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	<title>Comentarios en: Pocas diferencias</title>
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	<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/</link>
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	<pubDate>Wed, 07 Jan 2009 16:39:00 +0000</pubDate>
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		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11650</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Apr 2007 10:27:32 +0000</pubDate>
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		<description>Entrada de hoy en el blog de Rosa Díez:

&lt;strong&gt;PERSEGUIDOS&lt;/strong&gt;.

Los constitucionalistas vascos siempre hemos vivido perseguidos en Euskadi. Yo ya sé que  a los de lo "políticamente correcto" --sobre todo si viven en Madrid--, no les gusta que les recordemos estas cosas. Ellos prefieren pensar --como el PNV-- que aquí se vive muy bien, que hoy se vive mucho mejor que hace tres años, que las cosas están mucho más tranquilas, que la gente vive mucho más feliz... También hay algunos no nacionalistas en Euskadi que hacen ese mismo discurso de "normalidad". Son los Buen o los Pastor de turno, los que dicen pasear con mucha más tranquilidad y sin escoltas por Rentería que por Madrid. Ellos creen pagar su "impuesto revolucionario" diciendo esas cosas, a la par que califican a los del Foro de ultraderechistas o a Savater de "ideólogo de la extrema derecha".

Están tan prisioneros de su estrategia de apaciguamiento hacia ETA y de intransigencia hacia todo aquel que no esté de acuerdo con ellos, que han perdido hasta la memoria. Han olvidado que es imposible apaciguar a la fiera; siempre quiere más. Nadie está a salvo de sus garras; ni siquiera los que se muestran más comprensivos con ella. Han olvidado, por ejemplo, a nuestro querido compañero Ernest Lluc; difícil encontrar un  socialista más dialogante que él. Cuando decidieron matarle, poco les importó eso. Y cuando fueron a por él, en un garaje, y él huyo despavorido al darse cuenta de que le iban a matar --dijera lo que dijera Genma Nierga, él sabía que no podía intentar dialogar con su asesino-- le persiguieron y le sacaron a rastras de debajo de un coche donde se había guarecido para descerrajarle un tiro sin correr peligro de dar al depósito de la gasolina. Sin piedad.

Entre los que acosan a los constitucionalistas vascos se encuentran ahora algunos de sus antiguos compañeros de trinchera. Son los que les señalan como ultraderechistas, como crispadores; los que les invitan a irse a militar al PP --después de haber calificado a ese partido como representante de la extrema derecha o de haber asegurado que quiere organizar una nueva guerra civil--; los que les llaman "inductores de odio"; los que desde el propio gobierno de la Nación señalan a los que se sientan en los bancos de PP en el Congreso de los Diputados como "los hijos de los aquellos contra los que tuvieron que luchar nuestros papás". Por cierto, yo no creo que la ideología se herede; pero lo que sí sé es contra quien luchó  el "papá" del Ministro de Justicia, que parece creer en la herencia ideológica genética: su papá luchó contra el mío, republicano socialista condenado a muerte por los del bando de su papá.

La deslegitimación a la que someten "los nuestros" a quienes osan discrepar de la verdad oficial --a quienes sostenemos que ETA no puede volver a las instituciones, a los que animamos a la gente a  dar la batalla para evitarlo, para que el Gobierno no pueda ceder sin pagar un alto coste electoral por ello--, constituye un caldo de cultivo extremadamente peligroso. Hoy que es Sábado de Gloria, terminada la parte dolorosa de la Semana Santa, invitaría a los dirigentes de mi partido a pensar seriamente en las consecuencias peligrosas que puede producir  esa política de descalificación personal. No olviden que hay gente mala, muy mala, que les escucha. Cuidado, mucho cuidado.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Entrada de hoy en el blog de Rosa Díez:</p>
<p><strong>PERSEGUIDOS</strong>.</p>
<p>Los constitucionalistas vascos siempre hemos vivido perseguidos en Euskadi. Yo ya sé que  a los de lo &#8220;políticamente correcto&#8221; &#8211;sobre todo si viven en Madrid&#8211;, no les gusta que les recordemos estas cosas. Ellos prefieren pensar &#8211;como el PNV&#8211; que aquí se vive muy bien, que hoy se vive mucho mejor que hace tres años, que las cosas están mucho más tranquilas, que la gente vive mucho más feliz&#8230; También hay algunos no nacionalistas en Euskadi que hacen ese mismo discurso de &#8220;normalidad&#8221;. Son los Buen o los Pastor de turno, los que dicen pasear con mucha más tranquilidad y sin escoltas por Rentería que por Madrid. Ellos creen pagar su &#8220;impuesto revolucionario&#8221; diciendo esas cosas, a la par que califican a los del Foro de ultraderechistas o a Savater de &#8220;ideólogo de la extrema derecha&#8221;.</p>
<p>Están tan prisioneros de su estrategia de apaciguamiento hacia ETA y de intransigencia hacia todo aquel que no esté de acuerdo con ellos, que han perdido hasta la memoria. Han olvidado que es imposible apaciguar a la fiera; siempre quiere más. Nadie está a salvo de sus garras; ni siquiera los que se muestran más comprensivos con ella. Han olvidado, por ejemplo, a nuestro querido compañero Ernest Lluc; difícil encontrar un  socialista más dialogante que él. Cuando decidieron matarle, poco les importó eso. Y cuando fueron a por él, en un garaje, y él huyo despavorido al darse cuenta de que le iban a matar &#8211;dijera lo que dijera Genma Nierga, él sabía que no podía intentar dialogar con su asesino&#8211; le persiguieron y le sacaron a rastras de debajo de un coche donde se había guarecido para descerrajarle un tiro sin correr peligro de dar al depósito de la gasolina. Sin piedad.</p>
<p>Entre los que acosan a los constitucionalistas vascos se encuentran ahora algunos de sus antiguos compañeros de trinchera. Son los que les señalan como ultraderechistas, como crispadores; los que les invitan a irse a militar al PP &#8211;después de haber calificado a ese partido como representante de la extrema derecha o de haber asegurado que quiere organizar una nueva guerra civil&#8211;; los que les llaman &#8220;inductores de odio&#8221;; los que desde el propio gobierno de la Nación señalan a los que se sientan en los bancos de PP en el Congreso de los Diputados como &#8220;los hijos de los aquellos contra los que tuvieron que luchar nuestros papás&#8221;. Por cierto, yo no creo que la ideología se herede; pero lo que sí sé es contra quien luchó  el &#8220;papá&#8221; del Ministro de Justicia, que parece creer en la herencia ideológica genética: su papá luchó contra el mío, republicano socialista condenado a muerte por los del bando de su papá.</p>
<p>La deslegitimación a la que someten &#8220;los nuestros&#8221; a quienes osan discrepar de la verdad oficial &#8211;a quienes sostenemos que ETA no puede volver a las instituciones, a los que animamos a la gente a  dar la batalla para evitarlo, para que el Gobierno no pueda ceder sin pagar un alto coste electoral por ello&#8211;, constituye un caldo de cultivo extremadamente peligroso. Hoy que es Sábado de Gloria, terminada la parte dolorosa de la Semana Santa, invitaría a los dirigentes de mi partido a pensar seriamente en las consecuencias peligrosas que puede producir  esa política de descalificación personal. No olviden que hay gente mala, muy mala, que les escucha. Cuidado, mucho cuidado.</p>
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		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11636</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Apr 2007 10:29:22 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1715#comment-11636</guid>
		<description>Artículo publicado hoy en Basta Ya:

&lt;strong&gt;Oh tempora!, oh mores! &lt;/strong&gt;
 
SANTIAGO GONZALEZ 
 
Uno de los hechos más sobresalientes de la última semana ha sido la práctica unanimidad que los periodistas hemos puesto en la anécdota del precio de la taza de café de Zapatero, y la voluntad de empujarla hacia la categoría. “¿Cuánto vale una taza de café?”, preguntó el héroe mediático. “Ochenta céntimos, aproximadamente”, respondió el presidente, con el mismo aplomo que pone en todas sus respuestas. “Eso era en tiempos del abuelo Patxi”, replicó el preguntador, sin que algunos columnistas cayeran en que Patxi es hipocorístico de Francisco y que el abuelo Patxi era Franco, no el abuelo Víctor, que fue picador allá en la mina.
 
Zapatero se equivocó, aunque no tanto como su interlocutor. Los 80 céntimos estimados con su ojo de buen cubero están mucho más cerca del precio real de un café de hoy que de lo que valía en 1975, menos de diez céntimos con toda seguridad.
 
No hay duda de que el presidente es un hombre de su tiempo y no cuesta trabajo imaginarle un sábado en un supermercado, haciendo la compra para la semana. Hasta hace tres años. Desde que su victoria electoral de marzo de 2004 lo llevó a la presidencia del Gobierno, ni va con su mujer a hacer la intendencia semanal, ni queda a tomar café con los amigos. Es, en consecuencia, muy probable que no sepa cuanto vale un café, el precio de una barra de pan ni el del billete de metro. Haber dado con una respuesta plausible no querría decir nada; sólo que algún asesor de imagen había previsto una pregunta que ya era demagógica cuando aquella periodista se la hizo por primera vez a Giscard d’Estaign en una entrevista electoral.
 
Uno de los problemas de Zapatero es su incapacidad para expresarse de manera natural: “No lo sé. Desde que los españoles me confiaron la presidencia del Gobierno no he ido a tomar café a ningún bar”. Por ejemplo. O “en el bar del Congreso, que es el único lugar en el que tomo café pagando, cuesta setenta céntimos”.
 
Pudo hacerlo de manera natural, pero se equivocó y el café de ochenta céntimos se convirtió en uno de los grandes asuntos nacionales. Unas horas más tarde, un hostelero de Antequera, llamado Antonio Podadera, colocó un cartel sobre la cafetera de su establecimiento en el que se leía: En honor a las palabras de nuestro presidente hoy “el café” a 80 cents.
 
El Café Bar del Centro, que tal es el nombre de este benemérito establecimiento, se acaba de constituir en una metáfora de la España de ahora mismo. Si las palabras del presidente no coinciden con los hechos, modifiquemos los hechos. Es muy probable que el simpatizante Podadera no haya leído nunca a Orwell aunque sepa instintivamente que
 

&lt;blockquote&gt;“Al nacionalista le obsesiona la creencia de que el pasado puede ser alterado. Malgasta parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que los hechos ocurren tal como deberían haber ocurrido [...] e intenta trasplantar los hechos desde ese mundo a los libros de historia cuanto antes.”&lt;/blockquote&gt;

 
Si el presidente no acertó con el precio del café, se cambia el precio del café y santas pascuas. Si las promesas hechas a los nacionalistas catalanes de hacerse con Endesa fracasan, lo mismo. Dirán que estos dos casos son distintos y, efectivamente, hay una diferencia. Antonio Podadera sabe que no puede mantener la ficción indefinidamente porque sería fatal para el negocio. Con lo público es distinto, porque se paga a escote y es lo que decía la ministra de Cultura en una circunstancia muy concreta, que es donde se puede mostrar el arraigo de los principios ideológicos: “estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie.”
 
Sin embargo, hubo momentos espectaculares en las respuestas del presidente a los ciudadanos constituidos en gran rueda de Prensa. Como aquella en que Zapatero volvió a contar que, recién nombrado jefe de la Oposición fue a la Moncloa a ver al entonces presidente Aznar y que, para admiración de la concurrencia y los televidentes, dijo que le dijo: “Nada me haría tanta ilusión como ver juntos el final del terrorismo, siendo tú el presidente del Gobierno y yo el jefe de la Oposición”. Era un diálogo improbable. Tenía que haber forzosamente una posibilidad más ilusionante: “siendo yo el presidente del Gobierno”.
 
La esencia de la democracia es para las fuerzas del bien un programa de televisión. Sin embargo, el momento cumbre fue el diálogo establecido entre un joven de 19 años, preocupado por la carestía de la vivienda y por sus expectativas, más bien lejanas, de poder comprarse un piso. Zapatero se remontó a las alturas macro para soslayar las preguntas micro y detalló que su Gobierno había desacelerado el aumento del precio de la vivienda del 17% del año pasado al 9% del presente y había duplicado el dinero destinado a vivienda protegida.
 
-- "Perdone, pero con todo lo que me ha dicho, yo sigo sin comprar un piso. Aun así, le doy las gracias", repondió el muchacho, tenaz, aunque educado.
 
-- “Te doy las gracias por darme las gracias. Y deseo que tengas la posibilidad de tener un piso”, contestó Zapatero.
 
Impresionante diálogo que resume muy bien el espíritu de nuestro tiempo y define a la perfección a la generación llamada a sucedernos. En aquel gran momento televisivo uno echó de menos a un presidente veraz. Alguien que dijera, por ejemplo: “Si alguien te ha hecho creer que tener un piso en propiedad es un derecho que la Constitución garantiza a los españoles en cuanto cumplen los 18 años, te ha engañado miserablemente. Yo en tu lugar buscaría un trabajo, empezaría a responsabilizarme de mi mismo, alquilaría un piso con otros tres colegas y aprendería a vivir en comunidad. Después, cuando termines los estudios y tengas un trabajo, ahorras, les pides algo de dinero a tus padres y la mayor parte a la Caja de Ahorros mediante préstamo hipotecario y es así como funciona el tema.”
 
Es más fácil la demagogia, esa banal cultura de la satisfacción que hace a nuestros jóvenes titulares de derechos pero no sujetos de obligaciones, que obliga a los progenitores (a, b, c) al buen rollito de hacerse amigos de sus hijos, en lugar de cumplir su responsabilidad de padres. Hace años, me parece que era en los tiempos de la ministra Matilde Fernández y durante la campaña ‘Póntelo, pónselo’ las televisiones mostraban un ‘spot’ televisivo en el que una adolescente crecidita se despedía de su madre para ir de marcha. “Adiós, mamá”. “¿Lo llevas todo, hija?” “Sí, mamá”. “Pero, ¿todo, todo?”, insistía la petarda, a lo que la niña respondía con un gesto de teatral paciencia: “Sí, mamá”, mientras sacaba del bolsillo trasero del pantalón un preservativo. Era tan obsceno el planteamiento que cada vez que veía el anuncio alentaba la secreta ilusión de que la moza sacara del bolso una ristra de condones, unas dos docenas, para desplegarlos en acordeón ante la mirada horrorizada de la pelma de su madre.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Artículo publicado hoy en Basta Ya:</p>
<p><strong>Oh tempora!, oh mores! </strong></p>
<p>SANTIAGO GONZALEZ </p>
<p>Uno de los hechos más sobresalientes de la última semana ha sido la práctica unanimidad que los periodistas hemos puesto en la anécdota del precio de la taza de café de Zapatero, y la voluntad de empujarla hacia la categoría. “¿Cuánto vale una taza de café?”, preguntó el héroe mediático. “Ochenta céntimos, aproximadamente”, respondió el presidente, con el mismo aplomo que pone en todas sus respuestas. “Eso era en tiempos del abuelo Patxi”, replicó el preguntador, sin que algunos columnistas cayeran en que Patxi es hipocorístico de Francisco y que el abuelo Patxi era Franco, no el abuelo Víctor, que fue picador allá en la mina.</p>
<p>Zapatero se equivocó, aunque no tanto como su interlocutor. Los 80 céntimos estimados con su ojo de buen cubero están mucho más cerca del precio real de un café de hoy que de lo que valía en 1975, menos de diez céntimos con toda seguridad.</p>
<p>No hay duda de que el presidente es un hombre de su tiempo y no cuesta trabajo imaginarle un sábado en un supermercado, haciendo la compra para la semana. Hasta hace tres años. Desde que su victoria electoral de marzo de 2004 lo llevó a la presidencia del Gobierno, ni va con su mujer a hacer la intendencia semanal, ni queda a tomar café con los amigos. Es, en consecuencia, muy probable que no sepa cuanto vale un café, el precio de una barra de pan ni el del billete de metro. Haber dado con una respuesta plausible no querría decir nada; sólo que algún asesor de imagen había previsto una pregunta que ya era demagógica cuando aquella periodista se la hizo por primera vez a Giscard d’Estaign en una entrevista electoral.</p>
<p>Uno de los problemas de Zapatero es su incapacidad para expresarse de manera natural: “No lo sé. Desde que los españoles me confiaron la presidencia del Gobierno no he ido a tomar café a ningún bar”. Por ejemplo. O “en el bar del Congreso, que es el único lugar en el que tomo café pagando, cuesta setenta céntimos”.</p>
<p>Pudo hacerlo de manera natural, pero se equivocó y el café de ochenta céntimos se convirtió en uno de los grandes asuntos nacionales. Unas horas más tarde, un hostelero de Antequera, llamado Antonio Podadera, colocó un cartel sobre la cafetera de su establecimiento en el que se leía: En honor a las palabras de nuestro presidente hoy “el café” a 80 cents.</p>
<p>El Café Bar del Centro, que tal es el nombre de este benemérito establecimiento, se acaba de constituir en una metáfora de la España de ahora mismo. Si las palabras del presidente no coinciden con los hechos, modifiquemos los hechos. Es muy probable que el simpatizante Podadera no haya leído nunca a Orwell aunque sepa instintivamente que</p>
<blockquote><p>“Al nacionalista le obsesiona la creencia de que el pasado puede ser alterado. Malgasta parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que los hechos ocurren tal como deberían haber ocurrido [...] e intenta trasplantar los hechos desde ese mundo a los libros de historia cuanto antes.”</p></blockquote>
<p>Si el presidente no acertó con el precio del café, se cambia el precio del café y santas pascuas. Si las promesas hechas a los nacionalistas catalanes de hacerse con Endesa fracasan, lo mismo. Dirán que estos dos casos son distintos y, efectivamente, hay una diferencia. Antonio Podadera sabe que no puede mantener la ficción indefinidamente porque sería fatal para el negocio. Con lo público es distinto, porque se paga a escote y es lo que decía la ministra de Cultura en una circunstancia muy concreta, que es donde se puede mostrar el arraigo de los principios ideológicos: “estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie.”</p>
<p>Sin embargo, hubo momentos espectaculares en las respuestas del presidente a los ciudadanos constituidos en gran rueda de Prensa. Como aquella en que Zapatero volvió a contar que, recién nombrado jefe de la Oposición fue a la Moncloa a ver al entonces presidente Aznar y que, para admiración de la concurrencia y los televidentes, dijo que le dijo: “Nada me haría tanta ilusión como ver juntos el final del terrorismo, siendo tú el presidente del Gobierno y yo el jefe de la Oposición”. Era un diálogo improbable. Tenía que haber forzosamente una posibilidad más ilusionante: “siendo yo el presidente del Gobierno”.</p>
<p>La esencia de la democracia es para las fuerzas del bien un programa de televisión. Sin embargo, el momento cumbre fue el diálogo establecido entre un joven de 19 años, preocupado por la carestía de la vivienda y por sus expectativas, más bien lejanas, de poder comprarse un piso. Zapatero se remontó a las alturas macro para soslayar las preguntas micro y detalló que su Gobierno había desacelerado el aumento del precio de la vivienda del 17% del año pasado al 9% del presente y había duplicado el dinero destinado a vivienda protegida.</p>
<p>&#8211; &#8220;Perdone, pero con todo lo que me ha dicho, yo sigo sin comprar un piso. Aun así, le doy las gracias&#8221;, repondió el muchacho, tenaz, aunque educado.</p>
<p>&#8211; “Te doy las gracias por darme las gracias. Y deseo que tengas la posibilidad de tener un piso”, contestó Zapatero.</p>
<p>Impresionante diálogo que resume muy bien el espíritu de nuestro tiempo y define a la perfección a la generación llamada a sucedernos. En aquel gran momento televisivo uno echó de menos a un presidente veraz. Alguien que dijera, por ejemplo: “Si alguien te ha hecho creer que tener un piso en propiedad es un derecho que la Constitución garantiza a los españoles en cuanto cumplen los 18 años, te ha engañado miserablemente. Yo en tu lugar buscaría un trabajo, empezaría a responsabilizarme de mi mismo, alquilaría un piso con otros tres colegas y aprendería a vivir en comunidad. Después, cuando termines los estudios y tengas un trabajo, ahorras, les pides algo de dinero a tus padres y la mayor parte a la Caja de Ahorros mediante préstamo hipotecario y es así como funciona el tema.”</p>
<p>Es más fácil la demagogia, esa banal cultura de la satisfacción que hace a nuestros jóvenes titulares de derechos pero no sujetos de obligaciones, que obliga a los progenitores (a, b, c) al buen rollito de hacerse amigos de sus hijos, en lugar de cumplir su responsabilidad de padres. Hace años, me parece que era en los tiempos de la ministra Matilde Fernández y durante la campaña ‘Póntelo, pónselo’ las televisiones mostraban un ‘spot’ televisivo en el que una adolescente crecidita se despedía de su madre para ir de marcha. “Adiós, mamá”. “¿Lo llevas todo, hija?” “Sí, mamá”. “Pero, ¿todo, todo?”, insistía la petarda, a lo que la niña respondía con un gesto de teatral paciencia: “Sí, mamá”, mientras sacaba del bolsillo trasero del pantalón un preservativo. Era tan obsceno el planteamiento que cada vez que veía el anuncio alentaba la secreta ilusión de que la moza sacara del bolso una ristra de condones, unas dos docenas, para desplegarlos en acordeón ante la mirada horrorizada de la pelma de su madre.</p>
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		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11626</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Apr 2007 11:36:55 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1715#comment-11626</guid>
		<description>Dura entrada la que publica hoy en su blog Rosa Díez:

&lt;strong&gt;La buena gente&lt;/strong&gt;

La buena gente no sólo habla desde la superioridad de su ”raza” o el pueblo primigenio al que presume de  pertenecer. La “buena gente” suele hablarnos también desde la una supuesta  superioridad moral de una “supuesta" izquierda; una izquierda cuyos límites ellos mismos definen y cuyos carnets de pertenencia ellos mismos otorgan.

“La buena gente” es esa que dictamina quienes han dejado de ser "de los suyos",  y quienes deben de irse a militar en otro partido político, al que previamente han calificado de extrema derecha o –haciendo la gracieta del día— de derecha extrema.

La buena gente condena los atentados y los seguimientos a demócratas acreditados; es la misma buena gente que previamente les ha calificado como "teóricos de la extrema derecha" y se ha jactado de que "no les ven nuenca paseando..." por donde ellos presumen de  pasear con total impunidad ante la bestia.

La buena gente es  la que señala –personal y/o colectivamente— a aquellos que considera impulsores y colaboradores activos de un partido político al que previamente y en los  mismos medios han calificado como defensores de una nueva guerra civil. Es la misma buena gente que acusa al partido al que adscribe a los amenazados de desear que ETA vuelva a matar. 

La "buena gente" es la que se levanta por la mañana con “ganas de pegar dos tiros a más de uno”, pero que defiende con denuedo que con ETA las cosas sólo se arreglan dialogando. Tiros para los discrepantes, buenas maneras y sonrisa abierta para los que tienen pistolas; corderos en la calle, lobos en casa.

La "buena gente" es la que lleva al Pleno de su Municipio una declaración contra el Foro Ermua, exigiendo que ese colectivo cívico  deje de utilizar el nombre de su pueblo porque “criminalizan el diálogo”. La "buena gente" es la que, para no crispar y para estar a bien con quien manda, se pliega y no le importa criminalizar a quienes son objetivamente las víctimas. Esa  "buena gente" también puede pasear ahora tranquila en ese pueblo; el que no podía pasear tranquilo era Miguel Ángel Blanco.

La "buena gente" suele estar “muy preocupada” porque Batasuna no pueda presentarse a las elecciones. Es tan "buena gente" que legalizarían al partido nazi en Alemania para que todos estuvieran contentos; es tan "buena gente" que quieren que los que defienden las ideas que exigen de la aniquilación del contrario para llevarse a cabo puedan competir en las urnas con los representantes de los partidos políticos a los que quieren eliminar. Es esa misma "buena gente" que no se preocupa, que le parece que forma parte del paisaje, que centenares de ciudadanos salgan de casa cada día con escoltas. Y que decenas de concejales no conozcan en sus pueblos a uno sólo de sus votantes. Porque votan pero callan; porque el miedo campa por sus anchas en Euskadi; salvo para algunos, claro.

La "buena gente"  llama por teléfono rápidamente cuando se sale en los papeles de ETA. Esa "buena gente" suele olvidar --cuando muestra dolorosa su pesar--  que antes de que se salga en esos papeles alguien --tantas veces próximo a quien llama-- calificó al receptor de la llamada como “enemigo del proceso” y como amigo de la ultra derecha que quiere una nueva guerra civil; es esa que misma "buena gente" que considera que Otegi es un hombre de paz o que declara que de Juana Chaos está –no como otros— en “el proceso”.

La "buena gente" aparece enseguida cuando hay un muerto; son la misma buena gente que olvidan decir a la familia del asesinado que llevan meses reuniéndose con su enemigo.

La "buena gente" es la que manda a buscar aguiluchos en las banderas que se exhiben en las manifestaciones convocadas por la AVT, el PP o Foro Ermua; es esa misma gente que no ve los cuervos asesinos con rostro humanos en las manifestaciones de todos los viernes en Bilbao y San Sebastián; ni   en las fotos de los terroristas que portan los participantes de la korrika, esa manifestación “cultural-deportiva”, subvencionada con fondos públicos, que se supone nació para defender el euskera –que como todo el mundo sabe está perseguidísimo en Euskadi--, y que se convierte cada año en un alarde  y reivindicación del nacionalismo obligatorio, del exclusivismo lingüístico y del terrorismo asesino.

Hay algunos dentro de esa "buena gente" que hasta tienen mala conciencia. Razones no les falta. Pero esos suelen ser los peores; porque se saben traidores a lo más sagrado, a la convivencia con el sufrimiento, a las confidencias, a las debilidades expresadas… Y para “salvarse” han de huir hacia delante, han de insistir en sus “razones”, han de descalificar personalmente a aquellos a los que han expulsado del redil en el que están sus nuevos dioses. Son las “criaturas ministeriales” que citaba Savater rememorando a Shopenhauer.

Hay que tener mucho cuidado con tanta “buena gente”. A poco que te descuides se ofrecen a tu familia y a tus amigos para organizarte el funeral.

Si yo fuera creyente afirmaría sin duda alguna que si Jesucristo estuviera entre nosotros  echaría del templo y a patadas a tanta buena gente. Como a los fariseos. Pero como no parece que eso vaya a ocurrir nos toca a nosotros quitarles la careta. Y señalarles y mirarles con todo el desprecio que se merecen los cobardes que comercian con el dolor.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Dura entrada la que publica hoy en su blog Rosa Díez:</p>
<p><strong>La buena gente</strong></p>
<p>La buena gente no sólo habla desde la superioridad de su ”raza” o el pueblo primigenio al que presume de  pertenecer. La “buena gente” suele hablarnos también desde la una supuesta  superioridad moral de una “supuesta&#8221; izquierda; una izquierda cuyos límites ellos mismos definen y cuyos carnets de pertenencia ellos mismos otorgan.</p>
<p>“La buena gente” es esa que dictamina quienes han dejado de ser &#8220;de los suyos&#8221;,  y quienes deben de irse a militar en otro partido político, al que previamente han calificado de extrema derecha o –haciendo la gracieta del día— de derecha extrema.</p>
<p>La buena gente condena los atentados y los seguimientos a demócratas acreditados; es la misma buena gente que previamente les ha calificado como &#8220;teóricos de la extrema derecha&#8221; y se ha jactado de que &#8220;no les ven nuenca paseando&#8230;&#8221; por donde ellos presumen de  pasear con total impunidad ante la bestia.</p>
<p>La buena gente es  la que señala –personal y/o colectivamente— a aquellos que considera impulsores y colaboradores activos de un partido político al que previamente y en los  mismos medios han calificado como defensores de una nueva guerra civil. Es la misma buena gente que acusa al partido al que adscribe a los amenazados de desear que ETA vuelva a matar. </p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221; es la que se levanta por la mañana con “ganas de pegar dos tiros a más de uno”, pero que defiende con denuedo que con ETA las cosas sólo se arreglan dialogando. Tiros para los discrepantes, buenas maneras y sonrisa abierta para los que tienen pistolas; corderos en la calle, lobos en casa.</p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221; es la que lleva al Pleno de su Municipio una declaración contra el Foro Ermua, exigiendo que ese colectivo cívico  deje de utilizar el nombre de su pueblo porque “criminalizan el diálogo”. La &#8220;buena gente&#8221; es la que, para no crispar y para estar a bien con quien manda, se pliega y no le importa criminalizar a quienes son objetivamente las víctimas. Esa  &#8220;buena gente&#8221; también puede pasear ahora tranquila en ese pueblo; el que no podía pasear tranquilo era Miguel Ángel Blanco.</p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221; suele estar “muy preocupada” porque Batasuna no pueda presentarse a las elecciones. Es tan &#8220;buena gente&#8221; que legalizarían al partido nazi en Alemania para que todos estuvieran contentos; es tan &#8220;buena gente&#8221; que quieren que los que defienden las ideas que exigen de la aniquilación del contrario para llevarse a cabo puedan competir en las urnas con los representantes de los partidos políticos a los que quieren eliminar. Es esa misma &#8220;buena gente&#8221; que no se preocupa, que le parece que forma parte del paisaje, que centenares de ciudadanos salgan de casa cada día con escoltas. Y que decenas de concejales no conozcan en sus pueblos a uno sólo de sus votantes. Porque votan pero callan; porque el miedo campa por sus anchas en Euskadi; salvo para algunos, claro.</p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221;  llama por teléfono rápidamente cuando se sale en los papeles de ETA. Esa &#8220;buena gente&#8221; suele olvidar &#8211;cuando muestra dolorosa su pesar&#8211;  que antes de que se salga en esos papeles alguien &#8211;tantas veces próximo a quien llama&#8211; calificó al receptor de la llamada como “enemigo del proceso” y como amigo de la ultra derecha que quiere una nueva guerra civil; es esa que misma &#8220;buena gente&#8221; que considera que Otegi es un hombre de paz o que declara que de Juana Chaos está –no como otros— en “el proceso”.</p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221; aparece enseguida cuando hay un muerto; son la misma buena gente que olvidan decir a la familia del asesinado que llevan meses reuniéndose con su enemigo.</p>
<p>La &#8220;buena gente&#8221; es la que manda a buscar aguiluchos en las banderas que se exhiben en las manifestaciones convocadas por la AVT, el PP o Foro Ermua; es esa misma gente que no ve los cuervos asesinos con rostro humanos en las manifestaciones de todos los viernes en Bilbao y San Sebastián; ni   en las fotos de los terroristas que portan los participantes de la korrika, esa manifestación “cultural-deportiva”, subvencionada con fondos públicos, que se supone nació para defender el euskera –que como todo el mundo sabe está perseguidísimo en Euskadi&#8211;, y que se convierte cada año en un alarde  y reivindicación del nacionalismo obligatorio, del exclusivismo lingüístico y del terrorismo asesino.</p>
<p>Hay algunos dentro de esa &#8220;buena gente&#8221; que hasta tienen mala conciencia. Razones no les falta. Pero esos suelen ser los peores; porque se saben traidores a lo más sagrado, a la convivencia con el sufrimiento, a las confidencias, a las debilidades expresadas… Y para “salvarse” han de huir hacia delante, han de insistir en sus “razones”, han de descalificar personalmente a aquellos a los que han expulsado del redil en el que están sus nuevos dioses. Son las “criaturas ministeriales” que citaba Savater rememorando a Shopenhauer.</p>
<p>Hay que tener mucho cuidado con tanta “buena gente”. A poco que te descuides se ofrecen a tu familia y a tus amigos para organizarte el funeral.</p>
<p>Si yo fuera creyente afirmaría sin duda alguna que si Jesucristo estuviera entre nosotros  echaría del templo y a patadas a tanta buena gente. Como a los fariseos. Pero como no parece que eso vaya a ocurrir nos toca a nosotros quitarles la careta. Y señalarles y mirarles con todo el desprecio que se merecen los cobardes que comercian con el dolor.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11625</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Apr 2007 10:44:51 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1715#comment-11625</guid>
		<description>Artículo de Arcadi Espada publicado en El Mundo de hoy:

&lt;strong&gt;El crimen interceptado&lt;/strong&gt;

Al terrorismo hay que sobreponerse. En todos los sentidos y especialmente en el sentido físico. El terrorismo persigue que lo examinemos a ras de suelo. Como Fabrizio Del Dongo veía la guerra, es decir, sin entenderla. Para entenderlo es necesario elevarse un poco. Otearlo. En la hora del crimen esto es difícil. Hay que velar a los muertos, decidirse por una reacción u otra. Se levanta mucho polvo y no se ve bien. Pero en ocasiones, como ésta del crimen interceptado, el ejercicio es posible. Un hombre sigue a Maite Pagaza y Fernando Savater por las calles de San Sebastián para matarlos, un día u otro. El perseguidor es un joven vasco y quiere matarlos para que el País Vasco pueda ser independiente. Ellos dos son gente muy valiosa, realmente valiosa. Una excelencia de la política y de la cultura españolas, bienhumorados y encantadores además. No empuñan las armas, pero cada día tratan de convencer a alguien de sus ideas, hablando y escribiendo. Se ve muy bien que no lucha un soldado contra otro. Y que no hay lucha sino crimen. Todo el terrorismo está en esa persecución y en el helado contraste entre el joven asesino y las que ha elegido como víctimas. El paseo es el mismo que llevó a Mohamed Bouyeri a matar a Theo Van Gogh o el que cruzó a Olof Palme con su asesino, aún desconocido. ¿Las causas? Como en cualquier acto humano las causas son innumerables. Pero cuando se habla de las causas se alude a las que pueden estar sujetas al juicio moral. La perturbación mental, por ejemplo, no sirve como causa: en un sentido profundo se acerca más al cómo de la cosa que al porqué. El doble suelo de las causas se aprecia muy bien cuando examinamos el Holocausto. Prueben a decir que el nazismo tenía sus causas. Vamos, no oigo. ¿por qué no lo dicen? No, no vale argumentar que las causas eran la Mentira, los Protocolos de Sión y el racismo. No. De esas causas sólo hablarían las víctimas. ¿Acaso dirían hoy los etarras que las causas de sus crímenes son una mentira!

Desde lo alto el terrorismo vasco no es más que eso: un chiflado que va por las calles con una pistola en la mano persiguiendo a Maite Pagaza y Fernando Savater. Si no hemos logrado reducirlo efectivamente a esto, si los periódicos, cada día, insisten en su ennoblecimiento (y entre esa retórica, como un faro para la ilustración de generaciones, destaca la legalización mediática de Batasuna) es por su aprovechamiento político. El terrorismo vasco es incapaz de levantar por sí sólo otra solemnidad intelectual que no sea la del chiflado en busca de sus víctimas. El orden y el sentido, es decir lo más repulsivo de la enfermedad, lo procuran los demócratas, destacadamente los presuntos. Ellos, los que proveen de fines al terrorismo, los únicos que pueden decretar su fin.


(Coda: "La estrategia terrorista emancipada, autónoma y dominante, ya no sirve como medio al servicio de un fin. A partir de ahora se convierte en su propio fin." Occidente contra Occidente, André Glucksmann.)</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Artículo de Arcadi Espada publicado en El Mundo de hoy:</p>
<p><strong>El crimen interceptado</strong></p>
<p>Al terrorismo hay que sobreponerse. En todos los sentidos y especialmente en el sentido físico. El terrorismo persigue que lo examinemos a ras de suelo. Como Fabrizio Del Dongo veía la guerra, es decir, sin entenderla. Para entenderlo es necesario elevarse un poco. Otearlo. En la hora del crimen esto es difícil. Hay que velar a los muertos, decidirse por una reacción u otra. Se levanta mucho polvo y no se ve bien. Pero en ocasiones, como ésta del crimen interceptado, el ejercicio es posible. Un hombre sigue a Maite Pagaza y Fernando Savater por las calles de San Sebastián para matarlos, un día u otro. El perseguidor es un joven vasco y quiere matarlos para que el País Vasco pueda ser independiente. Ellos dos son gente muy valiosa, realmente valiosa. Una excelencia de la política y de la cultura españolas, bienhumorados y encantadores además. No empuñan las armas, pero cada día tratan de convencer a alguien de sus ideas, hablando y escribiendo. Se ve muy bien que no lucha un soldado contra otro. Y que no hay lucha sino crimen. Todo el terrorismo está en esa persecución y en el helado contraste entre el joven asesino y las que ha elegido como víctimas. El paseo es el mismo que llevó a Mohamed Bouyeri a matar a Theo Van Gogh o el que cruzó a Olof Palme con su asesino, aún desconocido. ¿Las causas? Como en cualquier acto humano las causas son innumerables. Pero cuando se habla de las causas se alude a las que pueden estar sujetas al juicio moral. La perturbación mental, por ejemplo, no sirve como causa: en un sentido profundo se acerca más al cómo de la cosa que al porqué. El doble suelo de las causas se aprecia muy bien cuando examinamos el Holocausto. Prueben a decir que el nazismo tenía sus causas. Vamos, no oigo. ¿por qué no lo dicen? No, no vale argumentar que las causas eran la Mentira, los Protocolos de Sión y el racismo. No. De esas causas sólo hablarían las víctimas. ¿Acaso dirían hoy los etarras que las causas de sus crímenes son una mentira!</p>
<p>Desde lo alto el terrorismo vasco no es más que eso: un chiflado que va por las calles con una pistola en la mano persiguiendo a Maite Pagaza y Fernando Savater. Si no hemos logrado reducirlo efectivamente a esto, si los periódicos, cada día, insisten en su ennoblecimiento (y entre esa retórica, como un faro para la ilustración de generaciones, destaca la legalización mediática de Batasuna) es por su aprovechamiento político. El terrorismo vasco es incapaz de levantar por sí sólo otra solemnidad intelectual que no sea la del chiflado en busca de sus víctimas. El orden y el sentido, es decir lo más repulsivo de la enfermedad, lo procuran los demócratas, destacadamente los presuntos. Ellos, los que proveen de fines al terrorismo, los únicos que pueden decretar su fin.</p>
<p>(Coda: &#8220;La estrategia terrorista emancipada, autónoma y dominante, ya no sirve como medio al servicio de un fin. A partir de ahora se convierte en su propio fin.&#8221; Occidente contra Occidente, André Glucksmann.)</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11366</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Mar 2007 18:12:33 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;Los ideólogos del Carnaval &lt;/strong&gt;

FERNANDO SAVATER 
[&lt;em&gt;Basta Ya&lt;/em&gt;, 30 de marzo de 2007]

Parece que hoy, en nuestro país, los ciudadanos sólo estamos de acuerdo en dos cosas: una, que hay un exceso alarmante de crispación y enfrentamiento maniqueo en la vida pública; dos, que esta situación es mala para la convivencia y para el funcionamiento de la democracia. A partir del diagnóstico compartido, los doctores difieren en cuanto al reparto de culpas y sobre todo en el tratamiento a seguir para sanar esta dolencia. En este tipo de polarizaciones, lo realista es admitir que los adversarios contribuyen cada cual por su lado a echar leña al fuego, provocando uno con su exceso la reacción desmesurada del otro y así en lo sucesivo. Acepto este planteamiento, pero quiero señalar en cualquier caso que tiene más clara obligación el gobierno de ganarse a la oposición que ésta de llevarse bien con el gobierno. Si hoy el país está casi partido por la mitad (ya está bien de repetir el estribillo “el PP se queda de nuevo solo”, porque están solos con sus diez millones de votantes, muchísimo más de lo que pueden reunir entre todos los partidos que apoyan al PSOE), habrá que señalar a la cabeza de los responsables a quien ocupa la responsabilidad máxima del gobierno. Seguramente no carece de virtudes y aciertos al presidente Zapatero, pero falta en esa lista el haber sabido propiciar la cohesión armónica en asuntos fundamentales de la plural sociedad española.
 
Los ideólogos que en los medios de comunicación emprenden la defensa de la gestión gubernamental establecen como punto de partida que la oposición ataca desaforadamente al ejecutivo porque no ha digerido su derrota del 11 M y quieren a toda costa su revancha, es decir, desalojarlo del poder (lo cual, por cierto, es lo que pretenden todas las oposiciones que en el mundo han sido, revanchistas o no). Como intentan ocultar los éxitos del gobierno en economía o asuntos sociales –es interesante señalar que ni los más adictos mencionan nunca la política antiterrorista entre estos grandes logros- el PP y sus adláteres acuden a proclamar falsedades como que “España se rompe” y “se han rendido ante ETA”. A partir de ahí, todo vale, etc, etc… Claro que también es posible leer todo el cuento al revés y concluir que los servicios auxiliares gubernamentales convierten a todos sus críticos en una horda atroz de extrema derecha y vociferante nacionalismo español para evitarse la molestia de analizar detenidamente los errores cometidos en administración territorial y lucha antiterrorista.
 
De la versión de los ideólogos pro-gubernamentales, los lectores de este diario ya tienen abundante noticia. En otros medios no menos unánimes pueden familiarizarse con la de quienes culpan al equipo de Zapatero de las peores intenciones y las más viles complicidades. Pero como algún entusiasta de los vivas de rigor ha mencionado a ¡Basta Ya! entre los apoyos inestimables del PP en sus peores empeños satanizadores, voy a permitirme como miembro de ese colectivo exponer –a título personal- una versión de la situación política actual algo distinta a las más habituales… y extremistas. Hago esta última mención porque estoy convencido de que entre los ciudadanos que votan a unos o a otros hay posturas más matizadas y autocríticas de lo que dejan entender las declaraciones de los portavoces. A ellos me dirijo.
 
¡Basta Ya! es un colectivo nacido de la resistencia &lt;em&gt;política&lt;/em&gt; y no meramente moral contra el terrorismo: es decir, que no sólo hemos condenado como tantas personas decentes los crímenes y la extorsión sino que también hemos denunciado el nacionalismo obligatorio que se ha impuesto bajo el amparo del terror en el País Vasco y, por contagio oportunista, en otras comunidades españolas. Por ejemplo, yo no creo que la reforma del estatuto catalán y después de los demás vaya a “romper” España como creen algunos apocalípticos. Lo que pienso es que ciertamente la empeora, agudizando desigualdades y mutuos recelos. Dejando aparte las desmesuras de la &lt;em&gt;lunatic fringe&lt;/em&gt; separatista, que por cierto ha adquirido en los últimos años una magnitud política y mediática que para nada se corresponde con su peso electoral, los nacionalistas no quieren romper el país sino obtener privilegios dentro de él. No se trata de matar a la vaca sino de ordeñarla al máximo y durante el mayor tiempo posible, lo cual es incompatible con hacerla filetes y consumirla de una sentada. Es la tradicional estrategia del caciquismo hispano, que consistía en que unos cuantos tuviesen vara alta sin interferencias en la demarcación que convertían en su cortijo a cambio de apoyar al gobierno complaciente en el parlamento estatal. El nacionalismo que hoy padecemos –el de los nacionalistas propiamente dichos y el de quienes ante su ejemplo no quieren quedarse atrás- es el viejo caciquismo, dotado de bandera y señas identitarias hipostasiadas. Como demuestran los resultados de los referendos estatutarios, es un proyecto que no entusiasma precisamente a la mayoría de la población en ninguna parte.
 
En el caso del País Vasco, que es el que más directamente nos afecta a los miembros de ¡Basta Ya!, puede constatarse que el nacionalismo obligatorio no ha decrecido con la disminución de los asesinatos –“sólo” tres últimamente- sino que se hace más irremisible y opresivo. Quizá Patxi López, Egiguren o algunos otros cargos políticos vivan hoy mas desahogadamente (aunque no hasta el punto de renunciar a sus escoltas, claro) pero la ciudadanía no nacionalista sigue viviendo en una semi-clandestinidad de facto en todos los terrenos. No hay concesiones conciliadoras para ellos. ETB o Radio Euskadi prosiguen marginando las voces de los escritores, artistas o simples particulares que representan opciones e iniciativas distintas a las del régimen establecido. Las personas desafectas no pueden aparecer en público para tomarse una copa en gran parte de las poblaciones de su propio país, como no sea acompañadas por los GEO. De la protección que se les ofrece da idea lo que le ha ocurrido a Antonio Aguirre y demás miembros del Foro de Ermua frente a la Audiencia de Bilbao: aunque sean media docena contra mil, son culpables de haber enturbiado la pacífica manifestación cuyo único objetivo era presionar indecentemente a los jueces y demostrar que no hay nada, ni legal ni ilegal, por encima de la santa voluntad nacionalista. Ahora el tripartito vasco homenajea a las víctimas, siempre que ya hayan padecido martirio: hasta el día antes de matarles, eran meros crispadores (hoy mismo han detenido en el País Vasco a ocho etarras que se preparaban para hacernos pasar a unos cuantos de una a otra categoría). En los homenajes a las víctimas y en la educación para la paz que se dispone oficialmente (&lt;em&gt;risum teneatis&lt;/em&gt;) se omite la mención a ETA, el reconocimiento de la licitud del compromiso político anti-nacionalista por el que fueron asesinados y se sigue predicando la existencia de un “conflicto” político, cuya resolución al gusto nacionalista es el primer y único requisito para acabar con la violencia. Mientras, el departamento de educación local prepara un plan que consagra al euskera como única lengua materna realmente reconocida en la CAV. ¿Reconciliación? Su mejor imagen la tenemos en la actual &lt;em&gt;Korrika&lt;/em&gt;, financiada con dinero público y en la que, con el pretexto de potenciar la lengua, se exhiben todos los símbolos e imágenes del nacionalismo más radical. Un par de concejales socialistas de buena voluntad se avienen a tomar parte en el festejo y deben correr un trecho llevando detrás las fotos de quienes asesinaron a sus compañeros…
 
¿Se ha entregado ¡Basta Ya! a un nuevo fundamentalismo antigubernamental? Pregunto a mi vez: ¿alguien nos ha visto manifestándonos contra los matrimonios de homosexuales, o la Ley de Igualdad o la enseñanza laica y cívica? Si siempre hemos combatido contra la falta de libertades en el País Vasco y esa falta continúa, incluso agravada en algunos casos, ¿por qué debemos abandonar nuestras reivindicaciones y callar nuestra preocupación ante ciertas decisiones gubernamentales? Estamos acostumbrados a que se nos llame intransigentes y crispadores desde hace años, aunque gracias al movimiento cívico que impulsamos llegara a producirse el pacto antiterrorista y la ley de partidos. ¿Bloquea la exigencia de garantías y el rechazo de componendas al gusto de los violentos la paz o, lo que más nos importa a nosotros, el logro de la libertad? Conviene no olvidar que ahora, en la muy citada Irlanda, se ha llegado al armisticio no sólo merced al diálogo, sino también gracias a la suspensión de la autonomía y a la obstinación del denostado Ian Paisley, que finalmente ha conseguido que el Sinn Feinn acepte la policía y la legalidad que negaba. ¿Está mal denunciar a los cínicos? Aunque ¡Basta Ya! no ha llevado flores a la Plaza de la República Dominicana, no se extraña de que haya quien lo haga ahora y no hace veinte años, porque es ahora cuando se ha excarcelado al serial-killer De Juana Chaos. Hay que ser caradura para escandalizarse de algo tan obvio. Etc…
 
Schopenhauer inventó el dicterio de “criaturas ministeriales” para denigrar a los profesores más dedicados a justificar al gobierno que a practicar la honradez intelectual. El atrabiliario don Arturo exageró aplicándolo a Hegel o Schelling, pero el calificativo es útil. Hoy puede dedicarse a esos ideólogos entregados a desenmascarar supuestamente a los críticos de la política antiterrorista del gobierno, revelando con estrépito las máscaras carnavalescas de extrema derecha, reaccionarios y saboteadores de la paz que ellos mismos les han confeccionado. Cierto, vivimos una época de adhesiones inquebrantables y unanimidades a la soviética. Pero sólo puedo decirles una cosa: con ¡Basta Ya!, lo tienen claro.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los ideólogos del Carnaval </strong></p>
<p>FERNANDO SAVATER<br />
[<em>Basta Ya</em>, 30 de marzo de 2007]</p>
<p>Parece que hoy, en nuestro país, los ciudadanos sólo estamos de acuerdo en dos cosas: una, que hay un exceso alarmante de crispación y enfrentamiento maniqueo en la vida pública; dos, que esta situación es mala para la convivencia y para el funcionamiento de la democracia. A partir del diagnóstico compartido, los doctores difieren en cuanto al reparto de culpas y sobre todo en el tratamiento a seguir para sanar esta dolencia. En este tipo de polarizaciones, lo realista es admitir que los adversarios contribuyen cada cual por su lado a echar leña al fuego, provocando uno con su exceso la reacción desmesurada del otro y así en lo sucesivo. Acepto este planteamiento, pero quiero señalar en cualquier caso que tiene más clara obligación el gobierno de ganarse a la oposición que ésta de llevarse bien con el gobierno. Si hoy el país está casi partido por la mitad (ya está bien de repetir el estribillo “el PP se queda de nuevo solo”, porque están solos con sus diez millones de votantes, muchísimo más de lo que pueden reunir entre todos los partidos que apoyan al PSOE), habrá que señalar a la cabeza de los responsables a quien ocupa la responsabilidad máxima del gobierno. Seguramente no carece de virtudes y aciertos al presidente Zapatero, pero falta en esa lista el haber sabido propiciar la cohesión armónica en asuntos fundamentales de la plural sociedad española.</p>
<p>Los ideólogos que en los medios de comunicación emprenden la defensa de la gestión gubernamental establecen como punto de partida que la oposición ataca desaforadamente al ejecutivo porque no ha digerido su derrota del 11 M y quieren a toda costa su revancha, es decir, desalojarlo del poder (lo cual, por cierto, es lo que pretenden todas las oposiciones que en el mundo han sido, revanchistas o no). Como intentan ocultar los éxitos del gobierno en economía o asuntos sociales –es interesante señalar que ni los más adictos mencionan nunca la política antiterrorista entre estos grandes logros- el PP y sus adláteres acuden a proclamar falsedades como que “España se rompe” y “se han rendido ante ETA”. A partir de ahí, todo vale, etc, etc… Claro que también es posible leer todo el cuento al revés y concluir que los servicios auxiliares gubernamentales convierten a todos sus críticos en una horda atroz de extrema derecha y vociferante nacionalismo español para evitarse la molestia de analizar detenidamente los errores cometidos en administración territorial y lucha antiterrorista.</p>
<p>De la versión de los ideólogos pro-gubernamentales, los lectores de este diario ya tienen abundante noticia. En otros medios no menos unánimes pueden familiarizarse con la de quienes culpan al equipo de Zapatero de las peores intenciones y las más viles complicidades. Pero como algún entusiasta de los vivas de rigor ha mencionado a ¡Basta Ya! entre los apoyos inestimables del PP en sus peores empeños satanizadores, voy a permitirme como miembro de ese colectivo exponer –a título personal- una versión de la situación política actual algo distinta a las más habituales… y extremistas. Hago esta última mención porque estoy convencido de que entre los ciudadanos que votan a unos o a otros hay posturas más matizadas y autocríticas de lo que dejan entender las declaraciones de los portavoces. A ellos me dirijo.</p>
<p>¡Basta Ya! es un colectivo nacido de la resistencia <em>política</em> y no meramente moral contra el terrorismo: es decir, que no sólo hemos condenado como tantas personas decentes los crímenes y la extorsión sino que también hemos denunciado el nacionalismo obligatorio que se ha impuesto bajo el amparo del terror en el País Vasco y, por contagio oportunista, en otras comunidades españolas. Por ejemplo, yo no creo que la reforma del estatuto catalán y después de los demás vaya a “romper” España como creen algunos apocalípticos. Lo que pienso es que ciertamente la empeora, agudizando desigualdades y mutuos recelos. Dejando aparte las desmesuras de la <em>lunatic fringe</em> separatista, que por cierto ha adquirido en los últimos años una magnitud política y mediática que para nada se corresponde con su peso electoral, los nacionalistas no quieren romper el país sino obtener privilegios dentro de él. No se trata de matar a la vaca sino de ordeñarla al máximo y durante el mayor tiempo posible, lo cual es incompatible con hacerla filetes y consumirla de una sentada. Es la tradicional estrategia del caciquismo hispano, que consistía en que unos cuantos tuviesen vara alta sin interferencias en la demarcación que convertían en su cortijo a cambio de apoyar al gobierno complaciente en el parlamento estatal. El nacionalismo que hoy padecemos –el de los nacionalistas propiamente dichos y el de quienes ante su ejemplo no quieren quedarse atrás- es el viejo caciquismo, dotado de bandera y señas identitarias hipostasiadas. Como demuestran los resultados de los referendos estatutarios, es un proyecto que no entusiasma precisamente a la mayoría de la población en ninguna parte.</p>
<p>En el caso del País Vasco, que es el que más directamente nos afecta a los miembros de ¡Basta Ya!, puede constatarse que el nacionalismo obligatorio no ha decrecido con la disminución de los asesinatos –“sólo” tres últimamente- sino que se hace más irremisible y opresivo. Quizá Patxi López, Egiguren o algunos otros cargos políticos vivan hoy mas desahogadamente (aunque no hasta el punto de renunciar a sus escoltas, claro) pero la ciudadanía no nacionalista sigue viviendo en una semi-clandestinidad de facto en todos los terrenos. No hay concesiones conciliadoras para ellos. ETB o Radio Euskadi prosiguen marginando las voces de los escritores, artistas o simples particulares que representan opciones e iniciativas distintas a las del régimen establecido. Las personas desafectas no pueden aparecer en público para tomarse una copa en gran parte de las poblaciones de su propio país, como no sea acompañadas por los GEO. De la protección que se les ofrece da idea lo que le ha ocurrido a Antonio Aguirre y demás miembros del Foro de Ermua frente a la Audiencia de Bilbao: aunque sean media docena contra mil, son culpables de haber enturbiado la pacífica manifestación cuyo único objetivo era presionar indecentemente a los jueces y demostrar que no hay nada, ni legal ni ilegal, por encima de la santa voluntad nacionalista. Ahora el tripartito vasco homenajea a las víctimas, siempre que ya hayan padecido martirio: hasta el día antes de matarles, eran meros crispadores (hoy mismo han detenido en el País Vasco a ocho etarras que se preparaban para hacernos pasar a unos cuantos de una a otra categoría). En los homenajes a las víctimas y en la educación para la paz que se dispone oficialmente (<em>risum teneatis</em>) se omite la mención a ETA, el reconocimiento de la licitud del compromiso político anti-nacionalista por el que fueron asesinados y se sigue predicando la existencia de un “conflicto” político, cuya resolución al gusto nacionalista es el primer y único requisito para acabar con la violencia. Mientras, el departamento de educación local prepara un plan que consagra al euskera como única lengua materna realmente reconocida en la CAV. ¿Reconciliación? Su mejor imagen la tenemos en la actual <em>Korrika</em>, financiada con dinero público y en la que, con el pretexto de potenciar la lengua, se exhiben todos los símbolos e imágenes del nacionalismo más radical. Un par de concejales socialistas de buena voluntad se avienen a tomar parte en el festejo y deben correr un trecho llevando detrás las fotos de quienes asesinaron a sus compañeros…</p>
<p>¿Se ha entregado ¡Basta Ya! a un nuevo fundamentalismo antigubernamental? Pregunto a mi vez: ¿alguien nos ha visto manifestándonos contra los matrimonios de homosexuales, o la Ley de Igualdad o la enseñanza laica y cívica? Si siempre hemos combatido contra la falta de libertades en el País Vasco y esa falta continúa, incluso agravada en algunos casos, ¿por qué debemos abandonar nuestras reivindicaciones y callar nuestra preocupación ante ciertas decisiones gubernamentales? Estamos acostumbrados a que se nos llame intransigentes y crispadores desde hace años, aunque gracias al movimiento cívico que impulsamos llegara a producirse el pacto antiterrorista y la ley de partidos. ¿Bloquea la exigencia de garantías y el rechazo de componendas al gusto de los violentos la paz o, lo que más nos importa a nosotros, el logro de la libertad? Conviene no olvidar que ahora, en la muy citada Irlanda, se ha llegado al armisticio no sólo merced al diálogo, sino también gracias a la suspensión de la autonomía y a la obstinación del denostado Ian Paisley, que finalmente ha conseguido que el Sinn Feinn acepte la policía y la legalidad que negaba. ¿Está mal denunciar a los cínicos? Aunque ¡Basta Ya! no ha llevado flores a la Plaza de la República Dominicana, no se extraña de que haya quien lo haga ahora y no hace veinte años, porque es ahora cuando se ha excarcelado al serial-killer De Juana Chaos. Hay que ser caradura para escandalizarse de algo tan obvio. Etc…</p>
<p>Schopenhauer inventó el dicterio de “criaturas ministeriales” para denigrar a los profesores más dedicados a justificar al gobierno que a practicar la honradez intelectual. El atrabiliario don Arturo exageró aplicándolo a Hegel o Schelling, pero el calificativo es útil. Hoy puede dedicarse a esos ideólogos entregados a desenmascarar supuestamente a los críticos de la política antiterrorista del gobierno, revelando con estrépito las máscaras carnavalescas de extrema derecha, reaccionarios y saboteadores de la paz que ellos mismos les han confeccionado. Cierto, vivimos una época de adhesiones inquebrantables y unanimidades a la soviética. Pero sólo puedo decirles una cosa: con ¡Basta Ya!, lo tienen claro.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: harta</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11274</link>
		<dc:creator>harta</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2007 15:01:06 +0000</pubDate>
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		<description>Es que ya no se acuerdan de lo que era el PP cuando gobernaba???
No tuvieron bastante con ocho años que quieren más???</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Es que ya no se acuerdan de lo que era el PP cuando gobernaba???<br />
No tuvieron bastante con ocho años que quieren más???</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Robaina I</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11266</link>
		<dc:creator>Robaina I</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2007 10:55:46 +0000</pubDate>
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		<description>Si no tuviera razón Marsá tendría que ser falso que los beneficios de las empresas suben mucho más que los sueldos de los trabajadores.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Si no tuviera razón Marsá tendría que ser falso que los beneficios de las empresas suben mucho más que los sueldos de los trabajadores.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: averroes</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11265</link>
		<dc:creator>averroes</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2007 10:50:22 +0000</pubDate>
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		<description>Me temo Daniela que Jorge tiene aquí toda la razón. De hecho la elección como ministro de economía de un socialista tan poco sospechoso de "reformismo" como Solbes, ha sido motivada por esa necesidad de continuidad en cuanto a política económica. No olvidemos que Rodrigo Rato heredó las bases económicas que el mismo Solbes en su última etapa como ministro de Economía de González sentó en el país para los cambios que desde la UE se pedían a España. En realidad, en cuanto apolítica económica Psoe y PP son dos caras de una misma moneda.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Me temo Daniela que Jorge tiene aquí toda la razón. De hecho la elección como ministro de economía de un socialista tan poco sospechoso de &#8220;reformismo&#8221; como Solbes, ha sido motivada por esa necesidad de continuidad en cuanto a política económica. No olvidemos que Rodrigo Rato heredó las bases económicas que el mismo Solbes en su última etapa como ministro de Economía de González sentó en el país para los cambios que desde la UE se pedían a España. En realidad, en cuanto apolítica económica Psoe y PP son dos caras de una misma moneda.</p>
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		<title>Por: Daniela</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2007/03/29/pocas-diferencias/#comment-11256</link>
		<dc:creator>Daniela</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2007 10:13:55 +0000</pubDate>
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		<description>No me gusta la política económica de los socialistas y estoy de acuerdo en que no es muy de izquierdas, pero me parece una exageración decir que es igual que la que hacía el PP, no creo que sean "tan pocas" las diferencias "entre la España de Aznar y la de Zapatero en el terreno de la economía".</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No me gusta la política económica de los socialistas y estoy de acuerdo en que no es muy de izquierdas, pero me parece una exageración decir que es igual que la que hacía el PP, no creo que sean &#8220;tan pocas&#8221; las diferencias &#8220;entre la España de Aznar y la de Zapatero en el terreno de la economía&#8221;.</p>
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