Vivir de los Centros Turísticos

Jorge Coll

[Lancelot, 26 de enero de 2007]

El problema de los Centros Turísticos del Cabildo de Lanzarote no son las más o menos curiosas reivindicaciones laborales y sociales que exige el poderoso Comité de Empresa, por mucho que la mayor parte de los trabajadores del sector de hostelería de la isla tengan todavía las manos en la cabeza del susto (ver reportaje de LANCELOT en este mismo número). El problema de los Centros Turísticos tampoco es que ahora los empleados soliciten que el convenio recoja 60 euros de ayuda a los padres que tenga hijos en la guardería. Ni siquiera que se les ayude a comprar unas gafas nuevas cada dos o tres años.

Tampoco lo es el que pretendan ponerse prótesis dental con la ayuda de los Centros, como tampoco lo son otras imaginativas mejoras sociales y laborales. Al fin y al cabo, son reivindicaciones negociables por mucho que el 90% de los trabajadores de la isla no tenga esos privilegios laborales. Si ése fuera el problema, hasta el responsable de Pedro San Ginés hubiera firmado ya el convenio de los Centros Turísticos, que afecta a unos 345 trabajadores. El nudo gordiano de la discusión del nuevo convenio que se negocia no es otro que el actual no sirve para hacer de los CACTs una empresa moderna, competitiva y productiva. Y si no sirve el vigente, menos aún puede servir el nuevo cuando se pretende aumentar los costes laborales y sociales de la plantilla, todo ello a costa de la productividad.

La hostelería de los Centros Turísticos -bares y restaurantes- emplea directa e indirectamente casi al 70% de los 345 trabajadores. Lo digo mejor: si los Centros Turísticos no tuvieran bares ni restaurantes, sólo emplearían a unos 100 trabajadores. Esto significaría que se obtendrían unos 18 millones de euros – y no 12 millones, como ocurre actualmente- de beneficio, dinero que se distribuiría entre todos los lanzaroteños. Estas cifras serían realidad si, por ejemplo, la gestión de los bares y los restaurantes -que no la propiedad de los Centros, que seguiría siendo lógicamente del Cabildo- pasara a ser explotada a manos de la empresa privada. Pero, ni siquiera eso, se atreven a debatir los políticos. Ni al “guerrero” Pedro San Ginés se le ocurre insinuarlo, cuando debería ser el modelo actual de gestión o, al menos, el objeto de un debate serio y sosegado entre los partidos. Tendría que discutirse si es razonable que camareros y cocineros, que no han hecho ningún tipo de concurso público para obtener la plaza, quieran tener un convenio de funcionarios de la Administración Pública, en el que no sólo se les asegure el puesto de trabajo para todo la vida (si pudieran, también exigiría garantías en el más allá), sino con el que además puedan vivir y ganar como ellos. O discutir si un bar o un restaurante pueden explotarse y ser rentables (no perder) con las estrecheces y limitaciones que tiene un convenio laboral de la Administración Pública. ¿Qué bar del mundo funcionaría con un convenio laboral como del que hoy disfrutan los trabajadores de los Centros Turísticos? O también se tendría que plantear la posibilidad de entregar la explotación de los bares y restaurantes a los propios trabajadores, a través de una cooperativa, y que ellos corran con los riesgos de la gestión.

Pues ese debate propio de una sociedad madura y moderna es impensable en Lanzarote. Los políticos no se atreven y los medios de comunicación miran para otro lado porque la demagogia suele tener más predicamento entre las masas. Y, sobre todo, nadie quiere complicarse la vida con el dinero de todos, que ya se sabe que no es de nadie y como no es de nadie, a nadie le importa si se gasta bien o mal. Insisto, el problema, siéndolo, no es si los camareros y cocineros ganan mucho más que la media de los trabajadores de Lanzarote, ni siquiera si tienen ventajas laborales y sociales impensables en el sector de la hostelería. El gran problema es que la productividad que se puede obtener de los bares y restaurantes con el actual convenio es una ruina. Y hasta que esto no lo asuma alguien, el esfuerzo que estamos haciendo algunos para que la racionalidad llegue a los Centros Turísticos es un esfuerzo inútil que sólo produce melancolía.

Publicado el 27 de enero de 2007 a las 11:32 am en 'Sociedad'.

6 Comentarios

  1. 12:17 | 27 enero 2007 | Permalink

    Ante el vicio de pedir, no diré la virtud de no dar, pero sí la de discernir cuando una petición es razonable o no. Muy de acuerdo con Coll en esta ocasión. Los centros de arte y cultura deberían ser eso, centros de arte y cultura… para comer ya hay bastantes restaurantes en la isla. Si me dijeras que los restaurantes de los cact son rentables, pues mira, vale, pero es que no lo son en absoluto, y personalmente no le veo ningún sentido mantener a tanto personal en este ámbito. Claro, que probablemente también en muchos ayuntamientos y en el cabildo sobra personal a mansalva. Pero me parece que el hecho de que en un sitio se hagan las cosas mal no debería servir de excusa para poder hacerlas mal en todos los demás sitios. Ahora, si convenimos que la principal función de los cact es la de dar empleo a una serie de gente, entonces es otra cosa, pero que lo digan explícitamente… y que repartan los empleos entre las personas que realmente lo necesitan, no entre los familiares de los de siempre.

  2. 12:22 | 27 enero 2007 | Permalink

    Creo que hay otros asuntos que deberían incluirse también en “ese debate propio de una sociedad madura y moderna” que dice Jorge Coll que “es impensable en Lanzarote”. Pero aunque falten cosas, lo que escribe el director de Lancelot no puede obviarse. Tiene su buena parte de razón.

  3. 20:38 | 27 enero 2007 | Permalink

    Como trabajadora defiendo nuestro derecho a mejorar nuestras condiciones laborales y sociales, por tanto a revindicarlas. Dicho esto entiendo que una cosa es mejorar y otra abusar. En este caso estoy de acuerdo con lo expuesto por el Sr. Coll.

  4. 21:03 | 27 enero 2007 | Permalink

    Yo también estoy de acuerdo con lo que plantea en su artículo Jorge Coll. Ya está bien de mamanzas a costa de papá Cabildo y además espero que los trabajadores denuncien públicamente a los políticos que se aprovechan de su cargo para comer gratis. Menudos sinvergüenzas

  5. 12:32 | 28 enero 2007 | Permalink

    En este artículo el Sr Coll disecciona con meticulosidad y maestría el problema de los llamados CACTs. Estoy de acuerdo con su análisis y sus conclusiones.

    Por mi parte me parece muy razonable su propuesta: “la posibilidad de entregar la explotación de los bares y restaurantes a los propios trabajadores, a través de una cooperativa, y que ellos corran con los riesgos de la gestión“, a condición de que los beneficios se repartan a partes iguales entre los trabajadores y las Arcas públicas para beneficio de todos.

    Si la propuesta es razonable y válida, posiblemente ésta sería una salida rápida y aceptable.

  6. 0:34 | 29 enero 2007 | Permalink

    La propuesta de ceder los restaurantes a los trabajadores y a coste cero ya la hizo el consejero Pedro San Ginés, cuando se oponian a que se gestinaran por órgano autonomo como ahora y le acusaban de querer arrendarlos a sus amigos. Además la oferta del grupo de gobierno salió publicada en muchos medios y se les daba a coste cero, es decir para que los trabajadores se repartieran entre ellos los beneficios sin pagar coste alguno de alquiler y sin beneficio alguno para el cabildo ( ahorrarse 600 millones no es poco ). Y los trabajadores se negaron en rotundo porque saben que con su convenio los restaurantes no los hace rentables ni cristo. Para cualquier mortal sería una loteria coger esos restaurantes gratis, sin ese convenio claro. Para ellos no, por lo tanto esa no es la solución sencillamente porque no la aceptaron ni creo que la aceptarian.