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	<title>Comentarios en: Mejor que ayer (I)</title>
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	<pubDate>Wed, 07 Jan 2009 16:53:43 +0000</pubDate>
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		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7765</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 18:53:44 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;Unidos contra ETA &lt;/strong&gt;

ROSA DÍEZ

[&lt;em&gt;ABC&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

ETA ha vuelto a cometer un grave atentado utilizando un coche-bomba con una gran carga de explosivos, que se ha podido llevar la vida de dos personas. Esta vez ha elegido un escenario que le garantiza el máximo de repercusión nacional e internacional y que ha provocado, por el número de personas directamente afectadas, una gran conmoción ciudadana. Y mucho miedo.
 
El coche-bomba es un instrumento cobarde, que permite a los terroristas asesinar sin correr apenas riesgos. Más allá de los muertos o heridos que han provocado cada uno de los coches que ETA ha hecho estallar a lo largo de su historia, que nadie se equivoque: cuando ETA pone un coche-bomba con esa carga de explosivos da por descontado que puede haberlos. Y no le importa que los haya, ni el número de ellos.
 
Durante estos nueve meses de tregua ha habido quien se ha empeñado en considerar como «actos para la galería» los diferentes comunicados de la banda y todas sus acciones, desde el robo de pistolas, la aparición de encapuchados o la quema de autobuses urbanos. Hoy el enemigo, nuestro único enemigo, se ha quitado con total obscenidad la careta. Ya no queda espacio para el disimulo. Tampoco es tiempo de llorar por la leche derramada. Es tiempo para el análisis sereno y para la respuesta democrática, firme y unívoca.
 
Mientras había quien interpretaba la actividad de la banda desde la declaración del alto el fuego como «gestos para su gente», otros pensábamos que los comunicados y las acciones de ETA y Batasuna demostraban su carácter totalitario y sus verdaderas intenciones. La voluntad de la banda de no renunciar a ninguna de sus reivindicaciones se ponía claramente de manifiesto en el contenido de su último zutabe, en el que reiteraban su exigencia al Gobierno de establecer una interlocución entre iguales. Durante estos meses hemos temido -y denunciado- que ETA sintió que se legitimaba su historia desde el mismo momento en que percibió que tanto nacional como internacionalmente era considerada como una parte del «proceso»; y que a partir de ahí y desde esa perspectiva ha ido desarrollando toda su estrategia.
 
Por muy buena intención que el Gobierno tuviera al embarcarse en este proceso de diálogo con ETA, es evidente que las cesiones semánticas ante los terroristas con el objetivo de convertirles a la democracia no han tenido éxito alguno. Por el contrario, todos esos gestos han sido percibidos por los terroristas como signos de debilidad. Porque hablar con ellos se ha hablado; y mucho. Pero, como la historia se ha encargado de enseñarnos, hablando no siempre se entiende la gente. Ningún movimiento totalitario se ha convertido jamás a la democracia.
 
Este nuevo atentado de ETA llega en un momento especialmente delicado. Las dos principales fuerzas democráticas españolas están profundamente divididas respecto de la política antiterrorista; y esa ruptura del consenso básico ha acarreado una profunda desarticulación de los movimientos cívicos y en la sociedad española en su conjunto. Esta es la principal novedad de este momento en el que ETA vuelve a romper una tregua; y esa es también su principal fortaleza. ETA ha cometido este atentado en el mejor de los climas para una organización totalitaria: con los demócratas desunidos y con una parte importante de la sociedad civil bajo los síntomas del cloroformo apaciguador, presa de una potencial cobardía que le lleva a pensar que «otro nos sacará las castañas del fuego».
 
Ante esta situación dolorosa y difícil tenemos que reaccionar reafirmando nuestra voluntad de aplicar todos los instrumentos del Estado de Derecho para derrotar a ETA; llamando a las cosas por su nombre; y reclamando y facilitando la unidad de acción entre los dos principales partidos de la democracia española. Sólo así seremos capaces de enfrentarnos con éxito a su estrategia desestabilizadora y criminal. No olvidemos que ETA conoce cuáles son nuestras debilidades; su objetivo con este nuevo atentado va más allá de su voluntad de demostrar su capacidad para aterrorizar a la sociedad. No olvidemos que el objetivo de ETA es destruir la democracia. Su mayor éxito sería que este atentado nos dividiera y nos debilitara aún más.
 
Es la hora de los Políticos y de la Política. Ambos con mayúsculas. Pero también es la hora de la sociedad civil. Es la hora de responder con unidad, con compromiso y con madurez. Es la hora de mirar hacia adelante, sin que eso signifique que no hemos de hacer y exigir autocrítica. Tiempo y momento habrá para ello. Hoy toca solidarizarnos con las víctimas, con aquellos que directamente han sufrido los efectos de este brutal atentado. Y responder con firmeza al enemigo, a ETA.
 
La resolución de mayo de 2005 supuso un cambio de estrategia en la lucha contra el terrorismo. La estrategia del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que consistía en perseguir la derrota de ETA, fue sustituida por un acuerdo entre el Gobierno y los grupos parlamentarios nacionalistas e IU para impulsar el final dialogado con la banda. Más allá de la opinión que nos merezca ese intento, el Gobierno estaba en su derecho de explorar esa opción; pero su estrategia ha fracasado. Es la hora de volver al Pacto.
 
A ETA sólo se le puede ganar si se le quiere ganar. Sería la hora de que les hiciéramos saber que todos hemos aprendido la lección. Y que vamos a por ellos. Con unidad, con firmeza y con madurez. Y que vamos a utilizar todos y cada uno de los instrumentos del Estado de Derecho para derrotarlos. Ni uno más; pero ni uno menos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Unidos contra ETA </strong></p>
<p>ROSA DÍEZ</p>
<p>[<em>ABC</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>ETA ha vuelto a cometer un grave atentado utilizando un coche-bomba con una gran carga de explosivos, que se ha podido llevar la vida de dos personas. Esta vez ha elegido un escenario que le garantiza el máximo de repercusión nacional e internacional y que ha provocado, por el número de personas directamente afectadas, una gran conmoción ciudadana. Y mucho miedo.</p>
<p>El coche-bomba es un instrumento cobarde, que permite a los terroristas asesinar sin correr apenas riesgos. Más allá de los muertos o heridos que han provocado cada uno de los coches que ETA ha hecho estallar a lo largo de su historia, que nadie se equivoque: cuando ETA pone un coche-bomba con esa carga de explosivos da por descontado que puede haberlos. Y no le importa que los haya, ni el número de ellos.</p>
<p>Durante estos nueve meses de tregua ha habido quien se ha empeñado en considerar como «actos para la galería» los diferentes comunicados de la banda y todas sus acciones, desde el robo de pistolas, la aparición de encapuchados o la quema de autobuses urbanos. Hoy el enemigo, nuestro único enemigo, se ha quitado con total obscenidad la careta. Ya no queda espacio para el disimulo. Tampoco es tiempo de llorar por la leche derramada. Es tiempo para el análisis sereno y para la respuesta democrática, firme y unívoca.</p>
<p>Mientras había quien interpretaba la actividad de la banda desde la declaración del alto el fuego como «gestos para su gente», otros pensábamos que los comunicados y las acciones de ETA y Batasuna demostraban su carácter totalitario y sus verdaderas intenciones. La voluntad de la banda de no renunciar a ninguna de sus reivindicaciones se ponía claramente de manifiesto en el contenido de su último zutabe, en el que reiteraban su exigencia al Gobierno de establecer una interlocución entre iguales. Durante estos meses hemos temido -y denunciado- que ETA sintió que se legitimaba su historia desde el mismo momento en que percibió que tanto nacional como internacionalmente era considerada como una parte del «proceso»; y que a partir de ahí y desde esa perspectiva ha ido desarrollando toda su estrategia.</p>
<p>Por muy buena intención que el Gobierno tuviera al embarcarse en este proceso de diálogo con ETA, es evidente que las cesiones semánticas ante los terroristas con el objetivo de convertirles a la democracia no han tenido éxito alguno. Por el contrario, todos esos gestos han sido percibidos por los terroristas como signos de debilidad. Porque hablar con ellos se ha hablado; y mucho. Pero, como la historia se ha encargado de enseñarnos, hablando no siempre se entiende la gente. Ningún movimiento totalitario se ha convertido jamás a la democracia.</p>
<p>Este nuevo atentado de ETA llega en un momento especialmente delicado. Las dos principales fuerzas democráticas españolas están profundamente divididas respecto de la política antiterrorista; y esa ruptura del consenso básico ha acarreado una profunda desarticulación de los movimientos cívicos y en la sociedad española en su conjunto. Esta es la principal novedad de este momento en el que ETA vuelve a romper una tregua; y esa es también su principal fortaleza. ETA ha cometido este atentado en el mejor de los climas para una organización totalitaria: con los demócratas desunidos y con una parte importante de la sociedad civil bajo los síntomas del cloroformo apaciguador, presa de una potencial cobardía que le lleva a pensar que «otro nos sacará las castañas del fuego».</p>
<p>Ante esta situación dolorosa y difícil tenemos que reaccionar reafirmando nuestra voluntad de aplicar todos los instrumentos del Estado de Derecho para derrotar a ETA; llamando a las cosas por su nombre; y reclamando y facilitando la unidad de acción entre los dos principales partidos de la democracia española. Sólo así seremos capaces de enfrentarnos con éxito a su estrategia desestabilizadora y criminal. No olvidemos que ETA conoce cuáles son nuestras debilidades; su objetivo con este nuevo atentado va más allá de su voluntad de demostrar su capacidad para aterrorizar a la sociedad. No olvidemos que el objetivo de ETA es destruir la democracia. Su mayor éxito sería que este atentado nos dividiera y nos debilitara aún más.</p>
<p>Es la hora de los Políticos y de la Política. Ambos con mayúsculas. Pero también es la hora de la sociedad civil. Es la hora de responder con unidad, con compromiso y con madurez. Es la hora de mirar hacia adelante, sin que eso signifique que no hemos de hacer y exigir autocrítica. Tiempo y momento habrá para ello. Hoy toca solidarizarnos con las víctimas, con aquellos que directamente han sufrido los efectos de este brutal atentado. Y responder con firmeza al enemigo, a ETA.</p>
<p>La resolución de mayo de 2005 supuso un cambio de estrategia en la lucha contra el terrorismo. La estrategia del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que consistía en perseguir la derrota de ETA, fue sustituida por un acuerdo entre el Gobierno y los grupos parlamentarios nacionalistas e IU para impulsar el final dialogado con la banda. Más allá de la opinión que nos merezca ese intento, el Gobierno estaba en su derecho de explorar esa opción; pero su estrategia ha fracasado. Es la hora de volver al Pacto.</p>
<p>A ETA sólo se le puede ganar si se le quiere ganar. Sería la hora de que les hiciéramos saber que todos hemos aprendido la lección. Y que vamos a por ellos. Con unidad, con firmeza y con madurez. Y que vamos a utilizar todos y cada uno de los instrumentos del Estado de Derecho para derrotarlos. Ni uno más; pero ni uno menos.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7762</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 11:06:29 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7762</guid>
		<description>&lt;strong&gt;El País publica un editorial&lt;/strong&gt;

Santiago González

[Blog del autor, 31 de diciembre de 2006]

Es hora de amables obviedades; la portavoz del Gobierno vasco enunció una ayer: "Si hay bombas, no hay tregua; si hay tregua, no se ponen bombas". 'El País' ha publicado un editorial hoy, en el que señala: ETA es culpable. La pieza es una invitación irresistible a la deconstrucción y la hermenéutica.
-
Sepamos de qué es culpable la banda terrorista. Evidentemente la responsabilidad del coche-bomba que ayer costó la vida a dos personas, (a las que sólo parece echar de menos Arcadi Espada), colapsó Barajas y la vida política nacional y destrozó el aparcamiento de la T-4 es de quien la puso. Parece, sin embargo, que aparte del hecho terrorista, hay algunas cuestiones de cierta importancia: la confesión del ministro del Interior de que no se esperaban esto es radicalmente incompatible con las realizadas en fechas previas por el propio ministro y por el director general de la Policía y la Guardia Civil: "los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no han bajado la guardia ni un milímetro", o esta muestra de competencia profesional enunciada en Nochebuena por el jefe de los guardias: "no hay datos que hagan pensar ahora mismo ni que ETA se está rearmando ni que pueda existir un comando".
-
El editorial de 'El País' dice que

&lt;blockquote&gt;"La acción de Barajas pilló desprevenido al Gobierno, según reconoció el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y se produjo un día después de que el presidente Zapatero manifestara su optimismo por la marcha del proceso para el fin de ETA. No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo político, pero, pese a que la crítica a la labor de cualquier Gobierno es necesaria en los sistemas democráticos, no parece éste el momento más adecuado para reproches estériles."&lt;/blockquote&gt;


Seguramente no sería el momento más apropiado para los reproches si el presidente del Gobierno hubiera dicho ayer que hasta aquí hemos llegado y hubiese llamado a la oposición a reconstruir el Pacto Antiterrorista y derrotar a ETA. No se entiende que el Gobierno deba gozar de un manto de impunidad por su propia incompetencia precisamente en los asuntos más delicados que gestiona.
-
ETA es la única responsable de sus crímenes. El Gobierno es el único responsable de sus propios errores. Verbigracia: el proceso de pazzz.


------------------------------------------

El editorial dice: &lt;em&gt;"No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo político"&lt;/em&gt;.

¿Munición para el navajeo? No se había visto una perla tan extraordinaria del lenguaje distraído desde que María, la amante maciza, pero inculta, del amo del Universo en "La hoguera de las vanidades" es abandonada por su hombre. Mientras él se aleja, ella le grita su maldición: &lt;em&gt;"¡Ojalá te cuelguen en la silla eléctrica!"&lt;/em&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El País publica un editorial</strong></p>
<p>Santiago González</p>
<p>[Blog del autor, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>Es hora de amables obviedades; la portavoz del Gobierno vasco enunció una ayer: &#8220;Si hay bombas, no hay tregua; si hay tregua, no se ponen bombas&#8221;. &#8216;El País&#8217; ha publicado un editorial hoy, en el que señala: ETA es culpable. La pieza es una invitación irresistible a la deconstrucción y la hermenéutica.<br />
-<br />
Sepamos de qué es culpable la banda terrorista. Evidentemente la responsabilidad del coche-bomba que ayer costó la vida a dos personas, (a las que sólo parece echar de menos Arcadi Espada), colapsó Barajas y la vida política nacional y destrozó el aparcamiento de la T-4 es de quien la puso. Parece, sin embargo, que aparte del hecho terrorista, hay algunas cuestiones de cierta importancia: la confesión del ministro del Interior de que no se esperaban esto es radicalmente incompatible con las realizadas en fechas previas por el propio ministro y por el director general de la Policía y la Guardia Civil: &#8220;los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no han bajado la guardia ni un milímetro&#8221;, o esta muestra de competencia profesional enunciada en Nochebuena por el jefe de los guardias: &#8220;no hay datos que hagan pensar ahora mismo ni que ETA se está rearmando ni que pueda existir un comando&#8221;.<br />
-<br />
El editorial de &#8216;El País&#8217; dice que</p>
<blockquote><p>&#8220;La acción de Barajas pilló desprevenido al Gobierno, según reconoció el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y se produjo un día después de que el presidente Zapatero manifestara su optimismo por la marcha del proceso para el fin de ETA. No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo político, pero, pese a que la crítica a la labor de cualquier Gobierno es necesaria en los sistemas democráticos, no parece éste el momento más adecuado para reproches estériles.&#8221;</p></blockquote>
<p>Seguramente no sería el momento más apropiado para los reproches si el presidente del Gobierno hubiera dicho ayer que hasta aquí hemos llegado y hubiese llamado a la oposición a reconstruir el Pacto Antiterrorista y derrotar a ETA. No se entiende que el Gobierno deba gozar de un manto de impunidad por su propia incompetencia precisamente en los asuntos más delicados que gestiona.<br />
-<br />
ETA es la única responsable de sus crímenes. El Gobierno es el único responsable de sus propios errores. Verbigracia: el proceso de pazzz.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El editorial dice: <em>&#8220;No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo político&#8221;</em>.</p>
<p>¿Munición para el navajeo? No se había visto una perla tan extraordinaria del lenguaje distraído desde que María, la amante maciza, pero inculta, del amo del Universo en &#8220;La hoguera de las vanidades&#8221; es abandonada por su hombre. Mientras él se aleja, ella le grita su maldición: <em>&#8220;¡Ojalá te cuelguen en la silla eléctrica!&#8221;</em></p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7761</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 11:02:48 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7761</guid>
		<description>&lt;strong&gt;Tregua rota&lt;/strong&gt;

Santiago González

[&lt;em&gt;El Correo Digital&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

Mire que se lo he venido avisando desde el principio del proceso, mi señor Zapatero, que no había motivos para tanta confianza y que usted en su negociación con ETA me recordaba a Woody Allen en aquella extraordinaria secuencia de 'Misterioso asesinato en Manhattan' en la que chantajea por teléfono al asesino, simulando que tiene el cadáver de su víctima para conseguir que se delate.
-
Cuando Allen le dice que hay un paquete (el cadáver) que le puede interesar, pero que eso le va a costar 200.000 dólares, la cámara muestra al señor House, que tiene junto a sí a la mujer de Allen y replica que si quiere volver a verla, hará lo que él diga. «¿En serio?», replica Woody Allen/Larry Lipton. «Creo que se está echando un farol. Nunca intente farolear a un farolero. Si tiene a Carol, que se ponga al teléfono.»
-
Estamos viviendo el momento preciso en que House le quita la mordaza a Diane Keaton para que hable con su marido. Eso es lo que supone el atentado de Barajas: el fin del lenguaje creativo y el asentamiento del principio de realidad. ETA ha puesto una bomba al día siguiente de que usted nos contara que estamos mucho mejor de lo que estábamos hace un año, cuando ETA ponía bombas, y de habernos expresado su «convicción» de que el año que viene estaremos mejor que ahora.
-
No me cabe la menor, presidente, de que, donde usted dijo «convicción», en realidad, había querido decir «pálpito». Es que no cabe en cabeza humana que se puedan tener convicciones sobre el comportamiento futuro de una banda terrorista. El proceso de paz ya es un concepto autónomo que navega con recursos propios por los mares de la ambigüedad y no requiere como condición inexcusable el fin de la violencia, tal como estableció el Congreso el 17 de mayo de 2005 y tal como decía usted mismo en frase ya obsoleta: «primero la paz, luego la política».
-
Usted y su ministro del Interior coincidieron ayer en decir que el atentado supone la interrupción del 'alto el fuego permanente' establecido por ETA hace nueve meses. Arnaldo Otegi compareció una hora antes que usted para decir que desde su punto de vista «el proceso no está roto» y me ha llamado la atención su profunda sintonía con la preocupación fundamental de la portavoz del Gobierno vasco, a saber, que el proceso de paz no se rompa. Se confirma así que el proceso de paz es algo sustancialmente diferente de la ausencia de violencia. La letra con sangre entra y la furgoneta de Barajas fue colocada para que vayan ustedes macerándose en la idea de los efectos que podría tener sobre los votantes un atentado en plena campaña electoral.

Esto le coloca en una disyuntiva peliaguda, presidente: ceder a sus pretensiones o rescatar el Pacto Antiterrorista que antaño mantuvieron con el PP. No se puede hacer idea de con qué fuerza de convicción cruzo los dedos para que haga usted lo más correcto. Piense que, después de todo, el famoso y caducado acuerdo fue una idea suya, la mejor que ha tenido en este terreno. Ande.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tregua rota</strong></p>
<p>Santiago González</p>
<p>[<em>El Correo Digital</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>Mire que se lo he venido avisando desde el principio del proceso, mi señor Zapatero, que no había motivos para tanta confianza y que usted en su negociación con ETA me recordaba a Woody Allen en aquella extraordinaria secuencia de &#8216;Misterioso asesinato en Manhattan&#8217; en la que chantajea por teléfono al asesino, simulando que tiene el cadáver de su víctima para conseguir que se delate.<br />
-<br />
Cuando Allen le dice que hay un paquete (el cadáver) que le puede interesar, pero que eso le va a costar 200.000 dólares, la cámara muestra al señor House, que tiene junto a sí a la mujer de Allen y replica que si quiere volver a verla, hará lo que él diga. «¿En serio?», replica Woody Allen/Larry Lipton. «Creo que se está echando un farol. Nunca intente farolear a un farolero. Si tiene a Carol, que se ponga al teléfono.»<br />
-<br />
Estamos viviendo el momento preciso en que House le quita la mordaza a Diane Keaton para que hable con su marido. Eso es lo que supone el atentado de Barajas: el fin del lenguaje creativo y el asentamiento del principio de realidad. ETA ha puesto una bomba al día siguiente de que usted nos contara que estamos mucho mejor de lo que estábamos hace un año, cuando ETA ponía bombas, y de habernos expresado su «convicción» de que el año que viene estaremos mejor que ahora.<br />
-<br />
No me cabe la menor, presidente, de que, donde usted dijo «convicción», en realidad, había querido decir «pálpito». Es que no cabe en cabeza humana que se puedan tener convicciones sobre el comportamiento futuro de una banda terrorista. El proceso de paz ya es un concepto autónomo que navega con recursos propios por los mares de la ambigüedad y no requiere como condición inexcusable el fin de la violencia, tal como estableció el Congreso el 17 de mayo de 2005 y tal como decía usted mismo en frase ya obsoleta: «primero la paz, luego la política».<br />
-<br />
Usted y su ministro del Interior coincidieron ayer en decir que el atentado supone la interrupción del &#8216;alto el fuego permanente&#8217; establecido por ETA hace nueve meses. Arnaldo Otegi compareció una hora antes que usted para decir que desde su punto de vista «el proceso no está roto» y me ha llamado la atención su profunda sintonía con la preocupación fundamental de la portavoz del Gobierno vasco, a saber, que el proceso de paz no se rompa. Se confirma así que el proceso de paz es algo sustancialmente diferente de la ausencia de violencia. La letra con sangre entra y la furgoneta de Barajas fue colocada para que vayan ustedes macerándose en la idea de los efectos que podría tener sobre los votantes un atentado en plena campaña electoral.</p>
<p>Esto le coloca en una disyuntiva peliaguda, presidente: ceder a sus pretensiones o rescatar el Pacto Antiterrorista que antaño mantuvieron con el PP. No se puede hacer idea de con qué fuerza de convicción cruzo los dedos para que haga usted lo más correcto. Piense que, después de todo, el famoso y caducado acuerdo fue una idea suya, la mejor que ha tenido en este terreno. Ande.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7760</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:51:18 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7760</guid>
		<description>&lt;strong&gt;El fin de un falso «proceso»&lt;/strong&gt;

Editorial

[&lt;em&gt;ABC&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

Después de dos años de rearme ininterrumpido, ETA cometió ayer en Madrid un brutal atentado que quiebra por la base el «proceso» de negociación iniciado por el Gobierno socialista antes incluso del anuncio oficial de alto el fuego permanente, el 22 de marzo pasado. La gigantesca deflagración que demolió uno de los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto madrileño, causando dos desaparecidos y una veintena de heridos, es, a un mismo tiempo, la reafirmación de ETA en sí misma y el más claro desmentido a todos los discursos que han alentado engañosamente en la opinión pública española las expectativas de una paz que los etarras nunca han estado dispuestos a dar. Por tanto, no debería sorprender que ETA colocara ayer un coche-bomba sin un comunicado previo que revocara la tregua, porque para ETA, lo mismo que para Batasuna, este atentado también forma parte de lo que la banda terrorista entiende por «proceso político».

Para ETA, la confusión entre violencia y política es absolutamente natural y, por eso, Otegi declaró ayer que «el proceso político de solución al conflicto no está roto». El desparpajo inmoral de este proetarra, al que Rodríguez Zapatero llegó a reconocer un «discurso de paz» cuando aún permanecía en prisión provisional, refleja fielmente que ETA sólo quería un «proceso» que le permitiera alcanzar sin matar los objetivos por los que llevaba más de tres décadas matando. En absoluto cabe sorprenderse de lo que ayer hizo una ETA que en dos años ha robado toneladas de materiales explosivos y más de trescientas cincuenta armas cortas. El aumento de la violencia callejera, de la extorsión y de las amenazas por medio de «zutabes» y comunicados ha sido el umbral del atentado de ayer en Barajas.

Ahora se demuestra que ETA no habla nunca para «consumo interno» cuando afirma que la tregua es un recurso de su «lucha armada» o cuando hace de la autodeterminación y de Navarra condiciones inexcusables para el fin de la violencia. Tampoco ETA es esa banda terrorista intimidada por los efectos del 14-M ni, menos aún, seducida por la «oportunidad histórica» que representa un Gobierno español dispuesto a respetar la libre voluntad de los ciudadanos vascos. ETA sólo ha sorprendido a los incautos y a los necios, a quienes pensaban que los etarras habían dejado de ser terroristas y a quienes, aún peor, creían que, en el fondo, los etarras perseguían objetivos políticos legítimos que podían ahormarse en los cauces del diálogo. No han faltado aduladores de esta impostura ni coros sumisos a la ficción de que esta vez la tregua iba en serio. Al final, tanto compararse con el Gobierno de Aznar y esta tregua ha durado nueves meses, frente a los quince de la de 1998, y sin que el anterior Ejecutivo aceptara mesas políticas, ni rompiera el consenso con la oposición.

De este atentado, y de los que puedan seguirle, sólo ETA es culpable, porque únicamente los terroristas son responsables de sus actos y nada ajeno a ellos puede actuar como justificación o atenuación de sus crímenes. Nunca un gobierno democrático puede compartir el reproche que ha de recaer, en exclusiva, sobre los terroristas. Sin embargo, es imprescindible que el atentado de Barajas dé lugar a un cambio radical de la política del Gobierno de Rodríguez Zapatero en relación con ETA. La política de apaciguamiento ha fallado, como era previsible, y si ETA atentó ayer no fue porque no haya habido cesiones, sino porque quería más que ya no están al alcance del Gobierno. Es al PSOE y al Ejecutivo a quienes corresponde iniciar una auténtica política de Estado que se fije como objetivo irrenunciable la derrota de ETA, sin condiciones ni matices, con los instrumentos policiales y judiciales del Estado de Derecho. Así resulta inadmisible que los emplazamientos se hagan al PP para que no utilice políticamente el atentado de ayer: no sólo Rajoy eludió en su comparecencia cualquier tentación partidista, sino que esa advertencia suena cínica en quienes protagonizaron la bochornosa noche electoral del 13 de marzo de 2004.

Existe una responsabilidad política por el origen y el desarrollo del proceso de negociación con ETA. Una responsabilidad que alcanza a los graves daños causados por decisiones concretas del Gobierno, con el apoyo incondicional del PSOE, de liquidar el pacto antiterrorista, de no utilizar la Ley de Partidos contra una Batasuna -que ni condena el atentado ni pide el fin del terror-, de aceptar la interlocución política de ETA y Batasuna en una mesa de partidos y de inocular en la sociedad española la confusión sobre quiénes son los partidarios de la paz y quiénes los de la violencia. Ha sido desde el Gobierno donde se ha dicho que no había indicios de que ETA se estuviera rearmando. Con juicios así, se desvela la incapacidad de discernimiento que aqueja al Ejecutivo para valorar a ETA como el peligro real y grave que representa para los españoles. Es, en definitiva, un problema de incapacidad para la responsabilidad de gobernar.

No es en absoluto suficiente lo que ayer anunció el presidente del Gobierno. Es más, sus palabras encierran una nueva oportunidad para la estrategia falsaria de los terroristas, cuando lo cierto es que ETA, aunque anunciara más treguas o altos el fuego, no merece más que respuestas policiales. No basta con que el jefe del Ejecutivo haya ordenado «la suspensión de iniciativas para el desarrollo del diálogo con ETA», porque el problema es que Zapatero no cancela la posibilidad del diálogo mismo con los etarras. El «proceso» está muerto y aunque reconocerlo así pueda ser -y lo es- un fracaso político del Ejecutivo que pactó la tregua con ETA, por dignidad nacional, el presidente del Gobierno tenía que haber asumido que, hagan lo que hagan los etarras en el futuro, no hay más opción que la derrota policial. Rodríguez Zapatero perdió ayer la ocasión de reactivar el Estado contra ETA mediante la recuperación de los grandes activos de la anterior política antiterrorista, como la vuelta al Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo, la recomposición de relaciones con el PP y la declaración solemne del fin del diálogo. Para suspender las iniciativas del Gobierno, Rodríguez Zapatero ha tenido múltiples motivos y ocasiones en los últimos meses, desde los actos de «kale borroka» hasta el robo masivo de armas cortas. Ayer era el momento de darle la iniciativa al Estado y el presidente del Gobierno no lo hizo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El fin de un falso «proceso»</strong></p>
<p>Editorial</p>
<p>[<em>ABC</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>Después de dos años de rearme ininterrumpido, ETA cometió ayer en Madrid un brutal atentado que quiebra por la base el «proceso» de negociación iniciado por el Gobierno socialista antes incluso del anuncio oficial de alto el fuego permanente, el 22 de marzo pasado. La gigantesca deflagración que demolió uno de los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto madrileño, causando dos desaparecidos y una veintena de heridos, es, a un mismo tiempo, la reafirmación de ETA en sí misma y el más claro desmentido a todos los discursos que han alentado engañosamente en la opinión pública española las expectativas de una paz que los etarras nunca han estado dispuestos a dar. Por tanto, no debería sorprender que ETA colocara ayer un coche-bomba sin un comunicado previo que revocara la tregua, porque para ETA, lo mismo que para Batasuna, este atentado también forma parte de lo que la banda terrorista entiende por «proceso político».</p>
<p>Para ETA, la confusión entre violencia y política es absolutamente natural y, por eso, Otegi declaró ayer que «el proceso político de solución al conflicto no está roto». El desparpajo inmoral de este proetarra, al que Rodríguez Zapatero llegó a reconocer un «discurso de paz» cuando aún permanecía en prisión provisional, refleja fielmente que ETA sólo quería un «proceso» que le permitiera alcanzar sin matar los objetivos por los que llevaba más de tres décadas matando. En absoluto cabe sorprenderse de lo que ayer hizo una ETA que en dos años ha robado toneladas de materiales explosivos y más de trescientas cincuenta armas cortas. El aumento de la violencia callejera, de la extorsión y de las amenazas por medio de «zutabes» y comunicados ha sido el umbral del atentado de ayer en Barajas.</p>
<p>Ahora se demuestra que ETA no habla nunca para «consumo interno» cuando afirma que la tregua es un recurso de su «lucha armada» o cuando hace de la autodeterminación y de Navarra condiciones inexcusables para el fin de la violencia. Tampoco ETA es esa banda terrorista intimidada por los efectos del 14-M ni, menos aún, seducida por la «oportunidad histórica» que representa un Gobierno español dispuesto a respetar la libre voluntad de los ciudadanos vascos. ETA sólo ha sorprendido a los incautos y a los necios, a quienes pensaban que los etarras habían dejado de ser terroristas y a quienes, aún peor, creían que, en el fondo, los etarras perseguían objetivos políticos legítimos que podían ahormarse en los cauces del diálogo. No han faltado aduladores de esta impostura ni coros sumisos a la ficción de que esta vez la tregua iba en serio. Al final, tanto compararse con el Gobierno de Aznar y esta tregua ha durado nueves meses, frente a los quince de la de 1998, y sin que el anterior Ejecutivo aceptara mesas políticas, ni rompiera el consenso con la oposición.</p>
<p>De este atentado, y de los que puedan seguirle, sólo ETA es culpable, porque únicamente los terroristas son responsables de sus actos y nada ajeno a ellos puede actuar como justificación o atenuación de sus crímenes. Nunca un gobierno democrático puede compartir el reproche que ha de recaer, en exclusiva, sobre los terroristas. Sin embargo, es imprescindible que el atentado de Barajas dé lugar a un cambio radical de la política del Gobierno de Rodríguez Zapatero en relación con ETA. La política de apaciguamiento ha fallado, como era previsible, y si ETA atentó ayer no fue porque no haya habido cesiones, sino porque quería más que ya no están al alcance del Gobierno. Es al PSOE y al Ejecutivo a quienes corresponde iniciar una auténtica política de Estado que se fije como objetivo irrenunciable la derrota de ETA, sin condiciones ni matices, con los instrumentos policiales y judiciales del Estado de Derecho. Así resulta inadmisible que los emplazamientos se hagan al PP para que no utilice políticamente el atentado de ayer: no sólo Rajoy eludió en su comparecencia cualquier tentación partidista, sino que esa advertencia suena cínica en quienes protagonizaron la bochornosa noche electoral del 13 de marzo de 2004.</p>
<p>Existe una responsabilidad política por el origen y el desarrollo del proceso de negociación con ETA. Una responsabilidad que alcanza a los graves daños causados por decisiones concretas del Gobierno, con el apoyo incondicional del PSOE, de liquidar el pacto antiterrorista, de no utilizar la Ley de Partidos contra una Batasuna -que ni condena el atentado ni pide el fin del terror-, de aceptar la interlocución política de ETA y Batasuna en una mesa de partidos y de inocular en la sociedad española la confusión sobre quiénes son los partidarios de la paz y quiénes los de la violencia. Ha sido desde el Gobierno donde se ha dicho que no había indicios de que ETA se estuviera rearmando. Con juicios así, se desvela la incapacidad de discernimiento que aqueja al Ejecutivo para valorar a ETA como el peligro real y grave que representa para los españoles. Es, en definitiva, un problema de incapacidad para la responsabilidad de gobernar.</p>
<p>No es en absoluto suficiente lo que ayer anunció el presidente del Gobierno. Es más, sus palabras encierran una nueva oportunidad para la estrategia falsaria de los terroristas, cuando lo cierto es que ETA, aunque anunciara más treguas o altos el fuego, no merece más que respuestas policiales. No basta con que el jefe del Ejecutivo haya ordenado «la suspensión de iniciativas para el desarrollo del diálogo con ETA», porque el problema es que Zapatero no cancela la posibilidad del diálogo mismo con los etarras. El «proceso» está muerto y aunque reconocerlo así pueda ser -y lo es- un fracaso político del Ejecutivo que pactó la tregua con ETA, por dignidad nacional, el presidente del Gobierno tenía que haber asumido que, hagan lo que hagan los etarras en el futuro, no hay más opción que la derrota policial. Rodríguez Zapatero perdió ayer la ocasión de reactivar el Estado contra ETA mediante la recuperación de los grandes activos de la anterior política antiterrorista, como la vuelta al Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo, la recomposición de relaciones con el PP y la declaración solemne del fin del diálogo. Para suspender las iniciativas del Gobierno, Rodríguez Zapatero ha tenido múltiples motivos y ocasiones en los últimos meses, desde los actos de «kale borroka» hasta el robo masivo de armas cortas. Ayer era el momento de darle la iniciativa al Estado y el presidente del Gobierno no lo hizo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7759</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:37:33 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7759</guid>
		<description>&lt;strong&gt;¿APRENDERA ALGUNA VEZ LA LECCION ESTE PRESIDENTE IRRESPONSABLE?&lt;/strong&gt;

Editorial

[&lt;em&gt;El Mundo&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

Cuando ayer nuestro periódico destacaba en su portada el pronóstico de Zapatero de que «dentro de un año estaremos mejor» y advertía que el presidente «se la está jugando con ETA» no podíamos pensar que en unas pocas horas se iba a materializar de forma tan dramática ese diagnóstico. De hecho, en el momento en que el presidente expresaba su optimismo el pasado viernes, el coche bomba estaba ya en el aparcamiento de Barajas o iba de camino.

El atentado de ayer supone el peor escenario posible para un Gobierno que se había jactado de los avances en «el proceso de paz» y que daba por seguro categóricamente que la situación iría a mejor. Pues bien, ha ido a peor de la peor forma posible: con un coche bomba en la T-4, la obra más emblemática inaugurada por este Gobierno, colapsando el transporte aéreo en vísperas de Nochevieja y con dos desaparecidos, presumiblemente sepultados bajo los escombros.

Si en el plano humano lo más trágico sería el fallecimiento de esas dos personas, queda en evidencia en el plano político el fracaso de la estrategia del Gobierno respecto a ETA y la falta de sustento del optimismo de Zapatero y Rubalcaba. Cabe preguntarse en qué manos estamos cuando tanto el presidente como el ministro de Interior -¡menudo papelón el suyo en la rueda de prensa del «ni confirmo ni desmiento»!- han demostrado una ignorancia tan absoluta respecto a los planes de la banda.

Una reacción insuficiente

Zapatero compareció por la tarde en La Moncloa para decir que considera que el dialogo con ETA no puede seguir mientras la organización armada no renuncie a la violencia pero no quiso ir más allá de esa «suspensión» temporal. Su intervención dejó la sensación de que se resiste a que la terca realidad trastoque sus ingenuos planteamientos.

Zapatero no es un traidor ni un malvado ni creemos que haya firmado letras de cambio a ETA -como a veces se sostiene de forma estereotipada por sus adversarios- pero sí ha actuado de una forma profundamente equivocada, sin medir las consecuencias de sus actos y sin un sentido claro de hacia donde se dirigía. Estamos ante un caso claro de irresponsabilidad política que los electores deberían castigar.

La suspensión del diálogo es lo menos que podía hacer el presidente del Gobierno ante un atentado de esta envergadura, pero su negativa a declarar que está roto definitivamente demuestra que sigue queriendo mantener la puerta entreabierta con la banda. Suspender significa «detener o diferir por algún tiempo». En este sentido, la intervención de Zapatero no supone una rectificación explícita de los errores cometidos sino más bien un intento de ganar tiempo hasta comprobar hacia dónde evolucionan los acontecimientos.

Zapatero se aferró ayer a la resolución del Congreso de mayo de 2005, en la que se daba luz verde a una negociación con ETA si ésta renunciaba a las armas. El tiempo ha demostrado que esta resolución sirvió para dar alas a la banda y para que sus dirigentes se creyeran que podían discutir la autodeterminación del País Vasco de tú a tú con el Gobierno.

Esa iniciativa marcó formalmente el distanciamiento con el PP, fortaleció la alianza del PSOE con los nacionalistas y supuso en la práctica la ruptura del Pacto Antiterrorista y del consenso de las dos grandes formaciones. Lo que era hasta entonces una política de Estado pasó a convertirse en una estrategia partidista. Por eso, el Rey no pudo apoyarla el día de Nochebuena. Que Zapatero insistiera en lo «largo y difícil» del proceso no hace más que mantener la expectativa de que, cuando escampe el aguacero, se reanudará el diálogo. De esta forma, el atentado de ayer quedaría amortizado como poco más que «un hecho añadido a la situación», según las miserables palabras utilizadas por Arnaldo Otegi.

ETA ha roto la tregua

Rubalcaba afirmó que la tregua de ETA había supuesto nueve meses «sin violencia». No es cierto. En abril, la banda envió cartas de extorsión a los empresarios y el Gobierno dijo que habían sido redactadas antes del alto el fuego. Poco después, un grupo de radicales quemó la ferretería de un militante del PP e Interior dió por buena la explicación de ETA de que era una «acción espontánea». Luego se intensificó la kale borroka y el Gobierno alegó que no era suficiente para romper el diálogo. Y más recientemente ETA robó 350 pistolas en Francia y las Fuerzas de Seguridad descubrieron un zulo con armas, hechos a los que el Ejecutivo restó parte de su gravedad. Ayer la banda sembró el terror en el aeropuerto y probablemente mató a dos personas, ¿Qué más hace falta para dar por roto este falso «proceso de paz» definitivamente, como pidió Mariano Rajoy?

Otegi afirmó ayer que el atentado «no nos retrotrae a la situación de antes del 24 de marzo», fecha del comienzo de la tregua. Es justamente al revés: sí nos retrotrae porque ETA ha quebrantado su alto el fuego con el coche bomba de Barajas, aunque quede el enigma de por qué la banda no lo comunicó previamente como en otras ocasiones en las que rompió sus treguas. Esto es precisamente lo que tenía que haber dicho Zapatero. Esto y otras muchas cosas más como que Batasuna no será legalizada en estas condiciones, que jamás consentirá que se cree una mesa de partidos fuera de las instituciones, que no negociará el futuro de Navarra como moneda de cambio y que no habrá excarcelaciones prematuras de presos. Por cierto, que también debería haber anunciado su disposición a instar al fiscal general del Estado a actuar contra Arnaldo Otegi por un delito de enaltecimiento del terrorismo cuando calificó a De Juana Chaos como «preso político».

Aunque Zapatero defraudó ayer a muchos españoles, que esperaban bastante más de él, no hay que descartar que el inconcreto paso de «suspender» el diálogo sea el comienzo de una rectificación gradual por la vía de los hechos. En ese caso, el PP debería ayudarle a cambiar de política y recuperar el consenso, como nuestro periódico ha defendido siempre.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿APRENDERA ALGUNA VEZ LA LECCION ESTE PRESIDENTE IRRESPONSABLE?</strong></p>
<p>Editorial</p>
<p>[<em>El Mundo</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>Cuando ayer nuestro periódico destacaba en su portada el pronóstico de Zapatero de que «dentro de un año estaremos mejor» y advertía que el presidente «se la está jugando con ETA» no podíamos pensar que en unas pocas horas se iba a materializar de forma tan dramática ese diagnóstico. De hecho, en el momento en que el presidente expresaba su optimismo el pasado viernes, el coche bomba estaba ya en el aparcamiento de Barajas o iba de camino.</p>
<p>El atentado de ayer supone el peor escenario posible para un Gobierno que se había jactado de los avances en «el proceso de paz» y que daba por seguro categóricamente que la situación iría a mejor. Pues bien, ha ido a peor de la peor forma posible: con un coche bomba en la T-4, la obra más emblemática inaugurada por este Gobierno, colapsando el transporte aéreo en vísperas de Nochevieja y con dos desaparecidos, presumiblemente sepultados bajo los escombros.</p>
<p>Si en el plano humano lo más trágico sería el fallecimiento de esas dos personas, queda en evidencia en el plano político el fracaso de la estrategia del Gobierno respecto a ETA y la falta de sustento del optimismo de Zapatero y Rubalcaba. Cabe preguntarse en qué manos estamos cuando tanto el presidente como el ministro de Interior -¡menudo papelón el suyo en la rueda de prensa del «ni confirmo ni desmiento»!- han demostrado una ignorancia tan absoluta respecto a los planes de la banda.</p>
<p>Una reacción insuficiente</p>
<p>Zapatero compareció por la tarde en La Moncloa para decir que considera que el dialogo con ETA no puede seguir mientras la organización armada no renuncie a la violencia pero no quiso ir más allá de esa «suspensión» temporal. Su intervención dejó la sensación de que se resiste a que la terca realidad trastoque sus ingenuos planteamientos.</p>
<p>Zapatero no es un traidor ni un malvado ni creemos que haya firmado letras de cambio a ETA -como a veces se sostiene de forma estereotipada por sus adversarios- pero sí ha actuado de una forma profundamente equivocada, sin medir las consecuencias de sus actos y sin un sentido claro de hacia donde se dirigía. Estamos ante un caso claro de irresponsabilidad política que los electores deberían castigar.</p>
<p>La suspensión del diálogo es lo menos que podía hacer el presidente del Gobierno ante un atentado de esta envergadura, pero su negativa a declarar que está roto definitivamente demuestra que sigue queriendo mantener la puerta entreabierta con la banda. Suspender significa «detener o diferir por algún tiempo». En este sentido, la intervención de Zapatero no supone una rectificación explícita de los errores cometidos sino más bien un intento de ganar tiempo hasta comprobar hacia dónde evolucionan los acontecimientos.</p>
<p>Zapatero se aferró ayer a la resolución del Congreso de mayo de 2005, en la que se daba luz verde a una negociación con ETA si ésta renunciaba a las armas. El tiempo ha demostrado que esta resolución sirvió para dar alas a la banda y para que sus dirigentes se creyeran que podían discutir la autodeterminación del País Vasco de tú a tú con el Gobierno.</p>
<p>Esa iniciativa marcó formalmente el distanciamiento con el PP, fortaleció la alianza del PSOE con los nacionalistas y supuso en la práctica la ruptura del Pacto Antiterrorista y del consenso de las dos grandes formaciones. Lo que era hasta entonces una política de Estado pasó a convertirse en una estrategia partidista. Por eso, el Rey no pudo apoyarla el día de Nochebuena. Que Zapatero insistiera en lo «largo y difícil» del proceso no hace más que mantener la expectativa de que, cuando escampe el aguacero, se reanudará el diálogo. De esta forma, el atentado de ayer quedaría amortizado como poco más que «un hecho añadido a la situación», según las miserables palabras utilizadas por Arnaldo Otegi.</p>
<p>ETA ha roto la tregua</p>
<p>Rubalcaba afirmó que la tregua de ETA había supuesto nueve meses «sin violencia». No es cierto. En abril, la banda envió cartas de extorsión a los empresarios y el Gobierno dijo que habían sido redactadas antes del alto el fuego. Poco después, un grupo de radicales quemó la ferretería de un militante del PP e Interior dió por buena la explicación de ETA de que era una «acción espontánea». Luego se intensificó la kale borroka y el Gobierno alegó que no era suficiente para romper el diálogo. Y más recientemente ETA robó 350 pistolas en Francia y las Fuerzas de Seguridad descubrieron un zulo con armas, hechos a los que el Ejecutivo restó parte de su gravedad. Ayer la banda sembró el terror en el aeropuerto y probablemente mató a dos personas, ¿Qué más hace falta para dar por roto este falso «proceso de paz» definitivamente, como pidió Mariano Rajoy?</p>
<p>Otegi afirmó ayer que el atentado «no nos retrotrae a la situación de antes del 24 de marzo», fecha del comienzo de la tregua. Es justamente al revés: sí nos retrotrae porque ETA ha quebrantado su alto el fuego con el coche bomba de Barajas, aunque quede el enigma de por qué la banda no lo comunicó previamente como en otras ocasiones en las que rompió sus treguas. Esto es precisamente lo que tenía que haber dicho Zapatero. Esto y otras muchas cosas más como que Batasuna no será legalizada en estas condiciones, que jamás consentirá que se cree una mesa de partidos fuera de las instituciones, que no negociará el futuro de Navarra como moneda de cambio y que no habrá excarcelaciones prematuras de presos. Por cierto, que también debería haber anunciado su disposición a instar al fiscal general del Estado a actuar contra Arnaldo Otegi por un delito de enaltecimiento del terrorismo cuando calificó a De Juana Chaos como «preso político».</p>
<p>Aunque Zapatero defraudó ayer a muchos españoles, que esperaban bastante más de él, no hay que descartar que el inconcreto paso de «suspender» el diálogo sea el comienzo de una rectificación gradual por la vía de los hechos. En ese caso, el PP debería ayudarle a cambiar de política y recuperar el consenso, como nuestro periódico ha defendido siempre.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7758</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:29:41 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7758</guid>
		<description>&lt;strong&gt;La sonrisa que se heló a las 20 horas&lt;/strong&gt;

FERNANDO ÓNEGA

[&lt;em&gt;La Voz de Galicia&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

SE acabó. Se pueden buscar todos los matices: suspensión, ruptura, espera de condiciones, pero el proceso de paz ya no existe. El atentado de ayer no fue un episodio de kale borroka. No fue una algarada de mozalbetes exaltados. Ha sido un hecho criminal. Rompió el discurso de «más de tres años sin víctimas». Mató la esperanza de un final pactado del terrorismo. Fue «gravísimo», en palabras de Zapatero. Ha escrito la palabra fin a nueve meses de alto el fuego.

Y además, sin atenuante. Si ETA puso el coche bomba como respuesta al optimismo («dentro de un año estaremos mejor»), es que tiene gran capacidad de respuesta. Si es una acción preparada desde hace tiempo, es que no está tan controlada como nos venían diciendo. Se mueve con facilidad y puede acceder a un lugar de gran seguridad. Y, en cualquiera de los casos, se ha burlado de la buena intención de un Gobierno que le ofrecía una salida y de una sociedad que soñaba con no tener una pistola en la nuca.

El presidente, que tuvo que sentir una enorme sensación de ridículo, ha reaccionado con la dignidad mínima: suspendió todas las iniciativas para desarrollar el diálogo. Su esperanzada sonrisa se ha helado 20 horas después. Ha dejado una puerta abierta, por si desaparece la violencia, pero ETA nos ha instalado a todos en la desconfianza. Tras el atentado, el diálogo ha perdido legitimidad y crédito social.

A partir de aquí, cambia todo el escenario político. Hay que rehacer la lucha antiterrorista. Y hay que hacerlo, probablemente, en la línea que ha señalado Mariano Rajoy: con el apoyo al Gobierno, que es víctima, y no autor. Al Gobierno se lo podrá acusar de ingenuo, de torpe, de haberse fiado de un grupo de asesinos y de haber calculado mal la capacidad de maldad de esa banda mafiosa y criminal; pero no es el responsable. Los responsables son únicamente quienes fabricaron y pusieron la bomba.

Digo esto porque el ciudadano Otegi ha responsabilizado, como hace siempre, al Gobierno por no haber dado no sé qué pasos. Pues sepa ese señor que ETA también atentó ayer contra Batasuna. Le ha cerrado las puertas que Zapatero le había abierto. Con violencia terrorista, si queda algo de dignidad, se acaba la tolerancia con ellos y se les retira cualquier pasaporte para estar en las elecciones de mayo sin haber abrazado previamente la legalidad. O se está con la democracia o con los asesinos. Que quizá no sea la cárcel; pero es la exclusión política y la marginación social.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La sonrisa que se heló a las 20 horas</strong></p>
<p>FERNANDO ÓNEGA</p>
<p>[<em>La Voz de Galicia</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>SE acabó. Se pueden buscar todos los matices: suspensión, ruptura, espera de condiciones, pero el proceso de paz ya no existe. El atentado de ayer no fue un episodio de kale borroka. No fue una algarada de mozalbetes exaltados. Ha sido un hecho criminal. Rompió el discurso de «más de tres años sin víctimas». Mató la esperanza de un final pactado del terrorismo. Fue «gravísimo», en palabras de Zapatero. Ha escrito la palabra fin a nueve meses de alto el fuego.</p>
<p>Y además, sin atenuante. Si ETA puso el coche bomba como respuesta al optimismo («dentro de un año estaremos mejor»), es que tiene gran capacidad de respuesta. Si es una acción preparada desde hace tiempo, es que no está tan controlada como nos venían diciendo. Se mueve con facilidad y puede acceder a un lugar de gran seguridad. Y, en cualquiera de los casos, se ha burlado de la buena intención de un Gobierno que le ofrecía una salida y de una sociedad que soñaba con no tener una pistola en la nuca.</p>
<p>El presidente, que tuvo que sentir una enorme sensación de ridículo, ha reaccionado con la dignidad mínima: suspendió todas las iniciativas para desarrollar el diálogo. Su esperanzada sonrisa se ha helado 20 horas después. Ha dejado una puerta abierta, por si desaparece la violencia, pero ETA nos ha instalado a todos en la desconfianza. Tras el atentado, el diálogo ha perdido legitimidad y crédito social.</p>
<p>A partir de aquí, cambia todo el escenario político. Hay que rehacer la lucha antiterrorista. Y hay que hacerlo, probablemente, en la línea que ha señalado Mariano Rajoy: con el apoyo al Gobierno, que es víctima, y no autor. Al Gobierno se lo podrá acusar de ingenuo, de torpe, de haberse fiado de un grupo de asesinos y de haber calculado mal la capacidad de maldad de esa banda mafiosa y criminal; pero no es el responsable. Los responsables son únicamente quienes fabricaron y pusieron la bomba.</p>
<p>Digo esto porque el ciudadano Otegi ha responsabilizado, como hace siempre, al Gobierno por no haber dado no sé qué pasos. Pues sepa ese señor que ETA también atentó ayer contra Batasuna. Le ha cerrado las puertas que Zapatero le había abierto. Con violencia terrorista, si queda algo de dignidad, se acaba la tolerancia con ellos y se les retira cualquier pasaporte para estar en las elecciones de mayo sin haber abrazado previamente la legalidad. O se está con la democracia o con los asesinos. Que quizá no sea la cárcel; pero es la exclusión política y la marginación social.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7757</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:24:32 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7757</guid>
		<description>&lt;strong&gt;¿Cuándo se acaba una tregua?&lt;/strong&gt;

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

[&lt;em&gt;La Voz de Galicia&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

El presidente del Gobierno proclamaba anteayer solemnemente, hablando del fin de ETA, que «dentro de un año estaremos mejor que hoy». Rodríguez Zapatero no sabía entonces, como es obvio, que menos de veinticuatro horas después de trasladar a la opinión pública esa animosa previsión ETA iba a hacer estallar una furgoneta bomba potentísima en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas.

El optimismo del presidente procedía, probablemente, de la información que le habían trasladado los representantes que en su nombre se habían entrevistado el 15 y 16 de diciembre con Josu Ternera y otros miembros de la cúpula de ETA: que la tregua seguía, pese a las reiteradas amenazas de los terroristas de romperla. Aunque el ministro del Interior no desmintió ni confirmó la celebración de la reunión, las informaciones publicadas al respecto, con todo lujo de detalles, en medios muy cercanos al Gobierno no dejaban lugar a dudas sobre el hecho de que aquélla tuvo lugar en los términos que posteriormente hemos podido conocer.

Así las cosas, para explicar el gravísimo atentado de Barajas -que lo sería más aún si se confirmase la muerte de las personas que se dan por desaparecidas cuando escribo- sólo caben dos opciones: o bien que estamos ante otra tregua trampa, utilizada por ETA para recolocar sus efectivos tras el acoso que la puso al borde de la desaparición; o bien que los terroristas consideran que las bombas no afectan a la tregua y que es posible, pese a ellas, que el Gobierno siga conversando con ETA y Batasuna.

En la primera hipótesis, el Gobierno hará lo único que cabe: tomar nota y actuar en consecuencia. Es la segunda hipótesis la que plantea más problemas, pues la tentación que Rodríguez Zapatero ha de superar es la de considerar, de hecho, y más allá de lo que ayer por la tarde proclamó, que puede seguir buscándose una solución dialogada al terrorismo sin exigir a los terroristas que, de verdad, abandonen previamente la violencia de un modo definitivo e irreversible.

Por más que ese fuese teóricamente el planteamiento de partida del Gobierno, plasmado en la resolución de mayo de 2005 del Congreso, lo cierto es que en la práctica se ha mantenido abierta durante meses la negociación con ETA-Batasuna pese a las cartas de extorsión, el atentado de Barañáin, la creciente violencia callejera, los disparos al aire en Oyarzun, el robo de pistolas en Francia y la preparación de zulos en España. Algunos dijimos, desde el principio, que seguir hablando en esas condiciones era enviar a ETA el peor mensaje imaginable. Los terroristas lo confirmaron, de un modo dramático, ayer por la mañana.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Cuándo se acaba una tregua?</strong></p>
<p>ROBERTO L. BLANCO VALDÉS</p>
<p>[<em>La Voz de Galicia</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>El presidente del Gobierno proclamaba anteayer solemnemente, hablando del fin de ETA, que «dentro de un año estaremos mejor que hoy». Rodríguez Zapatero no sabía entonces, como es obvio, que menos de veinticuatro horas después de trasladar a la opinión pública esa animosa previsión ETA iba a hacer estallar una furgoneta bomba potentísima en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas.</p>
<p>El optimismo del presidente procedía, probablemente, de la información que le habían trasladado los representantes que en su nombre se habían entrevistado el 15 y 16 de diciembre con Josu Ternera y otros miembros de la cúpula de ETA: que la tregua seguía, pese a las reiteradas amenazas de los terroristas de romperla. Aunque el ministro del Interior no desmintió ni confirmó la celebración de la reunión, las informaciones publicadas al respecto, con todo lujo de detalles, en medios muy cercanos al Gobierno no dejaban lugar a dudas sobre el hecho de que aquélla tuvo lugar en los términos que posteriormente hemos podido conocer.</p>
<p>Así las cosas, para explicar el gravísimo atentado de Barajas -que lo sería más aún si se confirmase la muerte de las personas que se dan por desaparecidas cuando escribo- sólo caben dos opciones: o bien que estamos ante otra tregua trampa, utilizada por ETA para recolocar sus efectivos tras el acoso que la puso al borde de la desaparición; o bien que los terroristas consideran que las bombas no afectan a la tregua y que es posible, pese a ellas, que el Gobierno siga conversando con ETA y Batasuna.</p>
<p>En la primera hipótesis, el Gobierno hará lo único que cabe: tomar nota y actuar en consecuencia. Es la segunda hipótesis la que plantea más problemas, pues la tentación que Rodríguez Zapatero ha de superar es la de considerar, de hecho, y más allá de lo que ayer por la tarde proclamó, que puede seguir buscándose una solución dialogada al terrorismo sin exigir a los terroristas que, de verdad, abandonen previamente la violencia de un modo definitivo e irreversible.</p>
<p>Por más que ese fuese teóricamente el planteamiento de partida del Gobierno, plasmado en la resolución de mayo de 2005 del Congreso, lo cierto es que en la práctica se ha mantenido abierta durante meses la negociación con ETA-Batasuna pese a las cartas de extorsión, el atentado de Barañáin, la creciente violencia callejera, los disparos al aire en Oyarzun, el robo de pistolas en Francia y la preparación de zulos en España. Algunos dijimos, desde el principio, que seguir hablando en esas condiciones era enviar a ETA el peor mensaje imaginable. Los terroristas lo confirmaron, de un modo dramático, ayer por la mañana.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7756</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:19:03 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7756</guid>
		<description>&lt;strong&gt;El espejo roto&lt;/strong&gt;

ANTONIO ELORZA

[&lt;em&gt;El Correo&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

Para amigos y enemigos del Gobierno socialista debiera ser éste ante todo un triste final de año. Una cosa es el juicio que pueda formarse acerca de la gestión llevada a cabo por el presidente Zapatero desde la declaración de 'alto el fuego permanente' y otra la valoración de lo que representaban las expectativas de normalización política, que no de paz, en Euskadi y en el conjunto de España. Muchos tuvimos la sensación de que tales esperanzas se asentaban mucho más en la debilidad estratégica de ETA, y en la eficacia del cerco policial trazado con la colaboración de Francia, que en el acierto de los negociadores gubernamentales. No ha sido así y resulta necesario reflexionar sobre ello, más allá del caso ETA.

La crítica al Gobierno no debe centrarse en lo que le demandaban la mayoría de los españoles: hacer todos los esfuerzos posibles dentro de la ley para que el paso dado por ETA se tradujera en el abandono definitivo del terror. Sin duda ésta será la línea seguida por el PP en sus comentarios, exhibiendo el acierto de las propias razones para rechazar cualquier tipo de negociación, ya que con los terroristas sólo cabe el aplastamiento por medio de la actuación policial respaldada por la ley. Era tanto como olvidar que ETA nada tenía que ver con el terrorismo grupuscular de las Brigadas Rojas o de la Baader Meinhof. Había que encauzar, no sólo a los terroristas, sino también a un 15% ó 20% de la sociedad vasca, hacia la democracia, y para ello era preciso abrirse con concesiones hasta el borde de la ley.

Siempre, claro, que se diese una presunción razonable de que ETA estaba dispuesta a efectuar su conversión sin alcanzar los objetivos previamente fijados desde la llamada Alternativa Democrática. Es en este tema donde las señales de peligro se pusieron muy pronto en rojo, ya que una y otra vez los voceros de la banda, así como su brazo político, insistieron en reclamar la autodeterminación, la territorialidad y la conquista de Navarra. En la cuestión de los presos, nada tenía que extrañar la discreción, pues se trataba de un tema subordinado en el cual las soluciones debían venir de la negociación Gobierno-ETA aún por iniciarse. Lo que resultaba difícilmente admisible era la ausencia del lado del Gobierno, no ya de explicaciones sobre la marcha de los contactos, sino del cuadro general de vías previstas desde La Moncloa para llegar al doble acuerdo, sobre la relación bilateral Gobierno-ETA y sobre la mesa de partidos. ETA y los suyos hablaban, eran la única parte visible del conflicto. Ocupaban en exclusiva el centro del escenario, con lo que esto supone en una democracia moderna. Del Gobierno podían apreciarse gestos de benevolencia, como el de Zapatero al afirmar que De Juana estaba «de acuerdo con el proceso» o las iniciativas del fiscal general, pero de ideas claras, ninguna. Se repetía en este sentido lo que había pasado en el curso de la negociación del Estatut. Había que confiar en la reconocida capacidad de maniobra de Zapatero para prolongar el optimismo.

En efecto, si ETA-Batasuna mantenía el jaque al rey, en cuanto a sus reivindicaciones, y el Gobierno no iba a ofrecer una modificación sustancial del marco definido por la Constitución, ¿cómo podía esperarse nada positivo de un 'alto el fuego' convertido en fase de preparación de una nueva etapa de lucha? Así las cosas, las declaraciones del día 29 de Zapatero con el lenguaje del Día de San Valentín, 'hoy más que ayer y menos que mañana', no representan como alguien ha dicho la expresión de un 'ridículo', sino de una política de información que, o bien pone de manifiesto una total ignorancia de cuanto está sucediendo en la relación con ETA, o, lo más probable, contempla su papel como un espejo destinado de repercutir imágenes falsas. Un espejo ahora roto.

Y ahora, ¿qué hacer? Hay dos posibilidades. Una, que ETA explique el atentado como respuesta inevitable y no deseada, pues las fieras como se sabe quieren la paz, por la negativa del Gobierno a cumplir los compromisos que les llevaron a declarar el 'alto el fuego'. Ante ello, por parte del Ejecutivo, habrá protestas de haber sido vilmente engañado, acusaciones contra el PP que sembró el malestar, etcétera, pero sin otro remedio que volver a la vía policial. Otra posibilidad es que con todo cinismo ETA presente la bomba como una advertencia del deterioro a que se ha llegado. El Gobierno se contentaría entonces con una declaración grandilocuente, volvería la acción policial, pero las puertas seguirían abiertas. Y el futuro, cerrado.

Es también la ocasión para revisar de una vez por todas la forma de hacer política, y de presentar esa política, por parte de Zapatero. Ante problemas graves, el principio de que 'gracias a mí todo va mejor en el mejor de los mundos' sólo sirve para agravarlos. ZP debió anunciar que 'la paz' no iba a ser aceptada por ETA si él mantenía la legalidad constitucional en la negociación, con las consecuencias previsibles, poniendo en guardia a la opinión pública. Cuando las cosas son tan claras, las maniobras no sirven. Lo mismo sucedió con el Estatut, cuyos efectos disgregadores, Galicia incluida, apenas han empezado a sentirse.

Y en otro terreno, otro tanto ocurre con el planteamiento de la famosa Alianza de Civilizaciones, rico en imágenes para la galería y de encefalograma plano en cuanto al análisis. Si el problema es el Islam ofendido por las caricaturas y no ante todo el terrorismo del 11-S o el 11-M, parecería que Zapatero acierta, pero ni eso, ya que la insistencia en que reina la islamofobia en Occidente y que el Islam se encuentra 'humillado', sin que exista 'terrorismo islámico', alienta un giro de nuestra comunidad musulmana -pensemos en Córdoba-, no hacia la búsqueda de una creciente integración en la España democrática, sino a la propia afirmación en nombre de 'dar al-islam' frente a su estatus actual. En una palabra, las buenas intenciones no bastan, y nadie duda de las albergadas por Zapatero y su Gobierno en relación al Terror, vasco o de Al-Qaida: de análisis erróneos y de informaciones desviadas sólo cabe esperar una política que a medio plazo nada resuelva y siembre el desaliento entre los demócratas. Ojalá me equivoque.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El espejo roto</strong></p>
<p>ANTONIO ELORZA</p>
<p>[<em>El Correo</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>Para amigos y enemigos del Gobierno socialista debiera ser éste ante todo un triste final de año. Una cosa es el juicio que pueda formarse acerca de la gestión llevada a cabo por el presidente Zapatero desde la declaración de &#8216;alto el fuego permanente&#8217; y otra la valoración de lo que representaban las expectativas de normalización política, que no de paz, en Euskadi y en el conjunto de España. Muchos tuvimos la sensación de que tales esperanzas se asentaban mucho más en la debilidad estratégica de ETA, y en la eficacia del cerco policial trazado con la colaboración de Francia, que en el acierto de los negociadores gubernamentales. No ha sido así y resulta necesario reflexionar sobre ello, más allá del caso ETA.</p>
<p>La crítica al Gobierno no debe centrarse en lo que le demandaban la mayoría de los españoles: hacer todos los esfuerzos posibles dentro de la ley para que el paso dado por ETA se tradujera en el abandono definitivo del terror. Sin duda ésta será la línea seguida por el PP en sus comentarios, exhibiendo el acierto de las propias razones para rechazar cualquier tipo de negociación, ya que con los terroristas sólo cabe el aplastamiento por medio de la actuación policial respaldada por la ley. Era tanto como olvidar que ETA nada tenía que ver con el terrorismo grupuscular de las Brigadas Rojas o de la Baader Meinhof. Había que encauzar, no sólo a los terroristas, sino también a un 15% ó 20% de la sociedad vasca, hacia la democracia, y para ello era preciso abrirse con concesiones hasta el borde de la ley.</p>
<p>Siempre, claro, que se diese una presunción razonable de que ETA estaba dispuesta a efectuar su conversión sin alcanzar los objetivos previamente fijados desde la llamada Alternativa Democrática. Es en este tema donde las señales de peligro se pusieron muy pronto en rojo, ya que una y otra vez los voceros de la banda, así como su brazo político, insistieron en reclamar la autodeterminación, la territorialidad y la conquista de Navarra. En la cuestión de los presos, nada tenía que extrañar la discreción, pues se trataba de un tema subordinado en el cual las soluciones debían venir de la negociación Gobierno-ETA aún por iniciarse. Lo que resultaba difícilmente admisible era la ausencia del lado del Gobierno, no ya de explicaciones sobre la marcha de los contactos, sino del cuadro general de vías previstas desde La Moncloa para llegar al doble acuerdo, sobre la relación bilateral Gobierno-ETA y sobre la mesa de partidos. ETA y los suyos hablaban, eran la única parte visible del conflicto. Ocupaban en exclusiva el centro del escenario, con lo que esto supone en una democracia moderna. Del Gobierno podían apreciarse gestos de benevolencia, como el de Zapatero al afirmar que De Juana estaba «de acuerdo con el proceso» o las iniciativas del fiscal general, pero de ideas claras, ninguna. Se repetía en este sentido lo que había pasado en el curso de la negociación del Estatut. Había que confiar en la reconocida capacidad de maniobra de Zapatero para prolongar el optimismo.</p>
<p>En efecto, si ETA-Batasuna mantenía el jaque al rey, en cuanto a sus reivindicaciones, y el Gobierno no iba a ofrecer una modificación sustancial del marco definido por la Constitución, ¿cómo podía esperarse nada positivo de un &#8216;alto el fuego&#8217; convertido en fase de preparación de una nueva etapa de lucha? Así las cosas, las declaraciones del día 29 de Zapatero con el lenguaje del Día de San Valentín, &#8216;hoy más que ayer y menos que mañana&#8217;, no representan como alguien ha dicho la expresión de un &#8216;ridículo&#8217;, sino de una política de información que, o bien pone de manifiesto una total ignorancia de cuanto está sucediendo en la relación con ETA, o, lo más probable, contempla su papel como un espejo destinado de repercutir imágenes falsas. Un espejo ahora roto.</p>
<p>Y ahora, ¿qué hacer? Hay dos posibilidades. Una, que ETA explique el atentado como respuesta inevitable y no deseada, pues las fieras como se sabe quieren la paz, por la negativa del Gobierno a cumplir los compromisos que les llevaron a declarar el &#8216;alto el fuego&#8217;. Ante ello, por parte del Ejecutivo, habrá protestas de haber sido vilmente engañado, acusaciones contra el PP que sembró el malestar, etcétera, pero sin otro remedio que volver a la vía policial. Otra posibilidad es que con todo cinismo ETA presente la bomba como una advertencia del deterioro a que se ha llegado. El Gobierno se contentaría entonces con una declaración grandilocuente, volvería la acción policial, pero las puertas seguirían abiertas. Y el futuro, cerrado.</p>
<p>Es también la ocasión para revisar de una vez por todas la forma de hacer política, y de presentar esa política, por parte de Zapatero. Ante problemas graves, el principio de que &#8216;gracias a mí todo va mejor en el mejor de los mundos&#8217; sólo sirve para agravarlos. ZP debió anunciar que &#8216;la paz&#8217; no iba a ser aceptada por ETA si él mantenía la legalidad constitucional en la negociación, con las consecuencias previsibles, poniendo en guardia a la opinión pública. Cuando las cosas son tan claras, las maniobras no sirven. Lo mismo sucedió con el Estatut, cuyos efectos disgregadores, Galicia incluida, apenas han empezado a sentirse.</p>
<p>Y en otro terreno, otro tanto ocurre con el planteamiento de la famosa Alianza de Civilizaciones, rico en imágenes para la galería y de encefalograma plano en cuanto al análisis. Si el problema es el Islam ofendido por las caricaturas y no ante todo el terrorismo del 11-S o el 11-M, parecería que Zapatero acierta, pero ni eso, ya que la insistencia en que reina la islamofobia en Occidente y que el Islam se encuentra &#8216;humillado&#8217;, sin que exista &#8216;terrorismo islámico&#8217;, alienta un giro de nuestra comunidad musulmana -pensemos en Córdoba-, no hacia la búsqueda de una creciente integración en la España democrática, sino a la propia afirmación en nombre de &#8216;dar al-islam&#8217; frente a su estatus actual. En una palabra, las buenas intenciones no bastan, y nadie duda de las albergadas por Zapatero y su Gobierno en relación al Terror, vasco o de Al-Qaida: de análisis erróneos y de informaciones desviadas sólo cabe esperar una política que a medio plazo nada resuelva y siembre el desaliento entre los demócratas. Ojalá me equivoque.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7755</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:10:30 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7755</guid>
		<description>&lt;strong&gt;Experimento&lt;/strong&gt;

TONIA ETXARRI

[&lt;em&gt;El Correo&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

No es el momento de pasar facturas, tras el atentado de ETA. Pero hay que reconocer que el triunfalismo del presidente Zapatero se lo ha echado por tierra la banda terrorista ETA, que, al ver que los negros presagios que iban anunciando los portavoces de Batasuna no estaban siendo tomados en serio, ha decidido tirar del arsenal tan cuidadosamente almacenado en estos meses de proceso. Fin del experimento. Y el mismo presidente que, veinticuatro horas antes, había proclamado solemnemente que «estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor», se veía, forzado por los hechos, a reconocer que «hoy estamos peor; mucho peor que ayer».

Al calor de los primeros momentos de decepción tras el zarpazo terrorista, resulta obligado preguntar. Porque se necesitan respuestas. Aquí no ha habido información (y no me refiero a los detalles más cotillas de las reuniones, con sus menús incluidos, porque eso, al fin y al cabo, resulta baladí) sino a las claves de este fracaso. Va cobrando dimensión la idea de que se construyó un gran castillo sobre bases falsas. O bien, alimentadas de malentendidos o de no querer tomar en serio, por parte del Gobierno, las exigencias de ETA. Seguramente no valdría gran cosa que la oposición reclamase una comparecencia del presidente del PSE, Jesús Eguiguren, como interlocutor de las negociaciones, y, de paso, podría romper el silencio que viene manteniendo, en una actitud más propia de un cartujo que de su condición de parlamentario. Pero alguien debería empezar a contestar. ¿De qué han estado hablando durante todo este tiempo ETA y el Gobierno? ¿cómo había llegado el Gobierno a la conclusión de que ETA quería abandonar la violencia? ¿ETA ha engañado al presidente, como ya hizo con sus antecesores, o se trata de que Zapatero no se estaba enterando de cómo se 'trabaja' la banda sus particulares procesos de negociación?

Porque lo que resulta chocante de este desenlace inadmisible es que el atentado haya pillado por sorpresa al Gobierno. Chocante pero lógico, a la vez, si recordamos que el robo de las 350 pistolas en Francia no encendió la luz de alarma, que el zulo encontrado en Vizcaya no fue considerado importante y, como guinda del pastel, el director general de la Policía y Guardia Civil declaró, el día de Navidad, que «no hay datos que hagan pensar que ETA se está rearmando». Bingo. Ese optimismo exultante contrastaba con la cautela y desconfianza del PP, de las asociaciones mayoritarias de víctimas del terrorismo y de tantos ciudadanos escarmentados con la historia de ETA. El propio Euskobarómetro reconocía que el 64%de los consultados veía probable que ETA volviera a matar. Primera lección tras el zarpazo que debería aprenderse el Gobierno: el significado de las palabras no es el mismo para un demócrata que para un terrorista.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Experimento</strong></p>
<p>TONIA ETXARRI</p>
<p>[<em>El Correo</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>No es el momento de pasar facturas, tras el atentado de ETA. Pero hay que reconocer que el triunfalismo del presidente Zapatero se lo ha echado por tierra la banda terrorista ETA, que, al ver que los negros presagios que iban anunciando los portavoces de Batasuna no estaban siendo tomados en serio, ha decidido tirar del arsenal tan cuidadosamente almacenado en estos meses de proceso. Fin del experimento. Y el mismo presidente que, veinticuatro horas antes, había proclamado solemnemente que «estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor», se veía, forzado por los hechos, a reconocer que «hoy estamos peor; mucho peor que ayer».</p>
<p>Al calor de los primeros momentos de decepción tras el zarpazo terrorista, resulta obligado preguntar. Porque se necesitan respuestas. Aquí no ha habido información (y no me refiero a los detalles más cotillas de las reuniones, con sus menús incluidos, porque eso, al fin y al cabo, resulta baladí) sino a las claves de este fracaso. Va cobrando dimensión la idea de que se construyó un gran castillo sobre bases falsas. O bien, alimentadas de malentendidos o de no querer tomar en serio, por parte del Gobierno, las exigencias de ETA. Seguramente no valdría gran cosa que la oposición reclamase una comparecencia del presidente del PSE, Jesús Eguiguren, como interlocutor de las negociaciones, y, de paso, podría romper el silencio que viene manteniendo, en una actitud más propia de un cartujo que de su condición de parlamentario. Pero alguien debería empezar a contestar. ¿De qué han estado hablando durante todo este tiempo ETA y el Gobierno? ¿cómo había llegado el Gobierno a la conclusión de que ETA quería abandonar la violencia? ¿ETA ha engañado al presidente, como ya hizo con sus antecesores, o se trata de que Zapatero no se estaba enterando de cómo se &#8216;trabaja&#8217; la banda sus particulares procesos de negociación?</p>
<p>Porque lo que resulta chocante de este desenlace inadmisible es que el atentado haya pillado por sorpresa al Gobierno. Chocante pero lógico, a la vez, si recordamos que el robo de las 350 pistolas en Francia no encendió la luz de alarma, que el zulo encontrado en Vizcaya no fue considerado importante y, como guinda del pastel, el director general de la Policía y Guardia Civil declaró, el día de Navidad, que «no hay datos que hagan pensar que ETA se está rearmando». Bingo. Ese optimismo exultante contrastaba con la cautela y desconfianza del PP, de las asociaciones mayoritarias de víctimas del terrorismo y de tantos ciudadanos escarmentados con la historia de ETA. El propio Euskobarómetro reconocía que el 64%de los consultados veía probable que ETA volviera a matar. Primera lección tras el zarpazo que debería aprenderse el Gobierno: el significado de las palabras no es el mismo para un demócrata que para un terrorista.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Jorge Marsá</title>
		<link>http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/12/22/mejor-que-ayer-i/#comment-7754</link>
		<dc:creator>Jorge Marsá</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:03:11 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.laopiniondelanzarote.com/?p=1284#comment-7754</guid>
		<description>&lt;strong&gt; ¿Suspender o romper el proceso?&lt;/strong&gt;

ROGELIO ALONSO

[&lt;em&gt;El Correo&lt;/em&gt;, 31 de diciembre de 2006]

En 1951, el psicólogo Solomon Asch llevó a cabo un experimento con el fin de demostrar hasta qué punto la presión grupal puede llegar a influir sobre las percepciones de los individuos. Con ese fin, reunió a un grupo de estudiantes a los que mostró una serie de imágenes en las que podían verse barras de diferentes tamaños. Siguiendo las instrucciones del coordinador del experimento, la mayoría de los alumnos debían responder incorrectamente al ser preguntados cuál de las barras era la de mayor longitud. Si bien la respuesta correcta resultaba obvia, sólo uno de los estudiantes, al que se le ocultaba la verdadera intención del experimento, habiéndosele indicado por el contrario que la finalidad del mismo consistía en comprobar el nivel de agudeza visual, parecía destinado a responder de manera acertada. Así pues, el único alumno que desconocía lo que el resto del grupo sí sabía respondería en antepenúltimo lugar, con el fin de que su respuesta llegara después de las de la mayoría de los integrantes del experimento, condicionando por ello su decisión. El alumno que con sorpresa escuchó cómo la mayoría de los participantes respondía incorrectamente al ser preguntados por el tamaño de las barras terminó por aceptar en un elevado número de ocasiones dicha respuesta errónea aportada por la colectividad, a pesar de que inicialmente resultara obvio para él que la barra de mayor tamaño no era la identificada por sus compañeros. Para Asch, el resultado de su experimentó demostraba la inquietante tendencia a la conformidad con el grupo por parte de los individuos cuando éstos se ven en minoría.

El denominado 'proceso de paz' por el que el Gobierno español ha optado como eje de su política antiterrorista ha descansado en la necesidad de que los ciudadanos mostrasen su conformidad con las decisiones gubernamentales, a pesar de la evidente disonancia que se apreciaba entre la realidad y la interpretación de la misma que las autoridades han venido realizando. Con el fin de maquillar los hechos objetivos para que éstos no expusiesen la inconsistencia que se apreciaba al comparar los esperanzados deseos del ejecutivo con la cruda realidad en torno a las actividades de ETA y Batasuna durante los últimos meses, resultaba fundamental articular una propaganda como la desplegada desde la declaración del alto el fuego. A través de los pronunciamientos de las autoridades y de diversos formadores de opinión se ha insistido en interpretaciones benignas de la realidad, aunque la realidad ofrecía pocos aspectos para tan optimistas valoraciones de los hechos. Quienes han intentado llamar la atención sobre dichas inconsistencias mostrando por tanto una disconformidad con el grupo que hábilmente el Gobierno se ha encargado de definir cómo la «mayoría de la sociedad» han sido calificados injustamente como «enemigos de la paz». Así se pretendía invalidar los argumentos críticos con la interpretación del 'proceso de paz' defendida por el Ejecutivo y se buscaba además descalificar a quienes así razonaban, atribuyéndoles unas intencionalidades políticas. Se intentaba de este modo vaciar de contenido críticas constructivas fundamentadas en análisis rigurosos de los hechos objetivos.

Oportuno parece recordar esta lógica de comportamiento en unos momentos en los que aún hay quienes abogan por continuar con un 'proceso de paz' que sólo está acarreando costes para nuestra democracia, como evidencia la creciente polarización política y social en torno a la política antiterrorista mientras ETA persiste en su violencia. Es preciso destacarlo a propósito de la declaración del presidente Zapatero anunciando la suspensión del diálogo con ETA mientras no se den las condiciones recogidas en la resolución aprobada por el Congreso en 2005. Lo cierto es que a pesar de la insistencia gubernamental en construir una realidad virtual, al estilo del experimento antes citado, el diálogo con ETA se inició sin que se cumplieran las exigencias impuestas por el propio Ejecutivo. El atentado de Barajas ha corroborado algo que ya era evidente, que ETA carecía de la exigida voluntad de concluir con el terrorismo. Debe destacarse que la explosión de ayer ha ido precedida de otras acciones terroristas que han sido minimizadas por los defensores del llamado 'proceso de paz' a pesar de que revelaban con crudeza cuáles eran las verdaderas intenciones de la banda. Por ello deben recordarse el brutal ataque contra un concejal de Barañain en abril, las incesantes coacciones y chantajes a empresarios y políticos desde el momento en que ETA anunció su tregua, la continuidad de las actividades de financiación ilegal de la banda que llevaron a la detención de varios implicados, los intensos actos de terrorismo callejero en diversas ciudades vascas, los sucesivos comunicados de la banda reiterando sus deseos de continuar activa, así como los robos de armas y materiales para la preparación de explosivos que daban credibilidad a la amenaza que la mera existencia de una organización terrorista supone. Todas estas pruebas inequívocas de la voluntad de ETA de no poner fin a la violencia han sido ignoradas por el Gobierno, aceptando un diálogo con la banda y su entorno cuya suspensión el presidente anunció ayer. Es por tanto innegable que el hecho de que ETA no haya cumplido las condiciones impuestas para iniciar el diálogo no ha servido para evitar el comienzo del mismo.

Esta importante variable suscita dudas sobre la aparente firmeza del presidente del Gobierno al anunciar el final de las negociaciones con la organización terrorista mientras no se den unas condiciones que, en realidad, jamás han existido, sin que ello impidiera el referido diálogo con ETA y su entorno. Con estos precedentes, y con una ETA evidentemente dispuesta a continuar asesinado, las declaraciones gubernamentales ganarían credibilidad si fueran acompañadas de la inmediata convocatoria del Pacto por las Libertades que obliga al Ejecutivo de la nación y al principal partido de la oposición a consensuar la política antiterrorista. De ese modo se contribuiría a contrarrestar uno de los perversos efectos de un 'proceso de paz' que ha servido para invertir los roles de demócratas y terroristas. Así ha ocurrido al despreciarse como «enemigos de la paz» a quienes planteaban necesarios y coherentes interrogantes sobre las peligrosas iniciativas del Gobierno, mientras quienes han amenazado y coaccionado a políticos y ciudadanos han sido legitimados como «interlocutores necesarios en el camino por la paz». El manipulador lenguaje en torno al 'proceso de paz' ha beneficiado a los intereses de la organización terrorista. La terminología de políticos y medios de comunicación ha servido para construir 'enemigos' donde sólo debería haber aliados, trampa en la que se podría permanecer si se aceptase la continuidad de un 'proceso de paz' que no debería admitir suspensión alguna, reclamando por el contrario una ruptura contundente que permita un claro retorno a la estrategia del consenso entre los principales partidos democráticos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong> ¿Suspender o romper el proceso?</strong></p>
<p>ROGELIO ALONSO</p>
<p>[<em>El Correo</em>, 31 de diciembre de 2006]</p>
<p>En 1951, el psicólogo Solomon Asch llevó a cabo un experimento con el fin de demostrar hasta qué punto la presión grupal puede llegar a influir sobre las percepciones de los individuos. Con ese fin, reunió a un grupo de estudiantes a los que mostró una serie de imágenes en las que podían verse barras de diferentes tamaños. Siguiendo las instrucciones del coordinador del experimento, la mayoría de los alumnos debían responder incorrectamente al ser preguntados cuál de las barras era la de mayor longitud. Si bien la respuesta correcta resultaba obvia, sólo uno de los estudiantes, al que se le ocultaba la verdadera intención del experimento, habiéndosele indicado por el contrario que la finalidad del mismo consistía en comprobar el nivel de agudeza visual, parecía destinado a responder de manera acertada. Así pues, el único alumno que desconocía lo que el resto del grupo sí sabía respondería en antepenúltimo lugar, con el fin de que su respuesta llegara después de las de la mayoría de los integrantes del experimento, condicionando por ello su decisión. El alumno que con sorpresa escuchó cómo la mayoría de los participantes respondía incorrectamente al ser preguntados por el tamaño de las barras terminó por aceptar en un elevado número de ocasiones dicha respuesta errónea aportada por la colectividad, a pesar de que inicialmente resultara obvio para él que la barra de mayor tamaño no era la identificada por sus compañeros. Para Asch, el resultado de su experimentó demostraba la inquietante tendencia a la conformidad con el grupo por parte de los individuos cuando éstos se ven en minoría.</p>
<p>El denominado &#8216;proceso de paz&#8217; por el que el Gobierno español ha optado como eje de su política antiterrorista ha descansado en la necesidad de que los ciudadanos mostrasen su conformidad con las decisiones gubernamentales, a pesar de la evidente disonancia que se apreciaba entre la realidad y la interpretación de la misma que las autoridades han venido realizando. Con el fin de maquillar los hechos objetivos para que éstos no expusiesen la inconsistencia que se apreciaba al comparar los esperanzados deseos del ejecutivo con la cruda realidad en torno a las actividades de ETA y Batasuna durante los últimos meses, resultaba fundamental articular una propaganda como la desplegada desde la declaración del alto el fuego. A través de los pronunciamientos de las autoridades y de diversos formadores de opinión se ha insistido en interpretaciones benignas de la realidad, aunque la realidad ofrecía pocos aspectos para tan optimistas valoraciones de los hechos. Quienes han intentado llamar la atención sobre dichas inconsistencias mostrando por tanto una disconformidad con el grupo que hábilmente el Gobierno se ha encargado de definir cómo la «mayoría de la sociedad» han sido calificados injustamente como «enemigos de la paz». Así se pretendía invalidar los argumentos críticos con la interpretación del &#8216;proceso de paz&#8217; defendida por el Ejecutivo y se buscaba además descalificar a quienes así razonaban, atribuyéndoles unas intencionalidades políticas. Se intentaba de este modo vaciar de contenido críticas constructivas fundamentadas en análisis rigurosos de los hechos objetivos.</p>
<p>Oportuno parece recordar esta lógica de comportamiento en unos momentos en los que aún hay quienes abogan por continuar con un &#8216;proceso de paz&#8217; que sólo está acarreando costes para nuestra democracia, como evidencia la creciente polarización política y social en torno a la política antiterrorista mientras ETA persiste en su violencia. Es preciso destacarlo a propósito de la declaración del presidente Zapatero anunciando la suspensión del diálogo con ETA mientras no se den las condiciones recogidas en la resolución aprobada por el Congreso en 2005. Lo cierto es que a pesar de la insistencia gubernamental en construir una realidad virtual, al estilo del experimento antes citado, el diálogo con ETA se inició sin que se cumplieran las exigencias impuestas por el propio Ejecutivo. El atentado de Barajas ha corroborado algo que ya era evidente, que ETA carecía de la exigida voluntad de concluir con el terrorismo. Debe destacarse que la explosión de ayer ha ido precedida de otras acciones terroristas que han sido minimizadas por los defensores del llamado &#8216;proceso de paz&#8217; a pesar de que revelaban con crudeza cuáles eran las verdaderas intenciones de la banda. Por ello deben recordarse el brutal ataque contra un concejal de Barañain en abril, las incesantes coacciones y chantajes a empresarios y políticos desde el momento en que ETA anunció su tregua, la continuidad de las actividades de financiación ilegal de la banda que llevaron a la detención de varios implicados, los intensos actos de terrorismo callejero en diversas ciudades vascas, los sucesivos comunicados de la banda reiterando sus deseos de continuar activa, así como los robos de armas y materiales para la preparación de explosivos que daban credibilidad a la amenaza que la mera existencia de una organización terrorista supone. Todas estas pruebas inequívocas de la voluntad de ETA de no poner fin a la violencia han sido ignoradas por el Gobierno, aceptando un diálogo con la banda y su entorno cuya suspensión el presidente anunció ayer. Es por tanto innegable que el hecho de que ETA no haya cumplido las condiciones impuestas para iniciar el diálogo no ha servido para evitar el comienzo del mismo.</p>
<p>Esta importante variable suscita dudas sobre la aparente firmeza del presidente del Gobierno al anunciar el final de las negociaciones con la organización terrorista mientras no se den unas condiciones que, en realidad, jamás han existido, sin que ello impidiera el referido diálogo con ETA y su entorno. Con estos precedentes, y con una ETA evidentemente dispuesta a continuar asesinado, las declaraciones gubernamentales ganarían credibilidad si fueran acompañadas de la inmediata convocatoria del Pacto por las Libertades que obliga al Ejecutivo de la nación y al principal partido de la oposición a consensuar la política antiterrorista. De ese modo se contribuiría a contrarrestar uno de los perversos efectos de un &#8216;proceso de paz&#8217; que ha servido para invertir los roles de demócratas y terroristas. Así ha ocurrido al despreciarse como «enemigos de la paz» a quienes planteaban necesarios y coherentes interrogantes sobre las peligrosas iniciativas del Gobierno, mientras quienes han amenazado y coaccionado a políticos y ciudadanos han sido legitimados como «interlocutores necesarios en el camino por la paz». El manipulador lenguaje en torno al &#8216;proceso de paz&#8217; ha beneficiado a los intereses de la organización terrorista. La terminología de políticos y medios de comunicación ha servido para construir &#8216;enemigos&#8217; donde sólo debería haber aliados, trampa en la que se podría permanecer si se aceptase la continuidad de un &#8216;proceso de paz&#8217; que no debería admitir suspensión alguna, reclamando por el contrario una ruptura contundente que permita un claro retorno a la estrategia del consenso entre los principales partidos democráticos.</p>
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