Otra visión del 27-S
Jorge Marsá
Cuatro años han pasado ya desde aquella multitudinaria manifestación que tuvo lugar en Arrecife el 27 de septiembre de 2002. Se ha dicho que la concentración constituyó un grito de protesta por el rumbo del modelo de desarrollo lanzaroteño, por su insostenibilidad económica y ecológica. Estoy de acuerdo en que eso fue el 27-S; pero no sólo eso. Así que, aun compartiendo lo dicho, dedicaré unas líneas a reflexionar en otra dirección.
Cualquiera que estuviera en aquella manifestación pudo percibir que muchos de los asistentes expresaban su desazón por lo que consideraban malos tiempos para la sociedad lanzaroteña: referencias a la crisis identitaria, a una isla que se colmataba socialmente, en la que se perdía calidad de vida por mor de unas infraestructuras y servicios públicos que no funcionaban y, sobre todo, se responsabilizaba de todos nuestros males a una clase política que era mayoritariamente denostada.
A tenor de lo que se escuchaba, parecía obligado concluir que corrían malos tiempos para la sociedad lanzaroteña. ¿Pero comparados con qué otros tiempos anteriores? ¿Tan mal estaba o está Lanzarote? Si tiramos de racionalidad para contestar a la pregunta, la respuesta era y es obviamente negativa: cualquier tiempo pasado fue peor.
Es verdad que se habían hecho muchas cosas mal y que se pudieron hacer unas cuantas mejor… y en esas seguimos. Sin embargo, es posible que, llevando las cosas al extremo, fuera más cierto trazar un panorama opuesto, sostener que la realidad lanzaroteña era muy distinta a la que percibía la mayoría de los manifestantes, que, problemas ecológicos al margen, nunca disfrutó la sociedad lanzaroteña de mayores oportunidades ni de mejores infraestructuras y servicios públicos. Claro que en ese panorama no se sentirían retratados muchos de los manifestantes, y con parte de razón, pues no recogería la sensación que dejan en la colectividad las oportunidades perdidas y las políticas mal pensadas y peor aplicadas, es decir, que podían haberse hecho las cosas mejor y, en consecuencia, mejor podríamos estar… por el mismo dinero.
Pero este tipo de matices no caben en los planteamientos populistas. Y es que eso fue también la manifestación del 27-S: una explosión de populismo, la expresión del descontento antipolítico y de que una parte de la sociedad lanzaroteña se sentía víctima en lugar de actor en lo que estaba ocurriendo, de que un sector importante de la sociedad se consideraba inocente y responsabilizaba en exclusiva a los políticos por todos sus males, supuestos o reales.
Pero la sociedad lanzaroteña no era ni es víctima, sino responsable de sus actos, entre los que destaca, claro está, haber elegido a los políticos que ha disfrutado o padecido. Como es responsable también la colectividad del modelo de desarrollo lanzaroteño, cuyas consecuencias no pueden achacarse exclusivamente a cuatro empresarios desalmados; fue la mayoría de la sociedad la que se lanzó por el camino del enriquecimiento a base de apartamentos.
Fue también el miedo a la sociedad abierta lo que impulsó a muchos ciudadanos a asistir a aquella gran manifestación: una sociedad que había sido cerrada hasta hacía poco tiempo y que mostraba sus miedos ante la ausencia de un modelo claro y tranquilizador para su futuro. Es decir, que mostraba su miedo a vivir en una sociedad en la que se terminaron las certezas y en la que se mezclan las oportunidades con los riesgos. En fin, que el 27-S constituyó también la expresión del miedo a la libertad recién adquirida, porque de esa libertad no se extraen sólo ventajas y porque esa libertad nos obliga a aceptar nuestras responsabilidades y a asumir que el futuro no está escrito, que no es destino, que es cosa de todos y cada uno de nosotros. Seria responsabilidad… de la que algunos gustarían descargarse.
También de esta forma puede analizarse el 27-S; aunque no sólo de esta forma.


Marsá se ha pasado mucho esta vez, porque está insultando a más de 10.000 ciudadanos que se salieron a la calle para defender su tierra de los caníbales que la están devorando y en lugar de defender la lucha de los ciudadanos los critica como si estuviera al servicio de los depredadores, y no digo que lo esté aunque lo parece. Se ha olvidado de cuando él también luchaba por consevar Lanzarote y por una isla mejor y ahora escribe como si fuera un lacayo del sistema que cree que estamos en el paraiso. Lo que ha escrito es muy fuerte y la prueba de que Marsá se ha pasado al pensamiento único y abandonó sus ideales, da pena ver lo bajo que ha caido.
El artículo es una auténtica verguenza que no se habrían atrevido escribir ni los peores sinverguenzas de Lanzarote. No pienso seguirle más el juego a Marsá y es la última vez que leo algo suyo.
¿Y no tendrán algún argumento que oponer a los del artículo en lugar de la descalificación del autor?
Con lo bueno que es insultar por insultar y el Pedro G pidiendo argumentos.
Marsá va más allá del cabreo de aquél día. Se puede estar de acuerdo total o parcialmente o en discrepancia parcial o al 100%. ¿A qué nos lleva el victimismo, Aloe e Isleño? A dar la razón a algunos contenidos que expone en esta “otra visión del 27S” el propio Marsá.
Una cafrada como esta no se discute con argumentos porque es una provocación y una mentira.
Chapó. Clarito, directo y valiente.
El Sr. Marsá no es santo de mi devoción, ni falta que le hace, pero este artículo me gusta.
Durante 500 años nos han ninguneado y como sociedad no hemos sido capaces de cambiar la clase dominante o política; a la actualidad me remito. ¿Qué quieren que nos digan como conciencia colectiva?:”Victimismo. No creo que insulte a nadie. Si cuatro empresarios tienen derecho de pernada sobre nuestro territorio con grupos políticos que le hacen de medianeros de pacotilla, elegidos por nosotros mismos,¿qué quieren que les diga?
En la parte final de este artículo de Miguel Ángel De León, en Crónicas de Lanzarote, muestra alguna pincelada sobre su visión del 27S y el hecho de que en esa manifestación se dieran cita algunos políticos.
Si le digo le engaño
Memoria de César
Por Miguel Ángel de León
El pasado lunes, 25 de septiembre, se cumplía otro aniversario del doblemente desgraciado accidente automovilístico que causó la muerte de otro lanzaroteño mucho más conocido internacionalmente que la mayoría de los cientos de conejeros que también han perdido la vida en las carreteras de esta pobre islita rica sin gobierno conocido, las más ensangrentadas de toda Europa, si las estadísticas no engañan. 14 años ya sin el César visionario. Se escribe pronto y fácil.
Me cuentan que los trabajadores de los centros turísticos han vuelto a acercarse al cementerio de Haría para hacer una suerte de ofrenda foral sobre la tumba manriqueña. Pero he visto en algún periódico una foto del acto y sólo columbro en la imagen políticos y más políticos (ergo, no trabajadores). Aquí falla/falta algo. A lo peor al fotógrafo le desvió la cámara algún inoportuno golpe de viento, porque no creo que se olvidara u olvidase deliberadamente de los principales protagonistas del acto, aunque lo de enfocar mal suele suceder en ocasiones similares, como es triste fama. Véase no más las procesiones religiosas: apenas hay fotografías del santo o la virgen de turno, si ustedes se fijan bien, pues las acaparan todos los de siempre. Gajes del oficio.
Muy al contrario, el aniversario de la muerte de Manrique no acostumbra a “celebrarlo” nunca la propia Fundación que lleva su nombre. Hace bien, para mi gusto. Mejor eso que lo de los políticos que le echan más cara que espalda al asunto y que cada año por esas mismas fechas suben al cementerio de Haría a hacer como que lloran la pérdida del artista… mientras permiten, por activa o por pasiva -como dicen ahora los adictos a las frases hechas-, la pérdida no menos irreparable del futuro, si lo hubiera o hubiese, de Lanzarote. Échele usted millo a la baifa, cristiano.
No termino de entender por qué los trabajadores de los centros turísticos, y por extensión todos los lanzaroteños, permiten/permitimos que sean precisamente los que más daño le están haciendo a la isla los mismos que se apropien del nombre del artista cuyos consejos desoyen a diario. Y no se me alcanza comprender por qué les damos tanta cancha informativa en los medios a los que mejor harían en esa fecha de luto en quedarse en sus casas para que nadie los viera por la calle. No me explico por qué hacemos entre todos este periodismo tan seguidista y adulador del poder político o empresarial de turno. No, no es de recibo que todos los años, con motivo de esta luctuosa efeméride, aparezcan invariablemente en portada, abanderando el recuerdo póstumo de Manrique, los mismos que lo apuñalan a diario con su desidia y su manifiesta incompetencia, en esas fotografías que constituyen un insulto a la inteligencia colectiva del pueblo y a la propia memoria del pintor desaparecido.
Esos mismos actores del poder institucionalizado que se acercaron, hace ahora varios años, a la dichosa manifestación de protesta ciudadana del 27-S que congregó a casi diez mil almas cansadas de soportar a la fauna política insular fueron señalados con el dedo y criticados duramente por muchos ciudadanos. Y otros conejeros que no se atrevieron a decirles nada, por timidez o por muy buena educación, se sintieron incómodos con aquella presencia tan cínica como insultante. No sé qué otra cosa esperaban los que llevan décadas encaramados en las poltronas y han permitido el lamentable estado actual de cosas. Pues tantito de lo mismo digo con respecto a los que no tienen respeto ni a la figura, ni a la obra, ni a la palabra ni a la memoria de César. Ese día, quietitos en casa. Hagan el favor. (de-leon@ya.com).
Creo que Marsá ha hecho un analisis acertado de la sociedad Lanzaroteña, dejando claro que tenemos los políticos que hemos querido, y lo negativo de nuestra pasividad ante los problemas que estos plantean.
Una manifestación puede ser positiva, pero lo realmente positivo es la lucha de todos los días, denunciando aquello que sea denunciable.
Digo yo que ya está bien de que todo lo que se escribe sobre la manifestación fuera lo mismo, por lo que parece muy bueno el artículo de Marsa, además de que ya dice el que esa es otra visión y no la única, así que no comprendo las críticas porque que su visión también es verdad.
En mi opinión hace bien Marsá en contar esas verdades que a casi nadie nos gusta escuchar. Hemos convertido a la clase política, junto a la empresarial, en esos seres malvados sobre los que justificar todo lo que anda mal en nuestro entorno. Los caserones que andan construidos por la Geria no son solo propiedad de políticos o empresarios… y los que no tenemos bien que nos gustaría permitirnos uno. La especulación inmobiliaria no es exclusividad de unos cuantos señores, sino que prácticamente todos hemos entrado en ese juego, comprando un primer piso para revenderlo a los pocos meses. Es cierto que el 27-S fue una suerte de catarsis colectiva en la que, por un día, salió a la luz todo esto. Fue un día en el que todos juntos gritamos a la vez aquello de qué malos son estos políticos que no nos merecemos. Pero ese día pasó rápido, apenas 24 horas duró, y luego todos volvimos a nuestros negocios particulares, a nuestros chanchullos personales, más o menos aparatosos, pero chanchullos al fin. Porque cada vez está más extendida la máxima de que aquí el que no roba no es porque no quiera, sino porque tal vez no ha encontrado una buena oportunidad. Cualquiera de nosotros, si nos metiéramos a políticos, nos comportaríamos exactamente igual que ellos, puesto que esa es la mentalidad que impera hoy en día, la de velar por los intereses propios o, como mucho, familiares. Si un hotel te resuelve la universidad de tus hijos ya tienes la excusa perfecta, traiga para acá ese dinero.
En fin, que para mí estuvo bien lo del 27-S, porque al menos fue sintomático de que todavía sabemos distinguir lo que está bien de lo que está mal. O lo sabíamos por aquel entonces. Podíamos ser todos cómplices de lo que se estaba haciendo, pero al menos éramos conscientes de que no podíamos seguir por esa senda. Particularmente me conformaría con saber que todavía seguimos teniendo la misma percepción de las cosas.
escritura-basura del pensamiento único.
comentario-basura de la neurona única.
Tengo una enorme depresión. No sé cómo vamos a lograr superar que Aloe nos abandone, y nos deje en la más absoluita orfandad, sin la posibilidad de disfrutar de sus brillantes aportaciones. Espero que sea un farol, y que continúe visitándonos, aunque sea bajo otro seudónimo.
En fin, siempre nos quedará Isleño, que siempre eleva el nivel intelectual del debate, con expresiones exquisitas, de las que invitan al diálogo franco y civilizado, cuando increpa a su interlocutor por “estar al servicio de los depredadores”, por ser un “lacayo del sisetma”, por “abandonar sus ideales” y “por haber caído tan bajo. Lástima que no haya conseguido detectar en el texto de Marsá un solo insulto o expresión de menosprecio a los 10.000 hijos de San Luis.
¿Y qué decir de los piropos de Carmen Delgado? Llamar cafrada, provocación o mentira a la intervención de Marsá es la más cruda expresión de la ausencia de ideas, porque si tales vicios existen en el texto, debiera ser extremadamente fácil desmontar y desacreditar las ideas de Marsá. ¿Por qué no haces el esfuerzo, Carmen?. Seguro que La Opinión de Lanzarote acogerá tus textos, y así enriqueceremos el debate y podremos, por fin, desenmascarar a Marsá.
Por último, quienes tanto repiten lo del pensamiento único, demuestran que ese es su único pensamiento, o que tienen una única neurona, lo que les impide poder producir una sola idea propia susceptible de contrasta con las ajenas. A lo mejor, si leyeráis un poco más, la cosa se arreglaba. De lo contrario, la neurona única puede acabar con agujetas de tanto esfuerzo baldío.
Sí que es fuerte el artículo y no estoy para nada de acuerdo con lo que dice del 27-S porque sí fue un grito por salvar la isla de sus agresores y para conservarla para nuestros hijos, creo que fue lo mejor que ha pasado en Lanzarote desde hace mucho tiempo, pero no creo que haya que atacar a Marsá por decir su opinión aunque no esté de acuerdo con él.