Jueves, 26 de Abril de 2007

Loa a nuestros inauguradores

Roberto Allende

Ayer se inauguró el nuevo pabellón de Argana por todo lo alto. Eso sí, por un buen pico de más. El que supuso contratar a dos equipos ACB para que jugaran una pachanga. ¿Recuerdan la que se armó por la famosa bandera de Soria? Pues no crean que las cifras de esta inauguración estarán muy lejos. Porque hasta voladores hubo, que los escuché desde mi casa (vivo en Argana).

Pongan que de los 100.000 euros no bajó (la bandera costó cerca de 300.000) lo que se gastaron nuestros inauguradores oficiales, porque para mí tienen mucho más de inauguradores que de políticos. Se mire como se mire, un pastón a cambio de un día de tracas y tíos de dos metros metiendo canastas.

A no mucha distancia, más o menos a la altura de donde vivo yo, una tubería volvió a reventarse por algún sitio y el pestazo a cloaca era insoportable. Mi hija sin poder salir a la calle porque no hay un parque al que pueda llevarla (hay uno de arena negra que es de lo más antihigiénico, sin una brizna de césped o siquiera una palmerita que llevarse a la vista). Los niñatos con sus coches tuneados pasando a toda leche, o parándose en medio de la calle con la música a todo meter y sin que se vea un policía local ni por asomo. Los vecinos que nos oímos orinar los unos a los otros, porque el Ayuntamiento no exigió a los constructores cumplir los mínimos requisitos contemplados por la ley.

Y ahora habrá que ver quienes podrán usar ese superpabellón que nos han plantado. A ver si yo voy a poder echarme los baskets allí o tendré que seguir yendo a Yaiza o más lejos. Porque es de suponer que esa cancha ya esté reservada para todos los equipos juveniles, infantiles y amateur que hay en la isla. ¿Tanto costaba poner un par de buenos parques con diez o veinte canastas para que nadie se pudiera quedar sin jugar? No. Había que hacer un mamotreto susceptible de ser inaugurado a lo grande. Y mientras tanto, la casa sin barrer. Las cosas que se habrían podido hacer sólo con lo que se gastaron en la inauguración. Ejemplo rotundo de la clase de política que nos gastamos por estos lares. Voladores, panderetas y fotos de caretos sonrientes cortando cordones, los que quieran. Necesidades básicas cubiertas ya no tanto.