Roberto L. Blanco Valdés
[La Voz de Galicia, 28 de febrero de 2007]
El día que se escriba la historia de esta segunda descentralización en la que estamos, alguien habrá de explicar cómo fue que muchas personas razonables acabaron haciendo, al parecer plenamente convencidas, cosas insensatas. Por ejemplo, la que ayer tuvo a Madrid por escenario.
¿Y que pasó ayer en nuestra capital? Pues pasó que se constituyó la comisión del Estado y la Generalitat de Cataluña que debe decidir las inversiones en infraestructuras del primero en la segunda. Para entendernos: la comisión que acordará cómo habrá de gastarse el Estado el dinero de sus presupuestos en una de las comunidades españolas.
Ustedes, que son sabios y juiciosos, se preguntarán cómo es posible que el Estado deba consultar con las autoridades catalanas la forma en que deberá distribuir sus presupuestos en el conjunto del país. Alguien quizá llegue incluso a imaginar que tan fantástica ocurrencia ha sido el fruto de una noche de cubatas entre los responsables de los Gobiernos español y catalán, quienes, en el arrebato de una pasión territorial irrefrenable, habrían perdido la razón.
Pero no. La constitución de la citada comisión es la consecuencia de una previsión del nuevo Estatuto catalán que, además de resultar inconstitucional, supone una locura. El Estatuto dispone, en efecto, los criterios con arreglo a los cuales deberán gastarse los dineros de los presupuestos del Estado, dineros que, como su propio nombre indica, son del Estado y que, por serlo, han de ser administrados por el Gobierno del Estado y por las Cortes y no por las autoridades catalanas.
¿Se imaginan, por un minuto, que a algún valiente se le ocurriera proponer que el Estado debería meter los fociños en el modo en que Cataluña dispone de sus presupuestos autonómicos? No, seguro que no se lo imaginan, pues ya no quedan en España valientes de temeridad tan portentosa.
En todo caso, no acaban ahí nuestras desgracias. Si el sistema que prevé el Estatut se restringiera a Cataluña, el resultado sería injusto, desde luego, pero resultaría practicable. ¡Abandonen toda esperanza! El sistema catalán lo ha previsto ya también el Estatuto de Andalucía recientemente refrendado en fantasmal consulta popular y lo establecerán, antes o después, todas las restantes comunidades españolas que, con razón, no querrán ser menos que las dos adelantadas.
Cuando llegue tal momento, con diecisiete comisiones funcionando, España será un constante ir y venir de comisionados estatales y autonómicos. Será, por supuesto, una completa chaladura. Algo así como las pistas de aquellos coches de choques que se llamaban en mi pueblo los cochitos.
solosino
9:02 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Cochitos chocones, señor, cochitos chocones. Y es que así vamos a estar, chocando unos contra otros hasta que nos odiemos lo bastante como para no querer vernos ni en pintura. Y cuando no nos podamos ver ni en pintura españa sólo será una cosa del pasado, que es justo lo que desean los nacionalistas. Y cuando españa sea una cosa del pasado veremos como nos lo montamos por separado, a ver si sabemos ser igual de competitivos en el contexto europeo y mundial. Especialmente, tengo curiosidad por ver como nos lo montaremos los canarios aquí al ladito de un continente tan desequilibrante como el africano. ¿A quién pediremos ayuda? Tiemblo de pensar en que los conejeros seremos más dependientes de los canariones y de los chicharreros que nunca. No es por nada, pero prefiero madrid.
alfil
9:39 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Solosino, los nacionalistas no quieren separarse de España realmente, ese es el mensaje popular que sueltan, es lo que vende por así decirlo. Recurren al viejo tópico del enemigo grande al que hay que combatir desde nuestra particular identidad e idiosincrasia. Pero ellos saben que necesitan España, necesitan al resto de comunidades que forman España. ¿Por qué crees que CC está tan dispuesta a pactar con los del PP? ¿Tú crees que un pacto así tendría sentido si los de CC aspirasen realmente a separarse de España?
Aquí de lo que se trata es de pedir más para tu comunidad autónoma. De exigir más para ti, a costa de los demás… y el voto nacionalista es eso justamente lo que busca. Lo que pasa es que lo que empieza de este modo no se sabe como puede acabar. Las exigencias de cada comunidad, todas ellas gobernadas por partidos políticos nacionalistas, van aumentando año tras año. Hasta ahora el gobierno central ha podido hacer malabarismos más o menos, pero si el fenómeno sigue aumentando, como así está sucediendo, al final conseguir compatibilizar las exigencias de todos va a ser imposible.
chino cudeiro
10:06 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Pero ustedes estarán de acuerdo conmigo en que si el resto de comunidades exigen más para sí mismas, Canarias tiene el derecho, y hasta la obligación, de reivindicarse a sí misma. ¿Qué se supone que tenemos que hacer, quedarnos tranquilamente viendo como los demás se quedan con la parte más importante de los presupuestos, con las inversiones más jugosas, con las leyes que más les benefician? Yo veo los partidos nacionalistas como ese impulso natural que el ser humano tiene para reivindicarse a sí mismo. Vale que puede resultar insolidario o egoista, pero si la cosa se sabe encauzar bien y no se saca de madre, la lucha individualista al final consigue beneficiar al conjunto. Por eso yo creo que es importante que haya unos partidos centrales fuertes, que mantengan cohesionado al conjunto, pero también me parece igual de importante que haya unos partidos nacionalistas que no se conformen nunca con lo que tienen, sino que siempre exigan más para sí mismos. Las dos cosas pueden ser compatibles, siempre y cuando, como he dicho antes, no llevemos las situaciones a extremos irreversibles.
Pedro G
11:05 | 1 Marzo 2007 | Permalink
El artículo me parece un resumen claro y conciso de en qué consiste el proyecto de la España plural de Zapatero y Maragall.
solosino
11:13 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Chino, chino… la verdad es que no me gusta meterme contigo porque reconozco que sueles ser hábil argumentando. Pero es que hay cosas que para mí son indefendibles. Vamos a ver, dices que la lucha individualista suele beneficiar al conjunto, pero ¿qué pasa cuando no es así? ¿qué pasa cuando esa lucha en vez de beneficiarnos a todos nos pone en peligro? Por ejemplo, la lucha individualista de las empresas se supone que nos tiene que beneficiar a todos, porque si ellas se esmeran al competir unas contra otras, ofrecerán cada vez mejores productos. ¿Pero qué pasa cuando esta lucha se lleva por delante cosas que necesitamos todos, como es el medio ambiente? Tú me dirás, bueno, para eso están las normativas y las leyes, que fundamentan el contexto en el que la lucha individualista se debe librar, para que la cosa no se salga de madre, como tú dices.
Pero es que justamente la cosa se está saliendo de madre. Hace mucho que se salío de madre. A nivel medio ambiental hace mucho que sabemos que la libre competencia entre empresas lo que ha hecho ha sido generar unos enormes monstruos capaces de saltarse a la torera los contextos legales, o de influir decisivamente para que dichos contextos sean como ellos quieren que sean.
Y en el terreno político, hablando de los nacionalismos, pasa tres cuartos de lo mismo. No te digo que si fuéramos capaces de mantener ese equilibrio del que hablas entre fuerzas nacionalistas y fuerzas centrales la cosa podría funcionar indefinidamente. Pero no va a ser así. Las fuerzas nacionalistas cada vez son más fuertes en España… y seguirán siéndolo. Si esta tendencia continua así, las fuerzas centrales no tendrán el peso gravitatorio suficiente para compensar la energía disgregadora de las otras. Si fuéramos capaces de garantizar que el equilibrio va a seguir manteniéndose indefinidamente yo estaría de acuerdo contigo en que unos y otros son necesarios… pero cuando uno ve que los nacionalismos están a punto de romper el equilibrio no puede evitar verlos como una amenaza.
chino cudeiro
12:01 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Solosino, agradezco lo que dices de que soy hábil argumentando. No creo serlo mejor que tú, en cualquier caso, pero bueno… a lo que iba.
Creo que te equivocas ofreciendo una visión tan apocalíptica de los nacionalismos. Yo no creo, ni mucho menos, que estén a punto de romper ese equilibrio del que hablamos. Si te fijas en las últimas elecciones, y en la intención de voto de las próximas, en casi todos sitios las fuerzas centrales tienen un peso específico muy importante, las más de las veces muy superior a las nacionalistas. Incluso en Cataluña o en el País Vasco, las dos comunidades más nacionalistas de todas, incluso en estos lugares, digo, las fuerzas centrales llegan casi, y sin casi, a la mitad de la tarta electoral.
Sinceramente creo que el equilibrio puede mantenerse durante mucho tiempo, siempre y cuando ni unos ni otros caigan en catastrofismos y en nerviosismos innecesarios. Si todos somos conscientes de que nos necesitamos, con nuestras diferencias y nuestros encuentros, pero sobretodo con nuestras diferencias, podremos navegar a bordo del mismo barco sin necesidad de acabar a puñetazo limpio. Son los comportamientos radicales los que deben ser extirpados del sistema a toda costa, tanto los de un bando como los del otro. Porque estos sí suponen un verdadero peligro, capaz de acabar con cualquier equilibrio. Y es ahí donde debemos aunar esfuerzos.
Respecto a lo de las empresas, no seré yo quien te quite la razón en eso. Pero no sé hasta qué punto una cosa y otra son comparables. La lucha individualista de las empresas debe ser contenida, regida, contextualizada o como queramos llamarlo por un poder político fuerte. Eso está claro. Si el poder político es débil, el poder empresarial puede influir con más fácilidad en la toma de decisiones políticas. Pero un poder político sólo es realmente fuerte cuando tiene detrás a toda la ciudadanía, cuando cada ciudadano se siente político y entre todos hacemos piña para que nadie pueda cometer actos que nos perjudiquen a todos. En cualquier caso, no creo que esto tenga nada que ver con el nacionalismo. Un poder político fuerte puede ser de un signo o de otro, lo único que se le pide es que esté respaldado por una población involucrada en un proyecto común. Si la ciudadanía contempla la política como algo ajeno, un juego que se traen entre manos unos cuantos, entonces es cuando todos quedamos a merced de lo que el poder empresarial decida hacer.
solosino
14:43 | 1 Marzo 2007 | Permalink
No quitaré mérito a lo que comentas. Da gusto discutir con alguien que defiende tesis nacionalistas sin ponerse a la defensiva ni caer en el victimismo barato. Eso es de agradecer.
Ahora bien, no creo haber mostrado una visión apocalíptica de nada. No era mi intención, al menos. Estoy de acuerdo contigo en que el verdadero peligro procede de los comportamientos violentos y de los más extremos, contra los que hay que aunar fuerzas. Tampoco estoy diciendo que los nacionalistas sean unos individuos malvados y egoistas que sólo miran por lo suyo. No es eso. Lo que yo digo es que, casi sin querer, en España ha ido creciendo un fenómeno desprestigiador de la misma idea de España. Muchos siguen viendo esa cosa llamada España como un legado del franquismo más rancio, cuando España era una cosa que existía de mucho antes. De todos modos eso da igual. De lo que se trata es de que uniendo fuerzas es como se consiguen más cosas. Y los hechos son que si las diecisiete comunidades autónomas que formamos España fuéramos naciones indendientes, o estados o países o como sea que le llamen, ahora mismo no tendríamos la calidad de vida que tenemos. Ni de lejos. Lo mismo que China no se estaría convirtiendo en lo que se está convirtiendo si no hubiera existido una vez un proceso unificador que convirtió un montón de territorios independientes en un sólo estado fuerte. Tres cuartos de lo mismo se puede decir respecto a Estados Unidos. ¿Qué habría sido de Estados Unidos si se hubieran separado el norte y el sur? Seguramente ahora no serían los reyes del mambo.
Pues eso, que los nacionalistas pretenden separar, desunir, cuando justamente lo que tendríamos que hacer es todo lo contrario. Porque, además, es rotundamente falso que la independencia de Canarias, por ejemplo, significaría más libertad para los canarios. Lo único que pasaría si fuéramos independientes es que los caciques locales serían mucho más fuertes y que la población acabaría estallando violentamente harta de tanto chanchullo y tanto mamoneo. Es decir, estaríamos inmersos en continuas luchas intestinas por hacernos con el poder, como ocurre en la mayoría de paises pequeños de nuevo cuño.
Yo sé que los nacionalistas en realidad no pretenden nada de esto. Que ellos se conforman con conseguir un pedazo mayor de la tarta presupuestaria, más ayudas, más inversiones y esas cosas. Pero es que creo que el suyo es un juego demasiado peligroso. Un juego que estaba bien cuando sólo lo jugaban cataluña el país vasco y canarias, las únicas comunidades que tenían representación significativa de signo nacionalista en el congreso de los diputados. Pero ahora que en dicho congreso hay nacionalistas de todas las comunidades, estamos como al principio, pero mucho peor. Todos quieren más, todos exigen más, y como todos no podrán conseguir más, caerán presos de sus mismas tesis en una vorágine dialéctica cada vez más independentista. Vale, puede que después de todo mi visión sea algo catastrofista, y ojalá esté equivocado completamente, pero así es como yo veo las cosas.
Taguo
18:06 | 1 Marzo 2007 | Permalink
¿Es verdad o mentira que los asuntos que se gobiernan desde Canarias mejoran con respecto a cuando dependían del Estado? Fíjense que la gran mayoría de los asuntos que preocupan a la ciudadanía canaria son cuestiones todavía dependientes del Gobierno del Estado: seguridad ciudadana, control de inmigración, entrada de mercancías, tráfico de buques con mercancías peligrosas por nuestras aguas, comunicaciones aéreas y marítimas…
chino cudeiro
18:24 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Solosino, yo no defiendo las tesis nacionalistas. Lo que defiendo es la pluralidad. Defiendo una sociedad en la que pueda haber nacionalistas y no nacionalistas, sin que ni unos ni otros tengan que luchar por erradicarse entre sí. De todos modos ahora mismo tenemos un problema bastante grave que urge resolver, al margen de nacionalismos y no nacionalismos. Digo yo que podríamos hacer un kit kat en todo este asunto y dedicarnos a detener el cambio climático, aunque sólo sea para que podamos seguir luego con nuestras disputas.
solosino
18:34 | 1 Marzo 2007 | Permalink
Taguo, aquí tienes un enlace en el que se discutió eso de lo que estás hablando. Tal vez te interese echarle un vistazo y tengas algo que decir al respecto.
http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=952