Martes, 26 de Febrero de 2008

El debate

Jorge Marsá

El debate de anoche entre Rajoy y Zapatero resultó todo lo malo que cabía esperar… y un poco más. Es decir, que estuvo a tono con el corsé preparado por los expertos de los dos partidos, con la dimisión del periodista en su calidad de tal y, claro está, con el nivel dialéctico e intelectual al que nos han acostumbrado de estos dos políticos, que distan de ser el blanco y negro de la democracia española, como alguien señalaba tras el encuentro, y se distinguen más bien por ser dos de los más grises representantes que ha tenido la ciudadanía de este país en las últimas décadas.

Seguí pegado a la televisión durante un rato después de concluido el cara a cara, y escuché a dos profesionales, de la política y del periodismo, defender su opinión de que Mariano Rajoy había ganado el debate. Me costó creer que aquello fuera una opinión; más me parecía una alucinación. Podría entender que se discutiera que Zapatero fuera el ganador, que lo fue, pero me pareció indiscutible que Rajoy perdió ayer la batalla con toda claridad (por 15 puntos porcentuales según el sondeo de La Sexta, por 12 el de Cuatro, por 6 el de Antena 3, por 4 el de El Paísy por 3,5 el de El Mundo).

Y me lo pareció desde su primera intervención, desde que trazó su terrorífico panorama sobre la situación de este país, tan exagerado que hasta el cuento de hadas de Zapatero, que se ve como el espejo en el que se mira el mundo, parecía mesurado. La apuesta de Rajoy fue clara, la misma de toda la legislatura: afianzar el voto de sus más fieles seguidores. En realidad, es la apuesta de quien, ante la imposibilidad de ganar las elecciones, opta por consolidar un suelo electoral que evite que la derrota sea estrepitosa.

Sí, ya sé que las encuestas hablan de empate técnico, pero todos esos sondeos no han conseguido convencerme de que aún hay partido. Porque hay que tener en cuenta que a prácticamente todos –partidos y medios de comunicación– les interesa que el espectáculo se prolongue lo más posible. Y sin suspense sobre el final… pobre espectáculo.

Puede que me equivoque, pero yo dí por terminado el partido el día en el que el líder del PP humilló a Gallardón previa humillación ante Aguirre (“Se terminó el suspense”. Y el debate de ayer no me pareció más que la confirmación de que el único debate realmente abierto y sin final conocido es el de la sucesión de Mariano Rajoy.