Oficialmente, claro, porque yo tengo la sensación de estar viviendo en campaña electoral desde hace bastante tiempo. Y es que me parece que en los últimos años, especialmente en los ocho más recientes, en España la política que se hace desde los partidos se reduce a pura y dura campaña.
Teóricamente es el tiempo para escuchar las propuestas que tienen los partidos para gobernar, pero mayoritariamente lo que yo escucho son ataques y descalificaciones entre ellos. Seguro que hay mucha gente que ve positiva e incluso divertida esa actitud. Yo no lo comparto. Entre otros motivos porque prefiero oír propuestas de futuro y no reproches; y porque creo que es un error que los partidos dediquen todo sus esfuerzos y recursos a estos menesteres, en vez de dedicarlos a hacer programas serios, coherentes, pragmáticos y realizables.
Y es que parece que los partidos se han especializado en esas batallas sin ideas. Y no sólo lo hacen los grandes partidos, PP y PSOE, en principio destinados a gobernar este país por muchos años, con personajes como Miguel Ángel Rodríguez y Pepe Blanco en la línea de fuego. La cosa se contagia y llega hasta los pequeños que prácticamente no cuentan con opciones y que teóricamente salieron al ruedo para cambiar las formas. Significativo en Lanzarote el caso de los “alternativos”, ciudadanos versus isleños, o si lo prefieren, “Periquistas” versus “Barretistas”.
Lo malo de estas formas es que la “guerra” se traslade a la población y caigamos en esa simpleza que ya estamos viviendo de buenos y malos, la cual impide que este país avance y mejore las condiciones de vida de quienes en él vivimos.
Lo de patentar las figuras de alternativa y mantenerlo en secreto has dos semanas antes de la campaña es una mala pasada que no tiene nombre. Sólo por el gusto de hacer daño. Es lo que dicen que define a los idiotas: que sus acciones haces daño a otro sin sacar provecho para propio.