Propiedades millonarias

Francisco Pomares

[La Opinión de Tenerife, 26 de enero de 2007]

Una vieja treta es buscar la pasta. Si hay pasta en demasía, entonces hay que seguir su pista: suele llevar sin pérdida alguna hasta el delito y sus pruebas, que andan siempre por los alrededores del delito. Cierto que no siempre es fácil seguir la pista de la pasta. Cuando no se usa, por ejemplo, es más fácil de esconder. Puede guardarse en una caja de zapatos o en un sobre marrón, en billetes de 500, de esos de los que -según dicen- hay casi tantos circulando por España como por el resto de Europa.

Si la pasta se guarda así es difícil de encontrar, incluso para un policía listo. Puede esconderse debajo de una cama (siempre que no sea la propia, las camas de los/las amantes dan bastante juego para eso), o cavando un hoyo en el jardín, o detrás de la nevera en casa de mamá. Tony Soprano, protagonista de una estupenda serie de televisión sobre la mafia de New Jersey, guarda su pasta -en fajos de US dollars 100- en el contenedor de la comida del perro. El FBI le ha registrado la casa un par de veces, pero nunca le encuentran la guita. De todas formas, la Policía de ahora ve Los Soprano, o sea, que quizá no sea buena idea que nuestros alcaldes apandadores metan los binladen con los friskis. Pero alguna idea se les ocurrirá.

Sólo a gente muy muy segura de sí misma, como esa concejala de Telde acostumbrada a no pagar las facturas, se le puede ocurrir tener treinta kilitos de los de antes en el cajón de la mesilla de noche, con las lentillas y los condones. Si hubiera sido más cuidadosa y hubiera guardado los millones en casa de una sobrina, seguro que la Policía no los pilla. Aunque podría haberse quedado la sobrina con los cuartos. Eso pasa con cierta frecuencia. Hace un par de años se contaba de un sobrino de varios políticos locales, uno que se llamaba Arturo y tenía mucho tiempo libre, que desvalijó a más de uno que confiaba en él. Dicen que es dueño ahora de tres urbanizaciones en Fuerteventura, pero no lo tengo confirmado. En fin, que no usar la pasta también tiene su complicación, como se ve. Y cuando se usa, es una de las cosas más difíciles de esconder que existen. Ya ven lo que le pasó a Roca el de Marbella, que tenía tanta pasta usada que cada vez que estornudaba se le caía una escritura de propiedad del bolsillo.
Sin llegar a esos extremos, hay que reconocer que el dinero escriturado es bastante más llamativo que el dinero en metálico. Abulta mucho más, no se puede transportar de un lado a otro -por eso se les llama inmuebles a los billetes cuando se convierten en ladrillos- y además siempre hay un vecino que te mira con mala cara. Los coches sí se mueven, pero se calan y pagan impuesto de circulación. Comprar cuadros también es fastidioso: se queda la mitad el marchante y necesitas paredes, luego volvemos a lo de las escrituras. Antes de lo del Fórum, una buena opción eran los sellos antiguos. O las joyas, pero vete luego a revenderlas al Monte y verás que no te dan nada.

En fin, que robar quizá sea fácil, pero conseguir que no se note que has robado es todo un trabajo. Por eso, siempre les pillan por lo mismo.

Publicado el 27 de enero de 2007 a las 1:00 pm en 'Sociedad'.

1 Comentario

  1. 13:21 | 30 enero 2007 | Permalink

    Muy optimista le veo al Pomares. Me da a mí que hay muchísimos que sí que lo consiguen. Supongo que si vives en una isla perdida de esas ultraperiféricas y por las que nunca se pasa ningún garzón ni ningún fiscal anticorrupción, la cosa resulta más sencilla. Te compras unos bungalows en fuerteventura, te das un garbeo por cabo verde, un par de hotelitos en agadir… La cosa es esparcir para que no se note.

    Por cierto, mucho hablar de los rosa y de los espínola, pero ¿por qué nadie dice nunca nada de los indios? Ya saben, los kumar y compañía. Medio fariones es de ellos y esos no han conseguido las fortunas que tienen a base de vender perfumes precisamente. ¿o sí?