Miércoles, 27 de Febrero de 2008

Crispación

Antonio García

El término ha inundado la política nacional en los últimos cuatro años. Y con razón, la cosa está crispada. Día a día parece más complicado tener una conversación normal si ZP o el PSOE y Rajoy o el PP aparecen sobre la mesa. Dejando a un lado la política nacional, me sorprende que el término no se haya instalado en Lanzarote. Llevamos crispados desde que María Isabel Déniz quedó en minoría para aprobar su Plan General.

Las bancadas están claramente definidas política, económica y mediáticamente. Y cómo están de divertidas, coincidiendo en el diagnóstico, Lanzarote está fatal, y tirándose de los pelos a diario para procurarse la razón absoluta. Es duro, pero en escenarios como el que vive la isla, con clarísimos síntomas de regresión y agotamiento de su principal motor económico, nuestra sociedad y sus poderes representativos han preferido partirse la cara y crispar para estar en el mismo sitio que sentarse, discutir y pactar.

Las bancadas, convencidas de que algún día de este tercer milenio harán morder el polvo a su contraria, no bajan el pistón y se disputan a codazos el puesto en la peluquería para el día de la victoria. Si no es el 9 de marzo, piensa CC, será el día que terminemos de convencer a Dimas; si ganamos el 9 de marzo, cruza los dedos el PSOE lanzaroteño, será el día que terminemos de convencer a Dimas…y éste se cargue a Antón.

Las bancadas, conscientes de que la isla vive una situación delicada, desechan ponerle remedio de forma racional, se abrazan a sus respectivos datos, que sólo le dan la razón a su tribu respectiva, y confían en que Dimas mantenga o cambie de pie cuando se despierte.

Fuera de las estrategias políticas de cara a la galería, parece que la crispación campea a sus anchas en la opinión pública en Lanzarote. Momentos delicados, oye, para dar tu opinión sin que te encasqueten un lugar en el risk particular lanzaroteño. Pero, a lo importante, ¿no reconforta tener la razón absoluta en todo? Tiene que ser una gozada.