Jueves, 29 de Noviembre de 2007

El proyecto de participación ciudadana del Cabildo y III. Política espectáculo

Luis Arencibia Verdú

Impulsar el debate en los medios de comunicación, llevar a cabo un trámite a tiempo o facilitar una información por Internet. ¿Qué tienen en común las anteriores responsabilidades del Cabido? Pues parece que poca cosa, excepto que están todas contempladas en el borrador del Reglamento de Participación Ciudadana. Se podría alegar, en efecto, que todo eso tiene que ver con la relación entre el ciudadano y la administración. Pero una rotura de menisco puede tener que ver con el fútbol y por ello no se detalla su tratamiento en las reglas de este deporte… Como cualquier reglamento planteado seriamente, el del deporte rey es pragmático y se queda para sí nada más que lo estrictamente necesario, y cuando hace eso con algo, lo desmenuza concienzudamente, planteando todas las posibilidades y sus consecuencias. Hay demasiado en juego para nadar con vaguedades.

Cuando en cambio algo se incluye en un reglamento de forma difusa o confiando en las buenas intenciones del implicado –como sucede constantemente en el borrador– , no sólo es que se dejen en el aire los modos correctos de actuar, sino que se está renunciando implícitamente a tal regulación en el futuro. A no ser que se esté en la tarea con la cabeza puesta ya en otro reglamento que aclare el actual, aun en fase de borrador, que también puede ser… Lo preocupante es que esto suceda en un tema tan pendiente de control y regulación como es la relación del Cabildo con los medios de comunicación. Según el borrador presentado –-que al asunto dedica cuatro líneas– la máxima corporación insular podría en el futuro volver a sobornar a cualquier medio a través de la inserción de publicidad institucional, por ejemplo, ya que al respecto no se hace mención alguna. Y por si ello no fuera suficiente, se dotará de una publicación propia en la que se recogerán “todas aquellas cuestiones relacionadas con la participación o la deliberación pública”. Dentro de lo cual cabe, por supuesto, cualquier cosa. Al menos cualquiera que los gobiernos venideros quieran publicitar.

Respecto a los plazos de respuesta en los diferentes trámites y la potenciación de la administración electrónica, es de recibo reconocer que en política es legítimo cierto grado de auto bombo, y por bien empleado estaría cierto envoltorio participativo si como resultado obtenemos mejoras prácticas y concretas. Pero a lo que se limita este borrador en el primer asunto es a contemplar en muchos casos lo que ya otras leyes recogían, sin necesidad de reglamento alguno. Respecto a la administración electrónica, las menciones son tan vagas que bien podrían concretarse en una cosa u otra, y en un plazo de dos meses o dos años. Parece ser que en estos asuntos, el envoltorio participativo no nos va a llevar demasiado lejos.

Y si a la hora de comprometerse con tareas concretas en plazos determinados se tiene manifiesta fobia, no sucede lo mismo cuando se trata de burocratizar la gestión y crear más puestos de trabajo públicos. En relación a ello, ¿cuántos ciudadanos conocen y recurren al Diputado del Común? Bueno, si son escasos no hay problema, porque ahora parece que existirá en el Cabildo la figura del Defensor del Ciudadano, para hacer lo mismo que el anterior, pero más cerca. No del ciudadano, que ya dispone de una oficina del Diputado del Común en la Isla, sino de los responsables a los que tendrá que fiscalizar. Y cuando se acercan las figuras del controlado y el controlador, todos sabemos lo que pasa.

Con todo lo expuesto en este y otros artículos no se me ocurre más que presentar una modesta enmienda a la totalidad al borrador de reglamento. Si es que éste fuera apropiado para algún lugar, éste no es con seguridad Lanzarote, ya que para cualquier pretensión de mejora se debiera partir de la realidad. Otro mundo probablemente será posible, pero para llegar a él no nos quedan más narices que tener que hacer el trayecto desde el que tenemos.

Con la participación a día de hoy pasa un poco como con el amor en el cristianismo, considerándose en ambos casos fuerzas tan poderosas para el cambio y la redención que no hay que preocuparse demasiado por los detalles: participa o ama sin importarte demasiado cómo o a quien. Pero claro, el mundo está lleno de pragmáticos dispuestos a aprovecharse de la ingenuidad de la gente.