Ángel Tristán Pimienta
[La Provincia, 31 de octubre de 2006]
En la mañana del domingo, varias personas, banderas y pancartas en mano, se dirigían a Tenerife en el ferry de Fred Olsen que salió de Agaete a las 9.30. Casi todos, una media docena, quizás algo más, eran independentistas. Había también un matrimonio majorero que no lo era pero que cree firmemente que “esto hay que pararlo”. “Esto” es la sensación de vértigo, de agobio, de asfixia.
Las manifestaciones no son intrínsecamente malas, aunque a algunas las carga el diablo. Y cuando una de ellas ha sido apadrinada tanto por la extrema derecha como por los radicales de izquierda… es lícita la duda. Siempre que los extremos se tocan, es por algo. En Arrecife de Lanzarote se celebró hace poco tiempo una concentración movida por el mismo impulso, frenar un crecimiento que miles de personas estimaban deslocado, pero allí lo que se pidió fue un frenazo a la construcción turística: “ni una cama más”, se dijo. Los lanzaroteños que salieron a la calle sabían y saben muy bien que lo uno lleva a lo otro, y lo otro a lo de más allá; que las camas no se hacen solas. Que una cama es el resultado de una serie de operaciones especulativas, urbanísticas, constructivas, laborales, financieras…. Fuerteventura puede ser una buena representación de lo que está ocurriendo en el plano regional: su población ´original´ ya es minoritaria. Y eso por una razón muy simple, porque para tener el número de elementos ´alojativos´ que tienen, hacía y hace falta mano de obra de fuera. Sin foráneos, singularmente gallegos, asturianos y portugueses hubiera sido imposible el paisaje de grúas que es característico en esta isla, y el trajín posterior en el aeropuerto.
Un taxista de Puerto de La Cruz -que ´clavó´ 45 euros por una carrera a la capital- tenía bien claro que los manifestantes que por la mañana salieron “contra los inmigrantes” utilizaban algunos datos incorrectos. Que haya aumentado el paro en octubre no significa que esos parados trabajaran si no hubiera un solo peninsular o extranjero en Tenerife. “Siempre hay un número de desempleados que no trabajan, en todas partes, unos porque no tienen el perfil adecuado, y otros porque no quieren”. Este taxista sabe que en su ámbito portuense, y en la Orotava, en los Realejos, en La Matanza y en La Victoria, en El Sauzal, en Tacoronte, hay cientos o miles de jubilados alemanes, británicos o nórdicos “que dejan un buen dinerito”. “Este asunto es muy complejo”, sentenciaba con prudencia. El viajero le planteó una cuestión: ¿y si se cerrara o entornara la puerta a los ciudadados comunitarios, la Unión Europea cómo se lo tomaría? Aaaaamigo, yo le trato como usted me trata.
Canarias vive en el mundo que vive, y cualquier juicio exige esa sabiduría tan vieja que las parábolas del Evangelio ejemplifican en el dicho de “separar la paja del trigo”. Sin fuerza laboral extrainsular, ni Fuerteventura ni Lanzarote podrían haberse desarrollado. Ni los sures de Tenerife y Gran Canaria. Algunos pueden cantar misa o desgañitarse pero, como decía un famoso torero en la República, “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible” (quizás en el pasado he repetido mucho esta frase pero, ¿cuál otra es mejor en estas circunstancias?).
El problema es el modelo económico y los ritmos que se marquen, y quien los marca no está en Bruselas ni en Transilvania: es el Gobierno autonómico. Desde hace 13 años Coalición ha manejado los Presupuestos y fijado las prioridades, sola o con ayuda del PP que, a estos efectos, ha sido más compañero de viaje que otra cosa por su papel dependiente, como se vio cuando Adán Martín lo expulsó del paraíso presupuestario.
Es cierto, pese a todo, que el problema de fondo está ahí aunque sea en el plano de la percepción social y la ´visualización´. Y que algo tendrán que hacer los políticos sin que lo que hagan produzca el efecto de un elefante en una cacharrería. Hay tres o cuatro verdades incuestionables: un progreso a base de cemento que comienza a replantearse, pero al que no se dan alternativas válidas; un consumo masivo de territorio, que se ha multiplicado exponencialmente y que equivale al de cinco o diez generaciones anteriores juntas; un crecimiento poblacional que desborda cualquier proceso de digestión social; pero un nivel de vida sin parangón y una integración en Europa que ha evitado un proceso de argentinización (o bananerización) de Canarias. Todo eso hay que mezclarlo y batirlo con un cuidado de mayonesa, para que no se corte. La falta de respuestas alienta la demagogia.
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