Jorge Marsá
[Publicado también en Basta Ya]
El puritanismo se asoció siempre con personas de talante reaccionario y retrógrado. Sin embargo, hace ya un tiempo que los puritanos de izquierdas reclaman un puesto de vanguardia en el combate para erradicar las prácticas “contra la moralidad”. Lo curioso es que parece que los de ahora y los de otrora coinciden en los manjares que mayor disfrute proporcionan a sus no muy finos paladares: la prostitución, la pornografía y las excitantes imágenes de la publicidad. Siempre obsesionados con el sexo.
A las putas se las persigue, faltaría más, por su bien. Antes, para librarlas del pecado que las condenaba, y en defensa de no se sabe muy bien qué visión de la decencia pública. Ahora, se estigmatiza a las putas de forma más radical, por su condición de mujeres: sostienen los nuevos puritanos que su trabajo es “una actividad indigna y degradante para las mujeres”. Así que, liderados por el gubernamental Instituto de la Mujer, se proponen estos nuevos cruzados de la moral lo mismo que los antiguos: prohibir la prostitución. Y la semana pasada lograron que el Congreso de los Diputados recomiende que no se regularice la prostitución en España. Un éxito para quienes no conciben, hoy como ayer, que la libertad de las personas pueda anteponerse en el espacio público a su muy estrecha moralidad.
La cruzada emprendida contra las putas se sostiene sobre un par de ideas: la primera es la de que son las mafias las que obligan a ejercer la prostitución a muchas de las mujeres que la practican. Obvia resulta la necesidad de combatir esos comportamientos mafiosos, perseguir a sus impulsores y, sobre todo, proteger a sus víctimas. Pero obvio debería resultar también que no se puede perseguir al conjunto de personas que realiza una actividad porque algunas de ellas infrinjan la ley, que un colectivo no es responsable de los delitos que cometa cualquiera de sus integrantes.
De ese primer argumento deducen el segundo: la mayoría de las prostitutas desearía realizar otro trabajo. No hay vocación, nos dicen: “la prostitución se nutre de la pobreza”. Y uno se imagina la vocación del minero por su trabajo, y la cantidad de mujeres ricas que se ponen a servir porque tienen vocación de asistenta. De la pobreza o de las desigualdades de la sociedad se nutren buena parte de los trabajos que hacen las personas, que seguro que, de poder elegir, se dedicarían a otra cosa, como dicen los puritanos que harían las putas.
Nadie sabe de dónde se han sacado los números, pero insisten en que el 95% de quienes se dedican a la profesión no desearía hacerlo. Ahora bien, existe un problema en el que los muy correctos y correctas se niegan a entrar: ¿qué ocurre con el 5% que sí elige libremente dedicarse a la prostitución? Pues que no puede ser, que han decidido que esa actividad resulta indigna y degradante para las mujeres y que, por lo tanto, no puede consentirse, legalizarse. No pueden reconocer que hay mujeres que ejercen la prostitución porque quieren o porque les conviene, como no pueden aceptar entre sus argumentos que también hay hombres que la practican y que es creciente el número de mujeres que recurre a sus servicios. No pueden aceptarlo porque se desmorona toda la campaña. En realidad, porque se demuestra que esa persecución de las putas y de sus clientes se sustenta fundamentalmente en el ataque a la libertad de las personas que ha caracterizado siempre la conducta de los puritanos de cualquier pelaje. Se niegan a aceptar que dos personas libres puedan acordar intercambiar sexo por dinero, simplemente, porque les resulta moralmente reprobable que lo hagan, y tratan de que prevalezca su muy particular moral sobre la libertad de los individuos para practicar la sexualidad como les venga en gana.
Afortunadamente, y aunque no lo parezca en la España de Zapatero, no son éstas las únicas feministas que existen. Otras hay que carecen de esa obsesión por perseguir y castigar a quienes no se pliegan a su norma moral. Las Otras Feministas se pronunciaban hace cerca de un año sobre esta cuestión: “Contemplamos con preocupación las posiciones del Instituto de la Mujer sobre la prostitución, a la que considera una actividad indigna y degradante. Estas ideas, en línea con el feminismo puritano de reforma moral de fines del XIX, brindan una excusa para mantener las pésimas condiciones en las que las prostitutas ejercen su trabajo” (“Un feminismo que también existe”, El País, 18-03-06).
Esa debería ser la cuestión principal, la preocupación por las mujeres que ejercen la prostitución, por las condiciones en que lo hacen y la defensa de su libertad, o de su necesidad, para realizar ese trabajo. Las feministas puritanas prefieren dedicarse al placer moral que proporciona hacerle la vida imposible a las putas. No es novedad; siempre fue así, y siempre fueron así los puritanos. De lo que se trata es, también como siempre, de que los defensores de las libertades combatan el puritanismo reaccionario que impide legalizar la que llaman profesión más antigua del mundo.
La peluquera
16:25 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Nunca creí que un artículo pudiera hacerme cambiar de idea tan radicalmente, de siempre estuve contra la prostitución y Marsá me ha demostrado que estaba equivocada. Mi felicitación.
Carmen Delgado
17:54 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Marsá es muy habil con las palabras, pero tú imaginate que tuvieras ganarte la vida de puta y verás como no te convence y sigues contra la legalización de la prostitución.
Anabel Medina
18:31 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Si yo fuera puta… creo que sin dudarlo me gustaría poder tener asistencia médica y cuando llegue la hora una pensión… como todo hijo de vecino. También me gustaría, en el caso de que alguno de esos hijos de vecino se pasara de la raya, poder presentarme en la comisaría más cercana y plantarle una denuncia.
Simón
18:41 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Carmen, tu imagínate que tuvieras que ganarte la vida limpiando mierda de cerdo, o lavabos de bares llenos de vómito, o dejándote la espalda en cualquier almacén cochambroso por 700 euros al mes… ¿lo harías?… a lo mejor si… a lo mejor nunca… pero hay gente que sí. Y te reto a que te acerques a ellos al final de su jornada laboral y les digas que su trabajo si es digno, porque, gracias a dios, ellos no tienen que hacer felaciones ni besos negros…. Te reto a que lo hagas con las manos en la espalda y la cara desprotegida.
respecto a la obligación y la elección… quien es nadie para juzgar de golpe y porrazo a miles de personas? tolerarías que se hiciesen ese tipo de juicios sobre tu vida? qué haces por elección? qué por obligación?… ese compromiso social, esas horas de más en cualquier sitio, esas renuncias a tus caprichos… ponlas en común con nosotros y lo discutimos… y luego cada uno nos autoproclamaremos con derecho a decidir por ti, sobre tu vida y lo que te conviene. Y hasta te podremos condenar al ostracismo de la clandestinidad… por tu bien.
chapapote
19:17 | 27 Febrero 2007 | Permalink
Vale que sean putas, pero habrá que hacérselas pasar putas para que algunas bienpensantes se queden con la conciencia tranquila. Porque aquí lo importante no son las condiciones de vida de las mujeres que ejercen la prostitución, sino las condiciones para el mantenimiento de la conciencia moral de las mujeres como Carmen, progres y solidarias con según y quién.
Carlos Díaz
21:01 | 27 Febrero 2007 | Permalink
La vida de las prostitutas ya es bastante difícil como para que vengan estas feministas a ponersela aun más difícil, me parece una verguenza lo que están haciendo.
RAQUEL
21:10 | 27 Febrero 2007 | Permalink
yo a las putas las hacia autónomas, es decir, con su seguridad social, sus horarios, sus derecho a huelga, sus tarifas controladas, su higiene, su bienestar, yo las veo como a los abogados, ¿ què diferencia hay ? lo que pasa es que esta ” puta ” sociedad no admitiria eso, al igual que la legalizaciòn de las drogas.
TONY
10:27 | 28 Julio 2008 | Permalink
Cinceramente me da pena ver cómo en el siglo 21 estemos discutiendo hipócritamente sobre la legalización de la prostitución.
Desgraciadamente mi prima fué secuestrada por unos mafiosos compinchados con algunos policias y he tenido que patear muchos prostíbulos a ver si la encontramos. La mayoria de los clientes que encontramos en los prostíbulos son hombres casados, sacerdotes, políticos, etc.
Creo que si se les exigieran hacer un contrato de trabajo y pagar la seguridad social de las prostitutas las mafias se desaparecerian y ya que los la ley perseguiria a los que no tienen el negocio de forma legal y todas las prostitutas estarían trabajando de forma legal.
La prostitucíon nunca dejará de existir porque los consumidores son cada vez más numerosos asi que no dejen que las mafias se sigan enriqueciendose con nuestras hermanas, primas , madres ,vecinas, hijas…entremos en razón