La educación a debate VIII. Por una visión externalista del problema educativo II

Raúl García Brink

Dice Jorge Marsá, y dice bien, que los términos “internalista” y “externalista” no aparecen en el diccionario. En realidad los he tomado de un viejo debate entre Thomas S. Kuhn y sus oponentes sobre las causas de la evolución de la ciencia: mientras sus rivales pretendían explicar dicha evolución a través de causas intrínsecas a la propia actividad científica, Kuhn reivindicaba una visión más externalista de la historia de la ciencia. Supongo que el traductor recurrió a tales extranjerismos para no complicarse excesivamente la vida. Pero vamos a la cuestión que nos trae aquí.

Hace más de 20 años que dejé de militar –más bien me echaron– en la izquierda supuestamente revolucionaria, entre otras cosas porque el socialismo real tenía muy poco de utópico y mucho de fascista. Y si tuviera que elegir entre Chávez y Bachelet, por decir algo, me inclinaría por la segunda sin dudarlo un segundo. La utopía revolucionaria se la dejo a Jorge Vestrynge , porque a mí ya no me seduce. Por ello mismo, me extraña que interpretes mi primera intervención en esos términos. Simplemente he querido manifestar el hartazgo que me produce escuchar una y otra vez que podemos transformar la educación aprobando nuevas leyes o reformando las vigentes. En consecuencia, apuesto más por la aplicación de un conjunto de medidas
sociales y educaticas, que por una nueva reforma –que llevamos unas cuantas desde la aprobación de la LOGSE– que ocuparía parte importante del tiempo de los docentes en cuestiones formales y burocráticas que al final tienen una nula incidencia en el aula.

A continuación paso a enumerar toda una serie de reflexiones y medidas que me parecen mucho más importantes que estar discutiendo acerca del número de suspensos o la cantidad de contenidos conceptuales que debe aprender el alumnado. Espero y deseo, Jorge, que te permitan a ti y a los lectores entender mejor mi perspectiva.

• Creo que la atención temprana a las necesidades educativas de los alumnos es fundamental. Y que cada realidad social es distinta. Tal y como ocurre en Finlandia, las ratios alumnos/profesor deberían decidirse en los Consejos Escolares Municipales. Esto implica que cada municipio en función de su realidad social podría establecer dicha ratio dentro de uno márgenes razonables. Por ejemplo, me parece necesario reducir el número de alumnos por aula en los primeros cursos de la Educación Primaria, aun a costa de aumentar las ratios en los tramos postobligatorios. Como bien dicen los finlandeses, si detectamos las necesidades educativas pronto y tenemos recursos para atenderlas, da igual que más adelante las ratios sean elevadas. Si además existiera un profesor auxiliar de apoyo en el aula, pues mucho mejor.

• Ahora bien, lograr que los alumnos al finalizar la Primaria adquieran las capacidades necesarias para finalizar la enseñanza obligatoria con éxito, requiere de un esfuerzo inversor tremendo. Y la tendencia desde la última legislatura de Felipe González, es decir, cuando se generalizó la implantación de la LOGSE, y durante la etapa del gobierno popular ha sido la de alejarnos del 6% del PIB que se fijó hace ya algunos años en el Informe Delors.

• Ya no vivimos en casas terreras en las que una extensa red familiar podía hacerse cargo de la atención de los niños cuando los padres no podían. La familia ha cambiado mucho en las últimas décadas y la atención de los hijos por parte de los progenitores se ha vuelto más difícil. La distancia que nos separa de Finlandia o Noruega en cuanto a la conciliación de la vida laboral y familiar es abismal. Es necesario hacer un esfuerzo importante en ese sentido y, si no fuera suficiente, creo que una opción razonable sería convertir los centros educativos en centros comunitarios en el horario extraescolar, con el fin no sólo de ofrecer diferentes actividades, sino también suplir de la mejor manera posible la atención escolar que muchas familias no están en disposición de ofrecer a sus hijos, porque tienen que trabajar para pagar la hipoteca y llegar a duras penas a final de mes.

• Otra cuestión muy importante es el de la formación de los futuros enseñantes. Parece que con el nuevo espacio universitario europeo las cosas van a cambiar un poco. Pero creo que cualquier docente coincidirá conmigo en la inutilidad de los cursos de aptitud pedagógica y la necesidad de invertir y revalorizar la carrera de Magisterio. La formación en pedagogía y en didáctica de las diferentes materias ha sido en gran medida claramente deficiente. Asimismo un aspecto importante es la recuperación del prestigio social del enseñante.

• La educación en valores y la convivencia dentro de la aulas ha sido otro de los caballos de batalla para muchos de los defensores de esa visión internalista de la educación. En mi opinión, son necesarias materias como Educación para la Ciudadanía, pero a estas alturas de la película –he impartido clases de Ética durante mucho tiempo– estoy convencido de que los valores se adquieren no sólo a través del aprendizaje de conceptos, sino también a través de los hábitos y las emociones. En vez de estar reclamando disminuir en número de materias suspensas con las que se puede promocionar, yo abogaría por la realización de servicios a la comunidad –bien sea en el centro educativo o a nivel local– como condición necesaria para pasar de curso al menos en ciertos niveles. Creo que ésta sí que sería una medida que mejoraría la formación de los alumnos como ciudadanos de una sociedad democrática.

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