María Pallarés
Eso es lo que destila la información que nos da hoy Crónicas de Lanzarote del acto del PIL de ayer. Hasta lástima provoca el titular: “Dimas Martín reta a sus adversarios políticos a ganarle la batalla ante las urnas en mayo de 2007”. El hombre reclama una oportunidad que sabe imposible: un puesto en la carrera electoral. Ni siquiera podrá tomar la salida. Prisionero de sus actos. Aunque no lo cree así Antonio Hernández, el presidente del PIL: “Fuimos inocentes al creer que las diferencias políticas se podían dirimir en las urnas y no en los juzgados”. Continúa siéndolo: ninguna diferencia política se ha dirimido en los juzgados; sólo delitos. El chiste es de una película: el reo entra en prisión y le cuenta a su compañero de celda: “Soy inocente”; y el otro le responde: “Claro, claro, aquí todos somos inocentes”. Tristeza.
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