Viernes, 14 de Diciembre de 2007

Ninguna manifestación

Fernando Marcet Manrique

Más de uno me ha preguntado, en los últimos días, si yo tengo algo que ver con ese asunto en contra del monopolio que sufre Lanzarote respecto al mercado de la alimentación, que se celebrará mañana sábado delante del Cabildo viejo. En teoría es una pregunta sencilla. Sí tienes algo que ver o no tienes algo que ver, no hay más vueltas. Pero el caso es que las hay.

En primer lugar, sería bueno señalar que lo de mañana no es una manifestación. No lo es, porque si lo fuera, sería ilegal. No ha sido oficialmente convocada por ninguna persona física o jurídica en el plazo mínimo que exige la ley. Nadie se presentó en la Delegación del Gobierno y dijo: somos tales y cuales, queremos convocar una manifestación. La ley es bastante tajante al respecto:

LEY ORGÁNICA 9/1983, DE 15 DE JULIO, REGULADORA DEL DERECHO DE REUNIÓN (BOE núm. 170, de 18 de julio), EN SU REDACCIÓN DADA POR LA LEY ORGÁNICA 9/1999, DE 21 DE ABRIL (BOE núm. 96, de 22 de abril)

CAPÍTULO IV: DE LAS REUNIONES EN LUGARES DE TRÁNSITO PÚBLICO Y MANIFESTACIONES

Artículo octavo.

La celebración de reuniones en lugares de tránsito público y de manifestaciones deberán ser comunicadas por escrito a la autoridad gubernativa correspondiente por los organizadores o promotores de aquéllas, con una antelación de diez días naturales, como mínimo y treinta como máximo. Si se tratare de personas jurídicas la comunicación deberá hacerse por su representante.

Según la ley, cualquier aglomeración concertada de más de veinte personas es considerada una reunión, y las reuniones que sean celebradas en espacios públicos deben ser avisadas con antelación a las autoridades competentes para que estas tomen las medidas de seguridad oportunas.

¿Y qué pasa entonces con las espontáneas celebraciones de los aficionados de fútbol? ¿O con los botellones que se hacían en toda Canarias hasta que fue prohibido el consumo de alcohol en las calles? ¿No son reuniones? Pues no. No lo son. Tales fenómenos son considerados legalmente como “encuentros semifortuitos”. O sea, una serie de gente que, yendo en grupitos reducidos, se encuentra en un mismo espacio. Nada de reuniones.

Yo no sé si el sábado por la mañana, antes de las once, habrá algún partido de fútbol, pero quizás no sería mala idea que quienes piensen acudir a la calle León y Castillo lleven una bandera de cualquier equipo, o alguna camiseta, para así poder esgrimir una buena excusa en caso de emergencia. Les diría que llevaran cervezas o botellas de ron, pero como ya he dicho, beber en la calle está prohibido.

Por si no ha quedado claro, lo vuelvo a explicar, lo de mañana no es ninguna manifestación. Ni ninguna reunión. Será, como mucho, un encuentro casual de gente que pasaba por allí. Así que si a alguien le da por gritar eso que he escuchado de “por unos precios dignos” o “con la comida no se juega”, probablemente será porque ese alguien esté mirando algún escaparate y se refiera a los precios de dichos productos, o bien porque esté recriminando a su hijo de cuatro meses hacer pedorretas con la compota de verduras. Ninguna manifestación.

Eso sí, si me preguntan, les diría que motivos hay de sobra para montar una manifestación como es debido. Y si me preguntan si yo tengo algo que ver con lo de mañana tendría que reconocer que sí, pero sólo si ustedes me reconocen antes que lo de mañana no es ninguna manifestación. Yo lo único que hice fue sugerir a unos amigos, menos de veinte, actuar de una vez. Montar un pollo bueno con pancartas y todo lo demás… pero, que quede claro, legalmente. Ir a la Delegación de Gobierno, constituir alguna asociación de usuarios, yo que sé, algo serio. Luego, al parecer, la idea original fue circulando, a su aire, de un lado para otro. Y, de eso, lo siento mucho, pero nadie puede responsabilizarme.

Y después de este intento patético por salvar mi propio cuello en caso de que lo de mañana se salga de madre, me reitero en la necesidad de que hagamos algo para evitar los precios abusivos y la paupérrima calidad de nuestros supermercados. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me han salido un par de anuncios en la tele, de productos que se venden en ciertos supermercados de descuento duro que jamás veré en Lanzarote. ¿Qué les parece? Oigan, si nos prohíben los supermercados de descuento duro, al menos no nos dejen ver sus anuncios… Eso se llama sadismo, y uno va a empezar a creer que alguien disfruta con todo esto.

Por ahí he leído que si lo de mañana tiene algo que ver con la inminente apertura del Argana Centro. O si es un complot urdido por cierto partido para evitar que se hable de otras cosas (en qué penosas circunstancias he escuchado ese mismo argumento en los últimos años). Miren, si lo de mañana, que no es una manifestación, tiene que ver con algo, es con la espontaneidad. Yo, que creo ser el autor del mensaje original, estoy sinceramente cabreado con la situación del mercado de la alimentación en Lanzarote. Y si dicho mensaje se ha propagado como lo ha hecho es que algo está pasando en la isla. Algo realmente grave. Yo soy el primer sorprendido por el eco que alcanzó la noticia. Un follón así no se monta con manipulaciones o estrategias interesadas. El hartazgo de la gente es genuino, y las razones de ese hartazgo son reales, contundentes. No se manipula algo así. A veces una pequeña chispa puede provocar un gran incendio, pero sólo cuando hay acumulado suficiente material inflamable. El cabreo, no la manipulación, es lo que ha propagado el mensaje, y ese hartazgo hará que seguramente mucha gente se encuentre mañana a las once en la calle Real.

Una vez allí no creo que vaya a ocurrir gran cosa. Nadie llevará megáfonos. No se leerá ningún manifiesto. No habrá líderes carismáticos exaltando a las masas. Ni falta que hacen. En Lanzarote, los líderes, o quienes se las dan de tales, son los que acaban estropeándolo todo. La gente irá esperando que haya algo organizado, a ver si se reparten folletines o se alzan pancartas. Pero no sucederá nada de eso. No habrá gestos grandilocuentes ni enfrentamientos melodramáticos, pero los que allí estén se reconocerán y sabrán que están por el mismo motivo. Luego se irán a sus casas, o a tomar unas cañas por ahí tranquilamente, pero de algún modo satisfechos. Sabrán que son unos cuantos, y que están en disposición de ejercer presión. Eso será suficiente. Y la próxima vez, porque sin duda habrá una próxima vez, la próxima vez sí que habrá alguna manifestación.