Martes, 30 de Octubre de 2007

Aburre la insistencia

Jorge Marsá

Ahora que la presidenta del Cabildo acaba de anunciar su nuevo plan de sostenibilidad, Plan de Desarrollo Lanzarote Sostenible, sería un buen momento o sería hora ya de que nos preguntáramos para qué ha servido toda la batería de planes e informes en torno a la sostenibilidad que hemos pagado los lanzaroteños en los últimos años. Un buen ejemplo de su utilidad es el que nos proporcionaba ayer Saúl García en La Provincia: “La Isla duplicará su producción de agua de abasto con la construcción de tres nuevas desaladoras públicas”.

Y es que sobre esta cuestión hemos sufragado ya varios informes y el último se le encargó, y no era el primero, a un técnico de los que de verdad era “de reconocido prestigio”, a Antonio Estevan. Hecho que nos recuerda el periodista en su crónica:

En el Informe sobre la Estructura de Costes de Inalsa que se encargó a Antonio Estevan en el año 2006 para Inalsa, no hay una sola recomendación para que la empresa aumente su producción de agua. Se insiste en actuar sobre la demanda, no sobre la oferta. [...] En el Plan estratégico de Inalsa 2006-2011 no hay una sola mención a la necesidad de ampliar la producción. Entre los nueve objetivos del Plan no aparecen nuevas plantas.

Por supuesto, el informe de Antonio Estevan fue presentado por todo lo alto por el Cabildo, como una muestra más de su publicitada apuesta por un modelo de desarrollo sostenible. Poco tiempo ha pasado para que desde la misma institución nos demuestren la función de este tipo de informes en nuestra Isla: en la mayoría de las ocasiones para engrosar esa ya nutrida biblioteca de literatura sostenible con la que se adornan nuestros políticos y que ningún efecto práctico provoca en la Isla (basta con acordarse de todos aquellos programas de la Estrategia Lanzarote en la Biosfera o de la multitud de informes del Programa Life). No obstante, en otras ocasiones, como en el caso que nos ocupa, sí que se hace algo con estos estudios: lo contrario de lo que proponen.

Si la cosa consistiera tan sólo en un inocente pasatiempo de los políticos, o resultara barata su campaña de promoción, no tendría mayor relevancia…, mayor que el acostumbrado engaño a la clientela, a la que se le vende un producto del que jamás podrá disfrutar. Pero el caso es que el pasatiempo o la promoción cuesta un dineral y que no es su dineral sino el de todos.

Se comprende la dificultad de muchos de los políticos de esta Isla a la hora de confeccionar un programa político serio y la consiguiente propuesta de gestión, pero quizá haya llegado el momento de exigir que los ofrezcan antes de presentarse al cargo y no después de haberlo obtenido y con cargo a los fondos públicos. Y con mayor razón cuando lo único que hacen después con ese programa es pasárselo por la entrepierna. Una vez tiene hasta gracia, pero ya aburre la insistencia.