Martes, 31 de Octubre de 2006

Primero los canarios, después los canarios

Adrián Rodríguez

Algunos participantes de este blog discreparon y se indignaron un poco con lo que sostenía ayer en “Primero los canarios, después ya veremos”. Nada tengo contra la discrepancia y, puede ser, que no me haya explicado bien como para que alguien piense que sostengo que el nacionalismo es sinónimo de xenofobia. No lo pienso y, si lo pensara, lo dejaría bien clarito para no andarnos con ambigüedades.

Puede resultar patético emplear un eslogan de la manifestación del domingo en Santa Cruz, “no en mi espacio vital”, y compararla con el ansia de ganancia de espacio vital por Adolfito Hitler. Quien firmó como “ciudadano” sostuvo que Hitler se refería a la raza aria en su afán consquistador pero, qué me dice, de sus tesis expansionistas hacia la Rusia Soviética, ¿acaso eran arios los soviéticos?, para abastecer de petróleo y otros sucedáneos del Cáucaso al pueblo alemán o ario que, para Adolfito, era lo primero.

Otra cuestión curiosa procede de otro interviniente que proclama su adhesión a que Canarias decida su futuro y pueda ejercer una posible autodeterminación. Respeto su pensamiento y que lo diga cuantas veces quiera, pero yo hablaba del racismo practicado el domingo pasado en Tenerife, coincidiendo, mire usted, con la llegada de miles de muertos de hambre africanos que, en su mayoría, retornarán a sus países o los trasladarán a la Península y de ahí viajarán a Francia, Alemania o donde tengan hueco para ocupar los puestos de trabajo que, nosotros, ricos europeos, no queremos desempeñar. Así que si quiere exponer sus tesis favorables a la autodeterminación y tener un buen debate escriba las líneas que crea conveniente y, ¡hala!, mándelo a este blog que, fijo, se lo publican.

Luego está quien ofrece ejemplos de leyes de residencia, como el de las Islas de Man o Feroe, desarrolladas en la Unión Europea. Nada tengo en contra tampoco de debatir esta medida política en el lugar adecuado. A nosotros nos tocaría en espacios parecidos a éste y a los políticos en el Parlamento de Canarias. Desde que tengo uso de razón política, allá por principios de los 90, cada año o cada dos años para ser exactos, algún lumbrera saca el tema, pero nadie plantea el debate de forma serena con la intención de, pues eso, debatirlo. Sin embargo, para ser justos, y de eso trataba el artículo de ayer, ¿ustedes ven normal, sano o justo que, repito, coincidiendo con la llegada de decenas de miles de muertos vivientes salgamos a la calle a expresar que “no en mi espacio vital” o “primero los canarios” enmascarado en una solicitud de Ley residencial? Permítame pedirle que lo piense un momento, ¿en serio lo ve normal, sano o justo?

El colmo del balón fuera practicado por algunos ciudadanos que participaron en mi reflexión de ayer fue aquella en la que uno de ellos llegó a manifestar que por la llegada de inmigrantes había que construir más hoteles y apartamentos. Pero será posible tanta injusticia. ¿No será, cristiano, que porque nosotros hemos decidido sobrepasar nuestra capacidad de carga ellos encuentran futuro aquí? ¿Con la población canaria en los 90 era posible atender el desarrollismo turístico decidido y ejecutado por las más altas mentes canarias?

Habría que verlos a ustedes, yo me imagino a mí, canarios como yo, teniendo que coger la maleta nuevamente y, sea donde sea, los nativos del lugar al que llegamos nos plantan una manifestación pidiendo una Ley de Residencia y gritando en la calle proclamas tales como: “Primero los venezolanos”, “no en mi continente vital”, “para limpiar los suelos sí, pero puestos más altos ni se te ocurra”. Ponte, hombre, ponte en el lugar.

Y después, si quieres, nos debatimos los sesos hablando y discrepando sobre autodeterminación, leyes de residencia, desarrollismo turístico y crecimiento demográfico y lo que usted guste en plantear. Pero, hombre, ponte en el lugar primero. Porque, de lo contrario, el primero los canarios y después ya veremos pasa a un taxativo primero los canarios y luego los canarios. Un profundo egoismo y corta mirada de quienes lo sostienen, obviando que somos lo que somos en muy buena medida gracias a Europa.