[Basta Ya, 14 de junio de 2007]
Soy de los que creen que, pese a las más que notables dificultades, merece la pena el intento que nos proponen desde Basta Ya: otear la posibilidad de un nuevo partido político en España. Y soy de los que suscriben la opinión de Arcadi Espada de que, en realidad, esta propuesta y Ciudadanos de Cataluña son, o deberían acabar siendo, “el mismo proyecto”. Desde esta perspectiva me animo a participar en la conversación, si bien me limitaré a comentar tan sólo el concepto que se recoge en el punto 5 de las “líneas maestras del proyecto”: “Asumir medidas de regeneración democrática”. De hecho, me limitaré a dar muestra de lo poco que me complace la idea.
Las referencias a la regeneración política se han convertido ya en un lugar común que apenas nada aclara: hasta los más rancios populistas hacen gala de su afán regeneracionista. Es cierto, por supuesto, que el hecho de que un concepto político se utilice en muchos casos de forma torticera no nos obliga a renunciar a él. Sin embargo, no es lo generalizado de su uso lo que hace que la idea me resulte antipática. Es la muestra de superioridad moral, frente a lo “realmente existente”, que creo percibir en su utilización, lo que me lleva a cuestionarla.
Me ocurrió algo similar con el nombre elegido en Cataluña: Ciudadanos. Ciudadanos somos todos. Y, por lo tanto, tan ciudadanos los unos como los otros. En mi opinión, no puede existir un “partido de la ciudadanía”: los partidos no son enteros precisamente porque ninguno puede representar al conjunto de una ciudadanía plural. A no ser que se piense, como a veces se ha pensado y se ha escrito, que ese partido tiene un objetivo que es común a todos, o de “interés general”: regenerar el espacio público.
La regeneración –que se plantea en ambas versiones de lo que me gustaría considerar “el mismo proyecto”– se defiende en ocasiones como el mecanismo imprescindible para impulsar la participación de los ciudadanos en la esfera política. Si fuera el caso, convendría no olvidar la vieja idea que Spinoza esgrimía contra los aficionados a construir utopías políticas: los ciudadanos son como son, y no como nos gustaría que fueran. En primer lugar, porque los ciudadanos no están ahí, engañados por los políticos pendientes de regeneración, a la espera de que les ofrezcamos un proyecto limpio de contaminación. Ni mucho menos. Y en segundo lugar, porque a la mayoría de ellos les importa una higa lo que hagan los políticos en general, con mayor razón el intento de unos pocos por alumbrar un nuevo partido. Nos dirigimos a un sector claramente minoritario de esa ciudadanía, y conviene tenerlo presente.
Así que no me parece un buen comienzo el que parte de una descalificación tan rotunda del ámbito político y que tan por encima de él se sitúa, porque cómo entender si no que ese espacio requiera de nuestra llegada para, como define el diccionario, “dar nuevo ser a algo que degeneró” (por otra parte, ¿qué es lo que degeneró?, ¿perdimos algo en el pasado que merezca revivirse en la actualidad?). Me parece a mí que, si de laicos vamos, lo menos que podemos hacer es resistirnos a confirmar la sentencia del Eclesiastés: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Y, en consecuencia, renunciemos a la utopía regeneradora y convirtámonos, como con acierto recomendaba Karl Popper, en “ingenieros sociales”. Propongamos nuestras pequeñas soluciones para mejorar lo que nos parece que mal funciona en la realidad política existente, pero abstengámonos de desacreditarla de manera tan tajante como para exigir su regeneración.
Y además, seamos conscientes de que esas pequeñas propuestas distan de tener garantizado el éxito: porque con “listas abiertas” se construyó la Tangentopoli en Italia –y esas listas fueron uno de sus ingredientes–, porque con “limitación de mandatos” se alimenta la corrupción estadounidense, porque la “tutela judicial de los derechos de afiliados” puede servir lo mismo para un roto que para un descosido, y porque el “etcétera” final vaya usted a saber a dónde nos lleva.
Por supuesto que me parece pertinente que quienes proponen un nuevo proyecto político se planteen la conveniencia de buscar remedios a lo que consideren disfuncionalidades del sistema político. ¡Bueno estaría renunciar a la tarea! Tan sólo me limito a sugerir que se acometa con la conveniente modestia, sin levantar en exceso la voz, y sin dar innecesarias lecciones a tantos que empezaron con la misma pretensión y que acabaron como acabaron.
En fin, que quizá fuera mejor comenzar por amueblar bien el piso propio, antes de decidir que resulta imprescindible rehabilitar el edificio. Y a lo mejor de ese modo podríamos aportar la nada despreciable novedad que supondría prescindir de la dosis de indignación y tragedia con las que siempre se aderezan en este país los proyectos políticos.
Estoy de acuerdo en que eso de la regeneración suena un poco adanista. Y además tienes razón en que no parece que haya una situación anterior más perfecta que haya degenerado. Pero cualquier término que se use va a ser igualmente desgastado por su uso por todo tipo de gente para todo tipo de causas. En cualquier caso, yo no haría cuestión de gabinete mantener la expresión “regeneración democrática”. Una posible alternativa sería “radicalización democrática”, pero lo de la radicalización tiene connotaciones negativas.
No estoy tan de acuerdo con lo del nombre del partido Ciudadanos. Es cierto que ciudadanos son todos, pero también pueblo son todos, y hay un partido que se llama Partido Popular (¿son los demás antipopulares?). Tampoco son todos los obreros del PSOE, ni los no socialistas están fuera de la sociedad. Es una cuestión de énfasis. Ciudadanos insiste en defender los derechos de los ciudadanos en cuanto tales, frente a partidos que sacrifican con demasiada alegría estos derechos o intereses a supuestos derechos o intereses colectivos. Y eso justifica el nombre a mi juicio.
Volviendo a la regeneración, aunque no haya un modelo anterior más perfecto, sí es cierto que nuestra democracia tiene agujeros y que esos déficits democraticos, en lugar de corregirse, han ido agravándose, como sucede con todos los problemas que no se trata de curar. Un ejemplo claro para mí es la no independencia del poder judicial. El CGPJ cada vez funciona más y es percibido más como una tercera cámara. No es que los anteriores fueran muy independientes que digamos, pero el actual fiscal general del Estado está batiendo todas las marcas. El poder de las cúpulas de las burocracias de los partidos va a más, aunque a veces sus manejos les salgan mal, como al apararato socialista que puso a Tamayo y Sáez en las listas a la Asamblea de Madrid. En el Parlamento se parlamenta de cara a la galería, pero no se delibera. Funciona más como un consejo de administración. Si se suprimieran los plenos y decidieran los portavoces de los grupos con voto ponderado según el número de escaños de cada uno no habría ninguna diferencia. Si hay mayorías absolutas pasa lo que pasa. Tenemos dos malas experiencias (al menos esa es mi opinión) tanto con el PSOE como con el PP. Pero cuando no hay mayorías absolutas sucede que partidos de ámbito autonómico imponen su ley de una manera desproporcionada a su peso electoral creando todo tipo de tensiones territoriales (¿o alguien cree que lo que le ha pasado a la izquierda en Madrid es sólo culpa de los candidatos y no tiene nada que ver la política nacional?).
Por último, totalmente de acuerdo en que los ciudadanos no están ahí esperando que surja un partido que regenere la democracia. Pero creo que sí hay una minoría de ciudadanos que se siente ideológicamente huérfana. No les gustan (entre otras cosas) la política territorial y antiterrorista del PSOE y PP es para ellos demasiado conservador e incluso en algunas cuestiones claramente reaccionario. Y ahí puede haber espacio para un nuevo partido.
Pero eso el tiempo lo dirá. Soy de los que piensa, como tú, que, una vez que está en marcha, merece la pena intentarlo. Estoy afiliado a Ciudadanos y estoy de acuerdo contigo y con Arcadi Espada en lo de la convergencia. Bueno, estoy de acuerdo contigo en más cosas, pero me he limitado a hablar de las discrepancias, aunque en general son más bien de matiz. A mí tampoco me gustan los planteamientos mesiánicos.
Amigo Marsá,
Entiendo sus preocupaciones, pero esa declaración de principios:
1) debe mirarse con mayor amplitud de miras y 2)tengo entendido que la plataforma abre un periodo de debate y reflexión en el que se estudiaran las definiciones y deberá dejarse claro lo que significa cada declaración en profundidad.
Difiero con usted de que la limitación de mandato trae corrupción. Las personas corruptas son las responsables y lo son haya limitación o no. En concreto en España sólo ha habido un caso significativo de autolimitación, que nos guste o no, fue protagonizado por el Sr. Aznar. Sin embargo, la corrupción es evidente y afecta a muchos niveles de la sociedad y a miles de responsables políticos.
La tangentopolis tengo entendido que fue un ejercicio para consensuar un gobierno en un país en el que gobernar raya lo imposible. Es la voluntad de las personas la que logra acuerdos y desacuerdos. Por mucho que ZP ofrezca diálogo a Rajoy, en el ambiente flota la sensación de encerrona y engaño para segarle el jardín al PP. No hay fiabilidad y confianza, se ponga como se ponga la vicepresidenta F. de la V.
Y así el resto de los enunciados. Soy de la opinión de que la Sociedad Civil está pidiendo algo nuevo y fresco y, por tanto, pienso que sí, que los ciudadanos están esperando algo nuevo, limpio y desintoxicado de los vicios que venimos sufriendo.
Mal que nos pese, vivimos en un país en el que cada vez más se nos coarta la libertad de expresión y de prensa -vivimos un CAC y un monopolio mediático alineado con una ideología en particular-, sufrimos prejubilaciones empresariales que son auténticos despidos encubiertos, la Ley de Dependencia y el Copago son engañosas e insuficientes en muchas autonomías y ni qué decir de los porcentajes que quieren aplicar en media y no en máximo. Ahora juegan con el fondo de pensiones en el mercado especulativo sin ningún tipo de garantías. Los políticos viven rodeados de escoltas…
¿Es ese el futuro que usted desea? Estoy seguro que no. Quiero entender su artículo como un temor que deseaba expresar, como una advertencia -entendida en el buen sentido, por supuesto- y me gustaría tranquilizarle diciéndole que existimos personas, entre las que le incluyo a usted, que queremos algo mejor por encima de las ideologías o los intereses partidistas del momento. Que se produzca una verdadera política de Estado en que los intereses comunes se mantengan sin que a la llegada de cada nuevo ideologo político tengamos que comenzar de cero porque no le gustan tal o mas cual reforma.
Nos jugamos mucho. Un país, por ejemplo, no puede llevar doce años mínimo con una Ley de Educación que sólo produce ignorantes ilustrados. Con una Ley Electoral que da el gobierno a la bisagra minoritaria y se aleja de los verdaderos deseos de los electores, sin un Plan Hidrológico que produce alarma cada vez que nos tiramos tres meses sin lluvias o desazón por los destrozos que causan las lluvias así como el despilfarro de agua que se quedó sin embalsar. ¡Esto es un disloque!, y así no podemos seguir.
Espero compartir con usted inquietudes en el próximo foro y juntos llegar a soluciones tendentes a una mejor concordia ciudadana y al progreso de la Sociedad Civil española.
Un fuerte abrazo.
Marsá escribe contra la participación ciudadana y ahora contra la regeneración política y será proque prefiere que todo siga igual que es lo que hacen los conservadores reaccionarios.
Basicamente creo que Jorge tiene razón, la vanidad, casi sin darnos cuenta, se apodera de nuestras ideas y hace que pierdan valor. Este está siendo uno de los primeros problemas con que Ciudadanos ha tropezado, por su origen debería tener un comportamiento más modesto y menos dogmático, favoreciendo la discusión de idedas dentro y fuera del partido. Por otro lado resulta verdaderamente dificil hacer llegar un mensaje, una idea, a la mayoría de ciudadanos, sin ser claros y rotundos. El lenguaje nos juega malas pasadas, la “materialización” de las ideas es complicada, creo que la mayoría entendemos lo que se quiere decir con “regeneración”, pero es también cierto que admite una interpretación de estar por encima del bien y del mal.
Respecto a la posible convergencia de la iniciativa de Basta Ya con Ciudadanos, el sentido común obligaría a ella, personalmente, me temo que, precisamente, por vanidad, a la cupula actual de Ciudadanos,le va a costar mucho hacerse a un lado y dejar que tras un primer periodo de postparto, la criatura comience a andar por si sóla, favoreciendo su integración en una iniciativa de caracter nacional. Por cierto, sería ridículo, como he oido, que Ciutadans, se quedase como la marca de este proyecto de Basta Ya en Cataluña, estaríamos cayendo en los mismos errores que los nacionalistas, federalismo sí, pero discriminaciones “positivas” no, siempre resultan contraproducentes e injustas.
Mientras maduro el artículo que escribiré para mañana, en respuesta a este, no puedo evitar caer en la tentación de apuntar un par de cuestiones.
Lo que me parece más evidente es que Jorge Marsá tiene razón respecto al inadecuado uso de la palabra “regeneración”. Si echamos un vistazo al manifiesto cívico por la regeneración de la democracia me parece que ni uno sólo de los doce puntos señalados existió jamás en la democracia española. Particularmente, considero que el término que mejor se adecúa al caso es el de “evolución”. Pues justamente de eso se trata, de impulsar, de profundizar, de avanzar, en fin, de evolucionar, nuestra actual democracia. No de regenerarla.
Ahora, si abogar por este tipo de cuestiones implica caer en una suerte de superioridad moral, o en una utopía que considera a los seres humanos como nos gustaría que fuesen en lugar de como realmente son, personalmente debo considerarme culpable. Y probablemente todos los que nos hayamos inscrito en la plataforma pro, entre quienes me incluyo.
Si algo no te gusta de la sociedad en la que cohabitas y pretendes cambiarlo, con el apoyo de otros muchos, no tienes más remedio que tener una imagen clara de lo que te gustaría que hubiera en su lugar. O a lo mejor no, a lo mejor sólo tienes claro que las cosas tal como están no te gustan…, ¿es eso ser un redomado utópico? ¿Significa ello que estás pretendiendo que las personas sean como te gustaría que fueran en lugar de como son? Tal vez, pero es que lo contrario equivale al conformismo crónico, la quietud por bandera, y la verdad es que, al menos yo, prefiero lo otro.
No digo que no sea algo muy digno de tener en cuenta lo que comenta Jorge, sin embargo creo que la vanidad es un riesgo que está siempre presente, inevitable hasta cierto punto, cuando uno pretende cambiar aspectos de la realidad con las que no está conforme. Los primeros demócratas eran unos vanidosos, las mujeres que lucharon por la igualdad de derechos también lo eran…, sin duda. Benditos vanidosos, no obstante. Vanidosos, inconformistas, rebeldes, utópicos…, probablemente eran todo eso, pero gracias a ellos hoy en día podemos permitirnos algún que otro lujo.
De acuerdo con Fernando y no tanto con Marsa. Mira Marsa tu problema es de muchos seudointelectuales en este puto pais; que viven o pretender vivir en una especie de burbuja al margen y como rodeados de un halo de perfeccionismo por el que juzgan imposible cualquier proyecto politico de izquierda o progresista; semejante nivel de exigencia o test de pureza cada vez que surge una iniciativa politica es la facil actitud de aquellos que en el fondo -para hablar claro- no quieren comprometerse con nada o intentarlo siquiera y prefieren el confortable rincon del escritorio para refugiarse de forma egoista en la mera actividad literaria -aunque su contenido no abandone nunca la politica. Nos sobran lumbrera en este pais, y ahora mas con Internet!, nos faltan lideres e intelectuales que se comprometan con sus ideas y que pongan en practica lo que teorizan. O a lo mejor, como bien dice Dolores, creo que a esos lumbreras les conviene que todo siga igual!. Y en lugar de arrimar el hombro y aportar algo, mejor seguir mareando la perdiz con el significado de las palabras, con que si “ciudadanos” es exagerado o “regeneracion” es pedanteria!. Si creo que hay algo de rotundo en Basta Ya, hablando de palabras, es precisamente la idea la accion politica, la necesidad de hacer algo, de participar y comprometerse, y no de quedarse en casa confortablemente, aprovechando los ratitos libres que nos permite el curro para redactar mensajes sublimes. Nos sobran esos mensajes querido Marsa, nos falta el compromiso activo y mas participacion.
digo yo que marsá le saca punta a cualquier lápiz que le pongan delante y que algunos se lo toman fatal.
Yo también soy militante –además de afiliada- de C’s y por coherencia con mis ideas y valores –no porque lo diga Arcadi Espada- doy soporte a la Plataforma PRO. Como coincido con usted, con las matizaciones introducidas por Manolo H, pues no me entretengo en comentarlas.
Prefiero centrarme en su última frase: “prescindir de la dosis de indignación y tragedia con las que siempre se aderezan en este país los proyectos políticos.”
Efectivamente, mal vamos si un nuevo proyecto político se construye basándose en indignación y tragedia. Ahora bien, creo que estas emociones –inevitables porque somos humanos- son buenas si se canalizan en acciones positivas.
Para que así sea, las emociones, deben dejar paso al sentido común, a la coherencia y la pragmática. Por consiguiente, todo lo dicho no serviría de nada si las propuestas de regeneración o radicalización, me da igual el término, no atienden a estos dos elementos para mí fundamentales:
1º- A una demanda objetiva de gran parte de la ciudadanía. De ser así, [el ciudadano] hará suyas las propuestas encaminadas a la regeneración.
2º- A la capacidad [del nuevo proyecto] de concienciar al ciudadano para que ejerza su ciudadanía.
Para ello es imprescindible bajar al ruedo. Salir a la calle y tomarle el pulso. Dar la cara y hablar con el ciudadano. En los meetines sólo están los convencidos. Muchos son los motivos de la abstención pero lo que está claro es que en Barcelona no fue tan alta en los barrios de rentas medio-altas y sí mucha en los barrios de rentas medio-bajas y castellanohablantes (ídem para los municipios de la área metropolitana). La abstención ha hablado claro y alto.
Yo también estOY por la convergencia con C’s y si no llega yo sé qué hacer.
Sé que estoy entre gente honesta [Plataforma PRO], gente curtida en la lucha, gente con una larga experiencia en el movimiento cívico (C’s carece de ella salvo algunas excepciones); gente que piensa, analiza; gente con sentido común; gente con ilusión; gente con ganas de hacer algo; gente con sus defectos y temores pero ante todo buena gente. Estos elementos son importantes para mí ya que le dan credibilidad al proyecto. Por eso y más, lo apoyo.
Un nuevo partido necesita una justificación…de lo contrario no seria necesario.
“Ciudadanos” creo que es un buen nombre…y no porque no lo seamos todos sino porque el nacionalismo (el gran enemigo de este nuevo partido) elimina la condición de ciudadano para imponer la de patriota. Creo que esa es la clave del nuevo partido.
Regenerar la democracia puede entenderse primero como un intento de desbloquear el gobierno del estado, preso de los partidos nacionalistas periféricos y su insaciabilidad, despues con las listas abiertas…
Tratar de garantizar la independencia del poder judicial… es tarea nada desdeñable…
Efectiva y desafortunadamente, el nuevo partido será minoritario…pero no hay que perder la esperanza de que vaya creciendo…aunque no haya nacido todavia.
[...] ser esta una respuesta al artículo publicado por Jorge Marsá en La Opinión de Lanzarote y en Basta Ya ayer Jueves 14 de Junio. Pero [...]