Fernando Marcet Manrique
Más allá de planes generales y de esa lucha sin fin entre intereses políticos, empresariales y vaya usted a saber qué más, existe un Arrecife al que se podría sacar mucho jugo a poco que nos pusiéramos. No hace falta esperar a que un Fernando Senante nos dé el visto bueno, milloncejo de euros mediante; no tenemos por qué pegarnos cuatro años más escribiéndonos comentarios en los foros de Internet, echándonos en cara los viejos rencores de siempre.
El Plan General es importante para el futuro desarrollo de la ciudad, qué duda cabe, pero los ciudadanos no podemos quedarnos sentados esperando lo que haya de venir. Arrecife fue pasado, para algunos glorioso y para otros no tanto; Arrecife será futuro, a no ser que la subida del mar que prevé el calentamiento global diga otra cosa; pero, sobretodo, Arrecife es presente.
Vamos al trabajo, de compras, los niños al colegio, paseamos por la avenida del colesterol, las garzas se cagan en nosotros, nosotros en ellas… Arrecife se mueve, respira. Es una ciudad en la que ves más gente dentro de coches que fuera de ellos, y no es broma, pero ahí está, vivita y coleando.
Yo quería hablarles en este artículo de una cosa que tenemos aquí al ladito. Es algo tímida, pero se deja querer. A poco que le demos, nos lo devolverá multiplicado por diez. Se la presento formalmente: Mar, gente; gente, mar.
Es un elemento muy agradecido, el mar. No te pregunta por ideologías ni por procedencias, si lo quieres lo tomas y si no lo dejas, sin rencores. Nosotros, en Arrecife, la verdad es que tradicionalmente le hemos dado más bien la espalda. Tal vez aquello de que por ahí llegaran los piratas cada dos por tres a fastidiarnos la pavana tuviera algo que ver. Es posible que en el imaginario colectivo subyazca algún temor arcaico de este tipo, vaya usted a saber.
En los veinticinco años que llevo viviendo en esta ciudad, me habré bañado en la playa de El Reducto unas tres veces, cuatro a lo sumo. Y me consta que no soy una excepción. Hombre, también es de considerar que la salubridad del fondo marino de El Reducto siempre ha dejado bastante que desear. Eso me echaría abajo la teoría de los piratas. ¿O no? Porque, desde luego que a estas alturas de la vida, con la de dinero que ha entrado en nuestra isla vía turismo, todavía tengamos una ciudad de Arrecife como la que tenemos, debe ser cosa de piratas. Arcabuceros por lo menos.
Pero bueno, no nos pongamos criticones, que hoy pretendía ser propositivo. Respecto al pasado, pelillos a la mar. Y de mar hablábamos, ¿se imaginan la de cosas que podrían hacerse si en lugar de combatir con el líquido elemento colaborásemos con él? Deportes acuáticos, museos marinos, playas artificiales, paseos marítimos… Arrecife, todavía, alberga en su mar la potencialidad de ser una ciudad inspiradora para cualquiera que la visite y para quienes habitamos en ella.
Lo único que hace falta es un poquito de voluntad y no ponernos excesivamente pejigueras con aquello del “no me toquen el Arrecife de toda la vida”. El Arrecife de toda la vida no existe, y si existe, lamento decirlo, apesta. El conjunto arquitectónico de El Charco, motivo último de que toda esa zona no sea el centro emblemático que debería ser, es la muestra más clara de lo que ha venido sucediendo en Arrecife en los últimos tiempos. Miedo a tocar lo antiguo, un exceso de celo para con un supuesto patrimonio cultural, que en la práctica acaba siendo una excusa para que los propietarios dejen sus inmuebles caerse por sí solos. El eterno dilema entre tradición y progreso en Arrecife se quedó en un “ni pa ti ni pa mí” del que todos hemos salido perjudicados. Aquel pueblito marinero no va a volver ya, a ver si nos hacemos a la idea. Arrecife necesita ser esa ciudad moderna que albergue a las más de cien mil almas que pasan sus días en ella, ya sea trabajando o residiendo. El mar me parece el mejor de los comienzos.
LZ-III
10:39 | 30 Octubre 2007 | Permalink
¿Dónde vas, chaval? La identidad ni tocarla, de Arrecife moderno nada, se trata de conservar lo antiguo, por mugriento que sea. Y por aclamación popular, porque hoy los conservadores son mayoría a derecha e izquierda, así que, Fernando, deja de soñar. Arrecife seguirá otros cuatros años como siempre, paradito y ocupado en discusiones bizantinas. La del Plan General no deja de ser un ejemplo perfecto de la falta de ideas sobre la ciudad que caracteriza el panorama arrecifeño, el político y el social.