
Cada 25 de septiembre desde hace catorce años los trabajadores de los Centros Turísticos de Lanzarote peregrinan hasta el cementerio de Haría para rendir homenaje a César Manrique. Ayer lunes se cumplían esos catorce años sin Manrique por aquí abajo. No sé muy bien cómo, aunque lo imagino, la ofrenda trabajadora se ha convertido en el escenario de otra foto tradicional que la alta dirigencia pública se autoadjudica. Vean si no la foto de La Voz que ilustra esta entrada, con Pedro San Ginés, consejero de los CACTS, e Inés Rojas destacándose del grupete que, entre otros, conforman Mario Pérez y Francisco Cabrera. El año pasado aprovechó, la foto, claro, hasta el mismísimo Consejo de Gobierno del Ejecutivo Regional, comandada la entrega del ramo de flores, y la foto, por el capitán de la nave, Adán Martín.
Decía el portavoz popular en el Cabildo, el aludido Francisco Cabrera, que el mensaje de César sigue vigente en la sociedad lanzaroteña. Ni idea, oye, pero si él lo dice, que es hombre serio, voy a creerle… por hoy, porque no es motivo este el del presente artículo. En donde me quiero centrar con este pequeño texto es en plantear una simple pregunta: ¿tanto problema supone para la dirigencia pública dejar a este ilustre fallecido en paz al menos por este día y dejar todo el protagonismo de esta efemérides a sus convocantes, esto es, los trabajadores de los CACTS? Si tienen todo el año para mascar el chicle de César, ñam, ñam, ñam, ñam.
Josechu, no te preocupes es un acto provisional.
O sea, que tienen el escenario de la foto y Josechu pretende que renuncien a ella. Se ha vuelto loco.
Ese chicle lo tienen tan mascado y han hecho tantos globos con él que el pobre ya no da más de sí. Pero sin embargo ahí seguimos todos, dale que dale, mascando el chicle de César sin tener la mínima imaginación o voluntad para hacer cosas nuevas… y no hablo de campos de golf.
Si le quieren rendir homenaje, sostengámonos, paremos, reciclemos, limpiemos y que se pongan en casa los vividores.
Esto escribe hoy Miguel Ángel de León sobre la entrega de flores, protagonizada por los diferentes presidentes cabildicios, en cada aniversario del fallecimiento de Manrique.
Si le digo le engaño
Memoria de César
Por Miguel Ángel de León
El pasado lunes, 25 de septiembre, se cumplía otro aniversario del doblemente desgraciado accidente automovilístico que causó la muerte de otro lanzaroteño mucho más conocido internacionalmente que la mayoría de los cientos de conejeros que también han perdido la vida en las carreteras de esta pobre islita rica sin gobierno conocido, las más ensangrentadas de toda Europa, si las estadísticas no engañan. 14 años ya sin el César visionario. Se escribe pronto y fácil.
Me cuentan que los trabajadores de los centros turísticos han vuelto a acercarse al cementerio de Haría para hacer una suerte de ofrenda foral sobre la tumba manriqueña. Pero he visto en algún periódico una foto del acto y sólo columbro en la imagen políticos y más políticos (ergo, no trabajadores). Aquí falla/falta algo. A lo peor al fotógrafo le desvió la cámara algún inoportuno golpe de viento, porque no creo que se olvidara u olvidase deliberadamente de los principales protagonistas del acto, aunque lo de enfocar mal suele suceder en ocasiones similares, como es triste fama. Véase no más las procesiones religiosas: apenas hay fotografías del santo o la virgen de turno, si ustedes se fijan bien, pues las acaparan todos los de siempre. Gajes del oficio.
Muy al contrario, el aniversario de la muerte de Manrique no acostumbra a “celebrarlo” nunca la propia Fundación que lleva su nombre. Hace bien, para mi gusto. Mejor eso que lo de los políticos que le echan más cara que espalda al asunto y que cada año por esas mismas fechas suben al cementerio de Haría a hacer como que lloran la pérdida del artista… mientras permiten, por activa o por pasiva -como dicen ahora los adictos a las frases hechas-, la pérdida no menos irreparable del futuro, si lo hubiera o hubiese, de Lanzarote. Échele usted millo a la baifa, cristiano.
No termino de entender por qué los trabajadores de los centros turísticos, y por extensión todos los lanzaroteños, permiten/permitimos que sean precisamente los que más daño le están haciendo a la isla los mismos que se apropien del nombre del artista cuyos consejos desoyen a diario. Y no se me alcanza comprender por qué les damos tanta cancha informativa en los medios a los que mejor harían en esa fecha de luto en quedarse en sus casas para que nadie los viera por la calle. No me explico por qué hacemos entre todos este periodismo tan seguidista y adulador del poder político o empresarial de turno. No, no es de recibo que todos los años, con motivo de esta luctuosa efeméride, aparezcan invariablemente en portada, abanderando el recuerdo póstumo de Manrique, los mismos que lo apuñalan a diario con su desidia y su manifiesta incompetencia, en esas fotografías que constituyen un insulto a la inteligencia colectiva del pueblo y a la propia memoria del pintor desaparecido.
Esos mismos actores del poder institucionalizado que se acercaron, hace ahora varios años, a la dichosa manifestación de protesta ciudadana del 27-S que congregó a casi diez mil almas cansadas de soportar a la fauna política insular fueron señalados con el dedo y criticados duramente por muchos ciudadanos. Y otros conejeros que no se atrevieron a decirles nada, por timidez o por muy buena educación, se sintieron incómodos con aquella presencia tan cínica como insultante. No sé qué otra cosa esperaban los que llevan décadas encaramados en las poltronas y han permitido el lamentable estado actual de cosas. Pues tantito de lo mismo digo con respecto a los que no tienen respeto ni a la figura, ni a la obra, ni a la palabra ni a la memoria de César. Ese día, quietitos en casa. Hagan el favor. (de-leon@ya.com).