Delia Cabrera
El pasado lunes se citaban en un artículo de este blog las palabras de una manifestante que celebraba el Día Mundial contra la Discriminación Racial para justificar el uso del hiyab o velo islámico: “Es importante para nosotras porque es un símbolo de respeto a la mujer. A veces esto no se entiende en un país occidental”.
No cabe dudar de que, en efecto, se trata de un símbolo, pero está muy lejos de resultar evidente qué sea lo que se pretende simbolizar, dado que su uso en los países musulmanes (en algunos de los cuales es obligatorio) ni es homogéneo ni remite a idénticas convenciones sociales, hasta el punto de que parte del feminismo árabe ha abogado por el desvelamiento, al considerar esta prenda como un símbolo de la opresión de las mujeres.
No obstante, merece la pena dar por bueno el significado propuesto y aceptar que, en efecto, se trata de un símbolo de respeto, para, a continuación, preguntar: ¿merecen las mujeres ser receptoras de respeto por parte de los hombres? Hablo, por supuesto, de un respeto diferenciado de la consideración que nos merecen las personas por ser tales. Si la respuesta es afirmativa, hay que preguntarse: ¿por qué ese merecimiento y cómo se concreta?
A la primera pregunta sólo se me ocurre una posible respuesta: las mujeres merecen respeto por ser mujeres; por ser diferentes a los hombres, a los niños y, pongamos por ejemplo, a los canguros o a las hormigas.
Pero también es un hecho indubitable que los hombres y los niños son diferentes de las mujeres y, por seguir con el ejemplo, de los canguros y las hormigas. Sin embargo, en el caso de los hombres, esta diferencia, tan simétrica respecto a la anterior, no requiere expresarse socialmente a través del uso de una prenda concreta. Al parecer, los hombres no ven la necesidad de demostrar a través de un símbolo que son respetados. En el de los niños, donde se rompe la simetría, no es respeto lo que ofrecemos, sino la protección y los cuidados que requieren por su situación transitoria de dependencia y falta de autonomía.
Por consiguiente, si el velo es un símbolo de respeto, o bien los hombres no lo merecen, lo cual es, obviamente, falso, o no se entiende por qué han de usarlo las mujeres para expresar un respeto al que tendrían el mismo derecho que los hombres, incluso si omitieran su uso. Llegamos así a un callejón con una única salida: reconocer que el velo islámico no es, como se pretende, el símbolo que expresa un respeto cuya existencia previa se da por descontado, sino que es su uso el que confiere respeto a quien lo lleva.
Conceder que es el uso del velo el que otorga respetabilidad nos conduce a comprender que exista una presión social para llevarlo, y que ésta esté interiorizada por las propias mujeres, porque desvelarse marca a quien lo haga como “no respetable”, privándole así de una consideración a la que todos aspiramos.
Y es esta presión social para convertir en norma el uso del velo lo que pone en duda la libertad de quienes lo defienden. Pero, además, y creo que esto es lo fundamental, sólo se es libre de hacer algo cuando dejar de hacerlo no acarrea consecuencias. Con el añadido de que no podríamos justificar moralmente nuestra libertad para hacer algo (usar el velo) sin estar obligados a defender la libertad de otros a no hacerlo, una libertad de la que carecen las mujeres en muchos países musulmanes. En todos los idiomas, un comportamiento así sería tildado de insolidario. Y la insolidaridad no es digna de respeto, espero que tanto en Oriente como en Occidente.
chapapote
10:39 | 29 Marzo 2007 | Permalink
Pero bueno, ¿otra que se niega a respetar la identidad cultural de las musulmanas? Pues que no dude que se llevará su merecido por su osadía.
Robaina I
12:01 | 29 Marzo 2007 | Permalink
Que traquina con la identidad cultural, que no puede leer tranquilamente el artículo que es buenisimo?
Eduardo Ruíz
13:11 | 29 Marzo 2007 | Permalink
El fondo del artículo coincide con lo que personalmente siempre he considerado como “machismo soterrado”, es el propio de los hombres que creen que las mujeres son esos pobres seres desvalidos a los que hay que defender porque ellas mismas no pueden. Señores, en un estado de derecho, las mujeres no necesitan a nadie que las defienda… lo hacen ellas solitas (o con un abogado, como todo hijo de vecino). Por supuesto, siempre puede haber energúmenos que hagan valer su fuerza física, pero ese es otro tema, del que nadie es inmune. Lo que para mí es muy criticable es esa actitud de caballero andante que en el fondo no puede dejar de ver a las mujeres como pobrecitas florecillas frágiles a las que rescatar y así alimentar el propio ego. Lo que hay que hacer es sentar las bases para que cualquier individuo, independientemente de su sexo, raza, etc… tenga los mismos derechos y las mismas obligaciones… ni más ni menos. Lo de la paridad entre sexos en cargos públicos, por ejemplo, si yo fuera mujer lo vería como un insulto hacia las de mi sexo. O sea, nos toman por tan inutiles que nos tienen que guardar puestos en el gobierno, ya que suponen que por nosotras mismas no lo vamos a conseguir jamás. Pues no. Cualquier individuo se puede presentar a unas elecciones y tiene las mismas posibilidades que cualquier otro.
Otra cosa, por ejemplo, es obligar a las empresas a que un porcetaje de su plantilla esté formada por personas con alguna minusvalía. Los minusválidos sí podrian tener problemas, precisamente debido a su minusvalia, y es justo ofrecerles un trato de favor. Pero las mujeres, que yo sepa, no son minusválidas, así que nadie tiene por qué regalarles nada… ni ellas deberían aceptarlo, por propio orgullo.
Y respecto a lo del pañuelo, qué quieren que les diga. Cada uno es libre de vestir como quiera, siempre que no moleste a los demás. Y a mí, que una mujer vaya con un trapo en la cabeza pues como que no me molesta. Hay tipos que insisten en llevar horribles alpargatas, para mi gusto, sólo porque son muy canarias. Ahora, si me dices que visten así por obligación es otro tema, pero creo que en este pais no hay ninguna ley que diga como tiene que vestir cada cual (siempre que no vayas desnudo). Así que estas mujeres, si conocieran sus derechos, y probablemente los conocen, sabrían que el pañuelo es una opción, no una obligación. Lo del velo y el burka es otro asunto, porque eso es como ir con una careta por la calle, y es perfectamente exigible que se nos pida a todos ir con la cara descubierta para evitar impunidades ante los quebrantos de la ley.