Francisco Pomares
[La Provincia, 30 de enero de 2007]
Con su tradicional despreocupación por lo coreográfico y con la voz instalada en un principio de afonía, Adán Martín despachó ayer su disertación en el discurso del debate sobre el Estado de Canarias realizando un prolijo catálogo de objetivos cumplidos en materia de creación de empleo, establecimiento de condiciones para una mayor igualdad entre los canarios, mejoras en sanidad, justicia y seguridad, negociación con Europa y presencia de Canarias en el exterior, desarrollo sostenible, red de comunicaciones y -por supuesto- avances en el autogobierno.
Fue un catálogo parco, como corresponde a alguien que presume tan poco como Adán Martín, pero realizado desde la convicción de que la legislatura que termina no ha sido tiempo perdido, sino un tiempo abierto a lo extraordinario y marcado por acontecimientos extraordinarios: Martín se refirió a tres de esos acontecimientos: los atentados del 11-M, que precipitaron el giro político en España y en Canarias; la llegada masiva de inmigrantes africanos y los más recientes escándalos de corrupción que han salpicado la región. Explicó las reacciones de su Gobierno ante esos acon- tecimientos, y se sintió moderadamente satisfecho por los resultados.
Pero el catálogo de problemas y soluciones no fue lo realmente enjundioso de un discurso leído sin apasionamiento, y haciendo ímprobos esfuerzos de voz por mantener el tono. Lo mejor, como siempre en las intervenciones de este presidente tan ajeno a las cosas de la política, fueron las reflexiones filosóficas finales. Porque definen bastante mejor que el resto del discurso el actual estado de ánimo de un hombre -Adán Martín- que empezó la legislatura preocupado por la felicidad de todos, proponiéndose inaugurar una etapa de ética y responsabilidad en la gestión de lo público, y la concluye con una amarga reflexión sobre el valor de la verdad en política. Heterodoxo y esta vez hasta algo extraterrestre, el presidente recurrió a la bestia negra de la derecha española -Felipe González- para citar una afirmación suya en un reciente artículo publicado en El País: “En política, la verdad es lo que los ciudadanos perciben como verdad, no lo que los dirigentes creen o saben que es verdad”.
La verdad…
La verdad es que Adán Martín no será recordado por lo que su Gobierno hizo en esta legislatura extraordinaria, sino por lo que al final él no hizo. Cuatro años dedicados al Gobierno hasta el límite mismo del agotamiento personal, cuatro años trajinando expedientes desde fuera de la política, cuatro años de fracasos llamativos y aciertos silenciosos, sorteando escollos desde el Gobierno con menos apoyos -propios y ajenos- de toda la Autonomía. Y todo eso para cerrar con un final cosaco: ser recordado como el primer presidente de la historia de Canarias que -por negarse a seguir las reglas no escritas de la política- entregó su Gobierno, su gestión y su recuerdo a los políticos más desalmados.
La verdad: un tipo curioso, Adán Martín.
La marcha de Adán
8:38 | 31 Enero 2007 | Permalink
Sobre la despedida de Adán Martín. Lo analiza Chavanel en Canarias Ahora.
No salieron los números
Francisco J. Chavanel
Pues no le salieron los números a Adán Martín. Ni a él ni a la ATI profunda que llevaban una semanita de reuniones con Manuel Hermoso presidiendo la conspiración. Es cierto que le aconsejaron a Paulino Rivero que o rumiara su desventura por otra parte o se pusiera a la orden de lo que allí se trataba, pero el presidente de Coalición Canaria sabe lo suyo de tinieblas especulativas y entre su persona y Mauricio lograron bloquear la trapisonda de la que se espera beneficiar Soria, que ya tenía cerrado el pacto con Paulino para repartirse después de mayo de 2007 el Gobierno, y los cabildos de Tenerife y Gran Canaria, más los ayuntamientos de Las Palmas de Gran Canaria, La Laguna y La Orotava.
De modo que los mismos que en el 2003 desarrollaron la operación amputación de Ican, hurtándole a Román Rodríguez la Vicepresidencia y la Consejería de Economía y Hacienda en representación de Gran Canaria, son los que ahora apartan definitivamente de la vida política a Adán Martín que, al fin y al cabo, sin mover un pelo, sentadito en su trono y rodeado de sus asesores, fue elevado a los altares, mientras los demás realizaban el trabajo sucio, por ejemplo: el fichaje de Dimas Martín, y el descabezamiento del aliado romaní en Lanzarote, Juan Carlos Becerra.
Para acertar con el puzzle que propongo me apresuro a colocar tres piezas sobre el tablero: a) Paulino Rivero está ofendido con Adán; fue a pedirle apoyo a su candidatura y recibió un clamoroso “no”; desde ese instante Rivero vive apartado de la circulación aguardando a que las cosas fluyan por sí mismas; b) Mauricio hubiese caído en la depresión si Adán consiguiese sacar adelante su nominación; su futuro quedaba condicionado a sacar unos resultados electorales asombrosos que ningún especialista en sondeos le da; y c) Soria cree que aguantará el tirón socialista en el Cabildo y en la capital grancanaria si Rivero satisface las reivindicaciones de Mauricio, que pasan por seguir influyendo en el hipotético nuevo gobierno, y en presidir CC, además de poner en marcha su fundación; ayer Soria inició la seducción de Mauricio: puso a caer de un burro el discurso de Adán, le quitó cualquier mérito contraído a lo largo de su gestión, calificó de “suspenso” los empantanamientos de la policía autonómica y el Estatuto de Autonomía, y remarcó como “fracasos de los canarios” las crecientes dificultades de miles de familias para llegar a fin de mes, los frenos y las trabas a las inversiones, la existencia de 115.000 parados, la precariedad laboral, las listas de espera, la falta de plazas para médicos, los problemas del sector primario, la lentitud de la Justicia y la inmigración irregular; sin embargo halló excepciones y reconoció logros en la prórroga de la Zona Especial Canaria, el acuerdo del plátano, la prórroga del Régimen Económico y Fiscal, y la Ley de rentas mínimas, o sea, todos aciertos del área que dirige Mauricio… En fin, que el socialismo canario abra la los ojos porque en el escenario donde se corta el bacalao alguien va a interpretar una suerte de escapismo tipo Houdini.
Y vuelvo al principio. Los exegetas de Adán dirán que todo es el resultado de una estrategia para evitar que el presidente afrontase su último debate de la nacionalidad en calidad de derrotado. Dirán que propagaron una información falsa con el objeto de hacer creer que presentaba su candidatura, cuando en realidad ya estaba decidido que se marchaba. Dirán lo que quieran pero mentirán. El “no” rotundo a Paulino es conocido por medio Santa Cruz, y las constantes reuniones de los últimos días no se desarrollaron precisamente en lugares clandestinos.
Sencillamente no salieron los números. Ni siquiera los de casa. ATI dividida y quien sabe si determinados miembros amenazando por vez primera con fuga de votos. Y Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, muy dispuestas a presentar un candidato único; a cualquiera con tal de impedir que Adán conquistase los 3/5 que necesitaba para salir. Lo que iba a pasar el sábado en la votación del Consejo Político era un engendro. El actual presidente quedaría emporcado en el barro del ridículo, y un tonto útil, alguien carente de pedigrí pero válido a los intereses de las tribus, sería impulsado en plan Yo Claudio a la candidatura de la Presidencia.
Ha ganado Mauricio. Y Paulino. Y Soria. La derecha, cuyas lagunas en el arte del buen gobierno son prodigiosas, se apresta a ejecutar lo que mejor sabe hacer: usar el aparato del poder para consolidar su alianza supraeconómica en el próximo mayo. Por cierto: Adán no debiera echarle la culpa a nadie. Son sus inmensos errores, algunos procedentes de la pesada herencia que recibió por quienes eliminaron de la carrera a Román Rodríguez, y otros por su enfermiza predisposición para gobernar en exceso para su circunscripción electoral, los que le alejaron de apoyos y de mimos. Pasa a la historia y a la memoria, y mucho me temo, como uno de los peores presidentes de la historia democrática del Archipiélago cuando disponía de armas suficientes, de experiencia y materia gris, para acabar siendo justamente lo contrario.