La educación a debate X. Los grandes perdedores

Jorge Marsá

Los mayores perjudicados por el tipo de enseñanza que implantó la LOGSE –aunque el primer paso lo dio la Ley General de Educación del año 1970– han sido los alumnos con mayor interés por formarse. Era de esperar que así fuera cuando se baja el nivel de los contenidos educativos, se dice que lo importante no es aprender esos contenidos sino aprender a aprender, se prescinde de la “cultura del esfuerzo” para sustituirla por la sandez de la motivación, se pone el acento en no frustrar a los estudiantes –como si educar no fuera siempre frustrar expectativas– y se obliga a permanecer en las aulas a quienes no están dispuestos a estudiar.

Ahora bien, si los mejores estudiantes han sido en general los grandes damnificados de la LOGSE, quienes peor parados han salido entre esos estudiantes más aplicados son los que proceden de las clases menos pudientes e ilustradas.

Desde el Gobierno se pone el acento en estos días en la necesidad de tener en cuenta la extracción social de las familias, esto es, su nivel cultural, para relativizar los resultados del Informe Pisa. Sin embargo, no se insiste en otro aspecto fundamental, en que una de las características básicas de un buen sistema de enseñanza es, precisamente, que proporcione un alto nivel de contenidos que permita a los más desfavorecidos compensar las carencias de su entorno familiar.

El bajo nivel de nuestra enseñanza que muestra el Informe Pisa lo pueden contrapesar en parte los hijos de los sectores más ilustrados de la sociedad con los nutrientes que reciben en su entorno familiar. Por el contrario, los alumnos provenientes de las clases populares quedan mucho más limitados a lo que les suministre el sistema de enseñanza y, en consecuencia, el descenso del nivel de instrucción se convierte para ellos en un drama, en una barrera que dificulta seriamente su posibilidad de ascenso social.

Esta desigualdad a la que nos referimos se ha visto agravada por un resultado no previsto por los impulsores de la LOGSE: el descenso del nivel de los contenidos educativos y la ingobernabilidad de la aulas han provocado el natural desprestigio de la enseñanza pública en España. Y quienes conocen el sistema público y tienen la oportunidad de evitárselo a sus hijos, porque pueden pagarla –o porque se la pagamos “concertadamente” entre todos–, pues no la desaprovechan, y los mandan a la enseñanza privada, como hacen la mayoría de los altos cargos socialistas, con la ministra de Educación a la cabeza. De ahí que la afluencia a los colegios privados no haya hecho más que crecer en este país, hasta alcanzar un llamativo 35% del alumnado (la media de la OCDE es del 16%, y en Finlandia no se educa en la enseñanza privada más que el 2% de los estudiantes). Que ahora se intente repetidamente culpar a los inmigrantes del descrédito de la escuela pública no es más que una broma de mal gusto.

El caso es que no queda otra que constatar que, también desde el punto de vista de la igualdad, la LOGSE ha terminado siendo un fracaso, y que han sido precisamente los mejores estudiantes de las clases populares los grandes perdedores de aquella apuesta educativa, porque son ellos los más necesitados de un sistema educativo público de calidad, que les exija superarse, que les proporcione el alto nivel de contenidos que les permita competir en la que hoy llaman sociedad del conocimiento con aquellos que tienen la ventaja de haber nacido en una familia ilustrada.

Publicado el 20 de diciembre de 2007 a las 9:00 am en 'Sociedad'.

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