Isabel Gil
Ese niño de tres años es el amo y señor. Hasta esa edad puede parecer normal. Se encuentra en el estadio de crecimiento más egocéntrico de todos y cualquier sicólogo evolutivo ve hasta lógico que todo gire alrededor de sí mismo (del niño, aunque en algunos casos también del sicólogo). Ahora bien, que tropecemos con críos de seis, ocho o diez años ejerciendo de amos y señores… también resulta normal en estos días y, si me apuran, hasta lógico.
Viven en un mundo sin reglas. Uy, perdón, sí que tienen una: Ellos mandan. Imponen hábitos, horarios, normas hasta hacerlas costumbres, ordenan a los mayores y se entrometen en todo. Poseen tanto poder como cualquier gobernante y, encima, no resulta cuestionado por la sociedad civil ni los medios de comunicación. Un chollo el del niño. Amo y señor, emperador de la familia, dueño del mando a distancia, creador de su dieta alimenticia y poseedor de los instrumentos que lo rodean. Todo es suyo como y cuando quiere. Para sí apenas existen normas o límites.
No hay tiempo ni fuerzas para servir de guía, tipo supernany, ni de imponer, sí, imponer, conductas, normas, castigos y estímulos. El turno partido, las influencias de la tele y los amigos del cole, las permisividades de los abuelos…, todo es un lío para mí. Con más razón, me digo, para escapar de ese absurdo buenismo que caracteriza la educación de mis hijos. Un dejar hacer peligroso que puede traer drásticas consecuencias: la principal, impedir la autonomía del niño para que éste sea independiente y se valga por sí mismo para la vida.
¿Y si al final tiene la culpa la LOGSE? En ocasiones me he escudado en el desastre educativo de este país nuestro. Un calco, en suma, de ese buenismo que, planteado como un fin en sí mismo, constituye uno de los aspectos más peligrosos del propio sistema educativo. Y así están los maestros y profesores. Desarmados y desquiciados.
Es un niño o un adolescente. Con los años cambiará. Error. Tal y como se entrenan para la vida, la jugarán en el futuro. Sin reglas y sin responsabilidades. Yo y mi mundo, yo y mi visión, yo a mi bola. Yo, yo, yo.
No hay que ser un sargento o un militar con tu hijo. Ya lo sé. Y lo comparto. Tan ineficaz se torna el buenismo como el autoritarismo practicado, también, como un fin en sí mismo. Se trata simplemente de que reconozcan la autoridad o autoridades, las normas y el camino claramente delimitado y destinado a que ahuequen el ala. Esto es, a que vivan consigo y con los demás, no a convivir como un energúmeno incapacitado para mirar más allá de su ombligo y sus lamentos.
TAYRI
17:56 | 29 Abril 2007 | Permalink
El trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad es el trastorno neuroconductal más frecuente en los niños. Se estima que alrededor del 3 al 6% de éstos padecen este trastorno.
El TDAH se caractariza por unos síntomas básicos de falta de atención, impulsividad y una excesiva actividad motora, lo que frecuentemente provoca un pobre rendimiento escolar y dificultades en la adaptación social, tanto dentro como fuera del hogar.
Los estudios en niños con TDAH en su paso a la adolescencia y primera edad adulta, indican que el TDAH se mantiene con frecuencia y se asocia con alteraciones psicopatológicas importantes, fracaso escolar y laboral, dificultades entre compañeron y problemas emocionales.
Este texto está sacado de un folleto de la Asociación de niños con TDAH.
Hace unos días realizaron un curso dirigido a profesionales y estudiantes de los campos de la salud, educación, psicología, trabajo social y también a padres, madres y familiares con personas con TDAH.
Me pregunto si Isabel Gil conoce todo esto. A veces hay que informarse.
Isabel Gil
21:00 | 29 Abril 2007 | Permalink
Tayri, agradezco la información sobre niños con déficit de atención e hiperactividad. En mi texto me refería a los niños y adolescentes en general, no a ese segmento de población que mantiene el cuadro que usted ha reflejado. Usted misma ha situado entre un 3 y 6% ese tipo de casos que si bien son muy importantes yo me refería al resto de chiquillos.
Está claro que en situaciones como las que usted ha escrito se debe escribir con propiedad e información.
Javier Díaz Reixa
21:18 | 29 Abril 2007 | Permalink
Me ha parecido espléndido el texto de Isabel Gil, creo que refleja muy adecuadamente lo que está pasando. Añado que la matización de Tayri únicamente demuestra que, en algunos casos excepcionales, pueden existir otro tipo de problemas; pero aparte del TDHA, hay otros síndromes como el felizmente denominado “del emperador”, que en buena medida derivan del buenismo al que se refiere Isabel Gil. Y es que hay gente que todavía no se ha enterado de que autoridad, disciplina y sentido de la responsabilidad son valores esencial y profundamente democráticos; queriendo ser más progres y comprensivos que nadie, estamos creando seres antisociales, que no conocen ni admiten ningún tipo de regla, límite o condicionamiento. Mal asunto ese para la democracia
Natalia Jiménez
21:40 | 29 Abril 2007 | Permalink
Estoy de acuerdo en que hace falta recuperar la autoridad y la disciplina, tanto en los hogres como en la escuela. Sólo así podremos hacer ver a los niños y adolescentes que las cosas importantes requieren esfuerzo. Y que ese esfuerzo merece la pena.
miquelpaez
11:34 | 30 Abril 2007 | Permalink
Fundamentalmete lo que está ocurriendo es que en la mayoría de los casos se ha dejado de poner límites. Todo vale, como la criatura llore ya le estamos dando lo que quiere porque sino le traumatizamos para toda la vida.
No creo que sea culpa del sistema educativo, ni de los padres, es responsabilidad un poco de todo lo que estamos viviendo. Vivimos al día y en una sociedad “de placeres” por lo tanto ¿Cómo no le vamos a dar a nuestros hijos lo que quieren si nosotros no lo hemos tenido? Ya los regalos no se hacen para Reyes o en los cumpleaños, se hacen regalos en cualquier momento y sin ton ni son, el niño el único esfuerzo que tiene que hacer es pedir, es dificil que así aprenda lo que significa esfuerzo.
Creo que la mejor herencia que le puede dar una madre o un padre a un hijo es capacitarlo para la vida, más allá de cuestiones morales, si un niño sabe defenderse, cuidarse y cuidar de los demás seguro va a tener suerte en la vida.
Fernando Marcet Manrique
21:58 | 30 Abril 2007 | Permalink
El artículo me ha parecido muy interesante y estoy bastante de acuerdo con las cosas que dice. Yo mismo planteé mi particular visión sobre este asunto hace un tiempo desde una perspectiva generacional. Lo pongo aquí para evitarme tener que repetir las mismas cosas.