Jorge Marsá
Como en cualquier sobremesa animada, la discusión saltaba de un tema a otro el pasado sábado. Y como es habitual entre quienes hacemos La Opinión, la crisis ecológica terminó por salir a la palestra. Y Fernando Marcet vino a decir –cito de memoria–: “La cuestión ecológica tendrá arreglo cuando sea negocio”. Me acordé de ello el domingo, mientras leía el suplemento Negocios del diario El País, en el que encontré tres páginas completas sobre el asunto.
La primera se refería a la salida a bolsa de una parte de la división de energías renovables de Iberdrola. El éxito de Iberenova la ha convertido, según el periódico, en “líder mundial en energía eólica” y “puede situarse entre las diez primeras sociedades del Ibex 35 por capitalización”.
La segunda página se resumía bien en la entradilla: “La apuesta por las energías renovables que se está imponiendo en Europa ha convertido las placas solares en un negocio jugoso. Juan Obiol lo pensó así hace cosa de un año y decidió desprenderse de su parte de la promotora inmobiliaria Akasvayu para lanzarse a la aventura de las llamadas huertas solares, grandes plataformas de energía solar que se instalan en terrenos rústicos”.
Y la tercera página se dedicaba a una empresa que “es una referencia en el mercado de las tecnologías de información y no sólo ni principalmente en España”. Y así comenzaba el periodista: “Telvent quiere hacer del cambio climático la misma esencia de su negocio”.
Como se ve, ya hay negocio verde. Y no es poco. Aunque no le falta razón a Marcet: necesitamos que lo sea más. Pero el de la energía, como casi todos, es un mercado regulado, así que en el papel del regulador, del Estado, radica la clave para que crezca el negocio y se invierta más en energías renovables. Si aún no es todo el negocio que necesitamos que sea es porque ha faltado la voluntad política, porque todavía en este país dedicamos más fondos, muchos más, a potenciar la peligrosa energía nuclear o al muy contaminante carbón que a las energías renovables.
Si el grupo socialista en el Congreso hubiera apoyado la semana pasada que los impuestos sobre los automóviles estuvieran en función de sus emisiones contaminantes, aumentarían las expectativas de negocio para los modelos menos contaminantes y disminuirían para los que más perjudican al medio ambiente. Si el Ministerio de Industria no hubiera rebajado las primas a la producción de energía eólica para los próximos años, las inversiones se incrementarían a mayor ritmo. Si en España, como se ha hecho en Australia y se anuncia en Canadá, se prohibieran las bombillas incandescentes, se estaría colaborando a elevar los beneficios de invertir en la fabricación de bombillas de bajo consumo.
Lo mismo ocurre a otros niveles. Si el Gobierno de Canarias no hubiera aprobado un concurso eólico que restringe las expectativas de este tipo de energía para los próximos años, el negocio eólico en el Archipiélago se extendería con mucha más rapidez. Si la Administración no tardara un año o más en contestar a las solicitudes de los ciudadanos que se plantean su pequeño negocio por medio de placas solares fotovoltaicas en sus viviendas, estas inversiones se incrementarían. Si el Cabildo de Lanzarote hubiera mostrado voluntad de abordar la transformación de nuestro modelo energético, sería posible plantearse en la Isla el negocio de los huertos solares en terreno rústico. Si los ayuntamientos obligaran a que la energía consumida por el nuevo alumbrado público no provocara contaminación de efecto invernadero, la venta de este tipo de farolas crecería a la par que disminuiría el negocio con las más contaminantes.
En fin, que tiene razón el amigo Fernando, que resulta imprescindible que lo “verde” sea más negocio, pero sólo lo será si existe la voluntad política de que así sea. Y por el momento, los políticos de este país, de este Archipiélago y de esta Isla están demostrando que andan tan sobrados de palabras como escasos de determinación para abordar la cuestión. Esperemos que algunas soluciones les vengan impuestas desde Europa. Cuanto antes, mejor para todos.
LZ-III
10:20 | 5 Junio 2007 | Permalink
Vale que sea negocio, pero en Lanzarote tendría que ser menos negocio que construir apartamentos, y parece difícil que vaya a ser tanto negocio.
Ricardo
12:29 | 5 Junio 2007 | Permalink
Que lo verde es, ya, un negocio, es una afirmación que no se puede rebatir. Además del ejemplo citado, la publicación mensual del suplemento sobre el Planeta de El País es una prueba, quizás insignificante pero también sintomática. Hasta Sarkozy lo ha afirmado con rotundidad y pretende que Francia lidere este sector económico en Europa. Lo que todavía no se sabe es cómo y entre quiénes se va a repartir el negocio. De momento, la reducción en las primas a la producción de energía eólica apunta en una mala dirección.
Antonio Suárez
12:37 | 5 Junio 2007 | Permalink
El cambio del clima lo ha sido por las grandes empresas capitalistas, lo que parece mentira es que alguien pienese que el negocio capitalista cambiará lo que ellos mismos estropearon.
capi blas
12:39 | 5 Junio 2007 | Permalink
ah… ¿es que existían empresas no capitalistas? Supongo que te refieres a Cuba…
La Opinión de Lanzarote :: “La cuestión ecológica tendrá arreglo cuando sea negocio”
9:18 | 13 Junio 2008 | Permalink
[...] ¿todavía no es negocio en Lanzarote con la cantidad de sol y viento que [...]