fue su feliz expresión) a aprobar un plan –uno más de los muchos aprobados en los últimos veinte años– con decenas de medidas similares a las que vienen aplicándose hasta ahora con escaso éxito, y que sin embargo promete reducir el desempleo en Canarias hasta el 6,5 por ciento en los próximos cinco años. No se sabe si el plan establece objetivos anuales que puedan ser contrastados año tras año en ese largo quinquenio, o habrá que esperar a 2013 para saber si el nuevo Gobierno (el que se salga de las elecciones de 2011) logrará cumplir el poco realista objetivo que Rivero se ha marcado.
Personalmente, coincido con quienes creen que este plan es un bluf que ni cumple lo prometido por Rivero ni se marca objetivos mínimamente realistas, ni compromete a nada al Ejecutivo actual. Creo que lo han aprobado en plena campaña electoral, y con todos los recortes que Rivero se ha tenido que tragar sin que tampoco le tiemble nada, sólo para que el presidente pueda mentir en los mítines de Coalición, diciendo que él ha cumplido la promesa que hizo a sus electores…
Jajaja… este Pomares no tiene ni idea de lo que dice. El Plan es básicamente el mismo.