Hace más de 10.000 años casi toda la Tierra estaba cubierta de bosques. En su mayor parte desforestados por el hombre para utilizar su madera o transformarlos en terrenos de cultivos. En Europa sólo queda el 2% de sus bosques originales y con una biodiversidad mucho menos rica.
Pero la demanda de madera y suelos para cultivo sigue creciendo, lo que hace peligrar los escasos bosques que quedan en el planeta: las pluvisilvas tropicales. Estas selvas lluviosas ocupan menos del 7% de la superficie de las tierras emergidas, pero contienen más del 50% (algunos científicos dicen que el 90%) de las especies animales y vegetales del mundo. Una hectárea de pluvisilva tropical puede contener más de 600 especies arbóreas. Además limpian la atmósfera captando el carbono. Un tercio del CO2 de la tierra está en los árboles de los bosques y en sus suelos. Sin embargo, pensando a corto plazo, talar los árboles es económicamente mucho más rentable que mantener el bosque virgen. Se calcula que, por ejemplo, la Amazonia pierde cada minuto la extensión de ocho campos de fútbol, a pesar de que el gobierno brasileño de Lula ha conseguido disminuir las talas.
Cuando cortas un árbol no sólo te llevas su madera para papel o muebles, también te llevas la sombra que evita que se reseque la tierra por los rayos del Sol. También te llevas sus raíces que ya no sujetan el suelo ni lo protegen de la erosión del viento y del agua. También te llevas los frutos y las hojas que caían y fertilizaban la tierra. También aumentas la aridez al llevarte la humedad que producía su transpiración (más de la mitad de la lluvia que cae en la Amazonia la producen sus propios árboles). Sin los árboles se pierde la biodiversidad que cobijaban. Los animales que vivían en ellos emigran o mueren y los que vivían de comérselos a ellos también… También te llevas el mejor captador de CO2 para combatir el efecto invernadero.
En las nuevas zonas de cultivo ganadas a la selva se usan abundantes fungicidas, herbicidas y pesticidas químicos que envenenan y esterilizan la tierra y a los animales.
El calentamiento global agudiza la deforestación por las prolongadas sequías, y las altas temperaturas que hacen que los incendios se propaguen con mayor facilidad. Lo vivimos hace un año en Galicia y lo hemos sufrido este verano en Canarias. La deforestación hace que aumente la erosión y que cada año el desierto crezca más deprisa. España, que es el país europeo más aquejado por la erosión, y Canarias, que tiene la mitad de su suelo erosionado, deberían tomarse el problema más en serio.
Si el Amazonas es el último pulmón verde del planeta tenemos una verdadera pulmonía. Para que la pulmonía no degenere en cáncer tendremos que pagar, impuestos, tasas o royalties, para que los bosques que quedan se cuiden, se exploten de manera sostenible y en el caso de los bosques sí, multiplicarlos.
Debemos seguir dos buenos consejos que vienen de África: El primero, de Níger, es: pensar a largo plazo.
Hace unos 20 años miramos a nuestro alrededor y vimos que los árboles habían desaparecido. Los fuertes vientos se estaban llevando la capa arable de la tierra. Las dunas amenazaban con tragarse las chozas. Los pozos se secaron.
Por eso, cuenta Danjimo, él y otros granjeros ya no eliminarían los retoños de los árboles de sus campos antes de plantar, como habían hecho durante generaciones: cultivarían arando alrededor de ellos. Ahora los agricultores cuidan y ganan dinero con los árboles, vendiendo las ramas, las vainas, los frutos y la corteza. Pensaron a largo plazo, vieron que esas ventas eran más lucrativas que talarlos para leña y la mancha verde de la regeneración forestal de Níger crece espectacularmente.
El segundo consejo vine de Kenia y es: plantar muchos, muchos, muchos… árboles.
Para remediar la deforestación sufrida por la Tierra en la última década haría falta plantar 14.000 millones de árboles al año durante los próximos 10 años y cubrir con ellos el equivalente a dos veces la superficie de España. El Programa de Medio Ambiente de la ONU (UNEP, en siglas inglesas) ha decidido empezar la tarea marcándose un objetivo más modesto, aunque también enorme: plantar al menos 1.000 millones de árboles en 2007. La impulsora de la iniciativa es la ecologista keniata Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz en 2004, cuya fundación ha plantado más de 30 millones de árboles en 12 países africanos durante las últimas tres décadas.
Pues la población lanzaroteña de antaño no parece que conociera esos consejos que vienen de África, porque la masa forestal de la isla (las tabaibas más que nada) la dejaron temblando. La desertización en Lanzarote fue el resultado principalmente de dos actividades: la búsqueda de leña y la ganadería. Pues va a ser que no siempre los antiguos tenían mucho más cuidado con su entorno que los modernos.
De todas maneras, más que la deforestación (que si es preocupante), lo que es más peligroso a corto plazo son los vertidos de petróleo al mar, que provocan la desaparición del fitoplacton, auténticos pulmones del planeta. Para más información buscar en google earth las siguientes coordenadas: 28.102512, -14.265835
GRACIIIAS ! SUPUESTAMENTE ESA ES NUESTRA OPINION PAR LA PROFE DE GEOGRAFIIIA . AJJA
besooos !