Fran Pérez
Hablar de Servicios Sociales en esta isla puede caer en saco roto o en oídos sordos, tanto da. No sólo porque se aprecia desde hace mucho tiempo el total desinterés hacia el sector por parte de los gestores políticos y sus opositores; la misma ciudadanía y, aun más, los elementos críticos de la misma, periodistas incluidos, han hecho de los Servicios Sociales un tema relegado a los estantes de cuestiones menores.
Políticamente decir que los Servicios Sociales son una cuestión menor equivale a decir que los Servicios Sociales son el problema de una población (pobre, delincuente, discapacitada, anciana, etc.) carente de rentabilidad electoral. Y basta comprobar cómo está la organización de la cosa para llegar a tales conclusiones prejuiciosas sin ser necesariamente experto en el tema.
Que la isla adolece de un proyecto claro y sólido de lo que quiere y de cómo lo va a conseguir en materia de política social es una realidad que detectas a poco que seas usuario crítico o bien un profesional responsable de alguno de estos servicios. Y aunque la mayoría de la gente identifique infraestructura con estructura, edificio con proyecto, deberíamos saber que para el caso de Lanzarote y sus Servicios Sociales esta asociación es, en la práctica, inconveniente e imposible.
No sólo destacamos por tener uno de los más ineficientes Servicios del Bienestar Social del archipiélago sino que la falta de una estructura consolidada, profesionalizada, coordinada, visible y eficaz de Servicios Sociales ha hecho que nuestra isla sea conocida, al menos en cuanto a política social se refiere, como la isla de las oportunidades perdidas. ¿Y qué oportunidades hemos perdido? Principalmente la modernización y la profesionalización de un sector crucial para la ciudadanía.
Ya no es que por tradición los Servicios Sociales sean pasto de la mediocridad política (de todos es bien conocido que la responsabilidad política de los Servicios Sociales, llámese concejalía o consejería, siempre recae en la persona más irrelevante del buró) sino que en los últimos tiempos asistimos a una inconmensurable mediocridad técnica alimentada por el nepotismo, el oportunismo y el todo vale. En este contexto es casi natural que la política social en Lanzarote sea una política caracterizada por la improvisación, el paternalismo populista y la descoordinación de los recursos de los que se sirve para cumplir sus supuestos objetivos.
Ahora que llegan las elecciones y llegan con ellas las promesas sociales, la ciudadanía lanzaroteña debería exigir gestores políticos preparados, capaces de coordinar a un equipo técnico con formación y experiencia solventes, capaces de desarrollar una política social basada en la prospectiva y en la intervención estratégica, un política social que tenga como prioridades la prevención de problemas sociales y el desarrollo y la ampliación de derechos sociales y civiles, una política basada en la investigación social y en la creatividad e innovación de sus propuestas de acción.
Que conste que la crítica contenida en el artículo no tiene por objeto cuestionar la labor de aislados y muy concretos profesionales que a día de hoy desempeñan su tarea en los Servicios Sociales de Lanzarote. La crítica tiene el objetivo de denunciar el abandono político de un tema crucial para el choteado “desarrollo sostenible” que tanto preocupa a esta sociedad del ladrillo.
Pedro G
9:38 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Me parece que Fran Pérez tiene toda la razón en lo que plantea. Donde veo más problema, mucho más, en en la receta: “Ahora que llegan las elecciones y llegan con ellas las promesas sociales, la ciudadanía lanzaroteña debería exigir gestores políticos preparados”. Así dicho, parece también razonable, pero en realidad no es más que pura utopía. Porque no hay más que ver las candidaturas de los partidos, de todos, para comprobar que se caracterizan por la casi completa ausencia entre sus integrantes de “políticos preparados” o, lo que es lo mismo, que están llenas de incapaces. Por lo tanto, va a resultar muy difícil exigir lo que no hay, lo que los partidos no pueden darnos porque no lo tienen.
www.lanzalo.net
10:29 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Los Servicios Sociales de la vergüenza…
Hablar de Servicios Sociales en esta isla puede caer en saco roto o en oídos sordos, tanto da. No sólo porque se aprecia desde hace mucho tiempo el total desinterés hacia el sector por parte de los gestores políticos y sus opositores; la misma ciud…
chino cudeiro
10:49 | 27 Febrero 2007 | Permalink
¿Y todavía se sorprenden? Cuando el único partido que se hace llamar explícitamente socialista confunde lo social con lo popular y cuando el resto de siglas ni siquiera consideran lo social como una opción, muy raro sería que hubiera otra cosa que la que tenemos.
Luis
13:45 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Partiendo de la base de que casi ningún político en la isla tiene alguna idea sobre lo que va a gestionar (y lo poco que aprende, lo hace sobre la marcha), la escasa relevancia que se le da a este tema en el reparto de responsabilidades, como bien señala fran, se debe a que para el conjunto de los votantes este es un tema menor. Lo que la mayoría de la gente quiere es tener la miseria lejos. Punto. Que una buena gestión acabará repercutiendo al conjunto de la isla y beneficiando a la generalidad es una obviedad que no es tan obvia para la mayoría.
Solo nos queda confiar en el sentido común de los técnicos, pero con el enchufismo el sentido común se seguira yendo por la barranquilla.
Fernando Marcet Manrique
22:17 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Personalmente coincido en la importancia que unos servicios sociales eficaces tienen para cualquier sociedad que se autoproclame civilizada.
A nivel político yo encuentro este tema bastante análogo a la problemática medio ambiental. Las medidas que exigirían satisfacer estas cuestiones son medidas muy poco espectaculares para la opinión pública y sin embargo tremendamente costosas para cualquier entidad pública. Y no justifico, simplemente digo las cosas como creo que son.
Yo me imagino que cuando uno forma parte de un ente público y tiene que tomar una serie de decisiones respecto a una cantidad de dinero y unos proyectos que acometer se enfrentará a una dicotomía clara. Hacemos lo que más popular resulte, y por tanto nos asegure el puesto de trabajo durante cuatro años más, o hacemos lo que la sociedad necesita, aunque no lo agradezca porque ni se va a enterar en su mayor parte. A veces ambos puntos coinciden y entonces no hay dicotomía ninguna. El triunfo de la democracia representativa, hacemos lo que el pueblo demanda y lo que el pueblo demanda coincide con lo que la sociedad más necesita. A veces sucede. Pero sólo a veces.
Por eso, un político debería tener la sangre fría, el coraje, incluso yo diría que la grave responsabilidad moral, de invertir todos sus esfuerzos en aquellos aspectos que él sinceramente piensa que son los más adecuados para el conjunto de la sociedad. Aun cuando tenga la absoluta certeza de que hacer eso no va a reportarle ningún beneficio.
No estoy hablando aquí de que el político deba ir permanentemente contra corriente, sino de que esté dispuesto a dejar su puesto como personaje público electo a disposición de otro sin ningún problema. Es decir, que actúe únicamente según lo que él cree correcto ,no lo que él cree que la gente más pide. Luego sucederá que lo que él considere correcto resultará más o menos conveniente, pero al menos tendrá la satisfacción de saber que jamás se dejó llevar por las veleidades de las encuestas en pos del regalo al oído fácil (que por otro lado tampoco consigue).
Porque lo contrario, es decir, unos políticos que se dirigen todos según las mismas peticiones populares, lo único que consigue es, primero, convertirles en presa fácil de la ira y la burla ciudadana, pues sabido es que cuando uno más zalamero se muestra peor cae a la gente, y segundo homogeneizarlos de puertas para fuera. El típico “todos son iguales” tiene, para mí, su origen en esta absoluta pleitesía que hacia las encuestas muestran los políticos de hoy en día.
Creo yo que sólo cuando acabe este culto a las encuestas por parte de los políticos empezarán a preocuparse de esos otros temas ocultos, pero que sin embargo tan cruciales son para todos nosotros.