Francisco Pomares
[La Provincia, 23 de septiembre de 2006]
Ayer me acosté sintiéndome Gregorio Samsa. No me había pasado nunca: lo normal es que me acueste sintiéndome agotado. Los años, que no perdonan. Pero ayer fue un día especial: estuve leyendo la prensa nacional, y así, cuando fui a dormirme, Samsa y sus miedos comenzaron a apoderarse de mí y a agobiarme. Pero no porque temiera despertar convertido en una cucaracha, como el personaje de Kafka. Nada de extremidades quitinosas, ojos saltones y relleno de crema pastelera. Más bien, en el duermevela veía a mi cara desarrollar un pasamontañas, el pecho cubrirse de vellosidades hasta dar lugar a un frondoso jersey de lana de cuello alto y los ojos cristalizar en unas gafas oscuras. Nada de cucaracha atribulada, sino un malvado terrorista dispuesto a destripar a media humanidad a poco que me / le dejen. Desperté dos veces con ataques de ansiedad, sudando a mares, intranquilo y con temblores, sintiendo una presencia ominosa, muy cerca de mí, al otro lado de la puerta del cuarto de baño?
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Publicado el 24 de septiembre de 2006 en la sección 'Sociedad'.