[La Provincia, 7 de septiembre de 2006]
Un agosto con pocas noticias (Canarias es importante en la Península, pero no tanto, para qué nos vamos a engañar) ha estampado a los ciudadanos de allende Cádiz a la hora del almuerzo el drama de los cayucos y las miradas escuálidas y desangeladas de los miles de subsaharianos que ha traído a las Islas esta última marea trágica.
“Hay que ver cómo os están invadiendo”, escuché decir en el ferragosto de Madrid a una ciudadana de allí, de esas que cuando compran pijamas en las tiendas de los indios de Juan Rejón cotorrean acerca de lo que está más caro o más barato “en España”. Fue el mismo día en que un titular de La Vanguardia recogía los lamentos de un ayuntamiento catalán, harto de que le derivaran a “los inmigrantes de Canarias” (sic). Y dos días antes de que Le Monde le cediera su foto de portada a un cayuco llegado a Los Cristianos y dejara claro en el texto del pie de foto y de la página interior que, a la hora de la sensibilidad mediática y el manejo del lenguaje, un periodista francés puede tener más finezza que uno de la Ciudad Condal a la hora de situar el drama como un problema de toda Europa, y no sólo de España, y mucho menos de Canarias.
En las Islas, mientras tanto, el termómetro del nerviosismo ha escalado sus décimas en la misma proporción en que las imágenes de esos negros desollados por la travesía se instalaron en las sobremesas televisivas de millones de españoles en las últimas tres semanas. Nerviosismo por el reboso, hartazgo por la inoperancia relativa de Madrid y una irritación sin fronteras por el desprecio indecente de la Europa de los 25, excepción hecha de Francia y en menor medida de Italia, ante una crisis humanitaria tan evidente como invisible para la retórica gansa de los eurócratas. Como ejemplo de elocuencia y claridad, la última declaración de la Presidencia finlandesa de la Unión, que pide un “enfo-que global”, pues es, dice, “extremadamente importante desplegar un enfoque amplio en esta cuestión, incluyendo la muy importante cuestión de los desafíos del desarrollo”. Ah. Vaya, que con el otoño enfilando las casetas de campaña donde se amontonan los sin papeles, sobre todo en Tenerife, nos quedamos aquí mucho más tranquilos.
En alguna ocasión suelo escribir alguna reflexión sobre cualquier acontecimiento que ocurra en el ámbito internacional o bien aquí en la isla. Generalmente los archivo y que duerman la paz de los justos. No sé si es por timidez o pienso que no tienen suficiente atractivo para ser leídos, o bien porque para nada sirven. Y como había escrito algo sobre la emigración, pensé que podría en este caso servir para apoyar el suyo. La ultima parte ya la utilice para contestar el artículo del Sr. Miguel Gallardo “Problema resuelto” pero creo que no esta demás el volver a ponerlo aquí.
La emigración y yo.
La realidad que manifiesta el isleño sobre la emigración, viene a ser más o menos la misma que en todos los sitios, con algún matiz distinto dependiendo del lugar donde se produce. Fenómeno que, por otra parte no debemos nunca olvidar, es tan antiguo como la humanidad. Hoy más que nunca la prensa o medios de comunicación en general juegan un papel muy importante en generar una opinión u otra sobre cualquier evento que suceda, sea político, social, científico etc. Y los medios lo saben, por lo que hacen uso de su poder mediático deformando o tergiversando la realidad de los hechos en un sentido u otro, es decir de una manera partidista. Digamos que es así en general y que probablemente existan excepciones.
La Cultura es pieza clave para poder discernir sobre la información que nos llega, y así asentir o disentir con propiedad, sobre lo que se nos trata de informar, en este caso la emigración. Y si se me permiten diría que, la Cultura es la madre del cordero para poder valorar cualquier situación. Entiendo por Cultura la base en que se sustenta una persona, para poder valorar el sentido de lo correcto e incorrecto, del bien o del mal, con el mayor grado posible de equidad. Y se adquiere a través del conocimiento, donde entra la erudición y el saber empírico.
Hace algunos días, en una entrevista televisada que le hacían al sociólogo y presidente de la Federación Española de Sociología D. Manuel Pérez Yruela, decía: /…existen dos tipos de xenofobias, una es la tradicional, o sea la estigmatización de una raza, una cultura, costumbres, religión etc. y la actual que consiste en razones de tipo político-social, crecimiento demográfico, empleo, asistencia sociales, etc…/
Lo que deduzco de las palabras del Sr. Pérez es que, son estas dos fobias precisamente las que crean el problema de la convivencia. Como un posible acercamiento a la solución de este, se me ocurre que: Nosotros los receptores, deberíamos poner en la balanza lo positivo y negativo de la emigración. De negativo, la fobia actual anteriormente enumerada (con solución a medio y largo plazo), creo que la xenofobia tradicional casi ha desaparecido, o está localizada en las corrientes ultras. Y de positivo, el crecimiento económico, aumento de la natalidad, (no sería así en el caso de Canarias) desempeño de trabajos que no queremos realizar nosotros etc. además del conocimiento que podemos adquirir de otras culturas. El emigrante debería ponderar lo que el lugar de acogida le ofrece: trabajo, bienestar, conocer otra cultura, etc. y de “negativo” lo que tendría que renunciar al asumir y respetar el sistema político que se practica en el lugar de acogida. Por ejemplo la igualdad de la mujer. Si bien, en la xenofobia actual habría que distinguir los distintos flujos de emigración, como pueden ser las sudamericanas o de Europa del Este, por su raíz cultural similar a la nuestra. Mención aparte sería la emigración asiática, que por si sola, pienso yo, es merecedora de un estudio sociológico. Las causas principales que la motivan y que antes hemos enumerado, aunque expuestas muy superficialmente, son las mismas, y se deben enfrentar de tal manera que, asimilando lo positivo de cada parte, se cree una simbiosis capaz de conseguir una convivencia fructífera y que beneficie a todos. Para conseguir esta convivencia y desde mi punto de vista, es clave la educación a todos los niveles en el respeto hacia el otro. También las actividades lúdico-culturales en las que participen todos, “los de dentro y los de fuera”, puede ayudar a fomentar un sentimiento de empatía en todos los que participan.
Debemos de asumir que este tipo de emigración masiva, es un hecho que continuará ocurriendo hasta que en los lugares de origen no se creen las bases necesarias para eliminar, como mínimo, el hambre extremo que en ellos se padece. Así que tenemos que mentalizarnos y crear los medios necesarios para una convivencia pacifica y en igualdad.
Al mismo tiempo deberíamos de distinguir entre emigración y bandas criminales y mafiosas, muchas de las cuales, y que a veces están compuestas también de oriundos, y que nada tienen que ver con el que viene a ganarse el pan honestamente.
Tengo un amigo bastante campechano con el que mantuve una conversación sobre el tema y me decía.-Mira tío, lo que tienen que hacer estos políticos, es no ser tan hipócritas, si reconocen, como lo han hecho ya en muchos países europeos, que la emigración es necesaria para el desarrollo de la economía, el crecimiento de la natalidad y demás. Lo que tienen que hacer estos políticos es un estudio serio y lo más aproximado posible, en calcular cuántos emigrantes se necesitan en cada país y en cada momento, dependiendo de las zafras y labores a realizar en cada lugar etc. sin olvidar a los profesionales. Con esos datos en la mano, desplazarse a los países de origen y a través de los consulados o bien con la apertura de oficinas especiales, ofrecerles un contrato de trabajo y un lugar de residencia digno, para que puedan llegar como cualquier persona, no como si estuvieran en una nueva era de la esclavitud-Ya pero eso costaría mucho dinero, y además provocaría un efecto llamada incontrolable, le digo, -si pero mira- me dice mi amigo-si con el dinero que se gasta la ONU en pagar a los Grupos de consultores (algunos verdaderas mafias de guante blanco), la UE en ayudar a unos gobiernos que según dicen son bastante corruptos, los gobiernos de esta parte en repatriarlos, en el cuidado a los menores etc. Sólo en Canarias se gastan más de doscientos millones de euros anuales, 30.000 € por joven-año y hay más de 5.000, puedes hacer la cuenta, y suma además gastos hospitalarios, de aviones, personal, vigilancia etc. etc. Te digo que, podrían con la ayuda de las ONG montar las bases de una infraestructura laboral (cooperativas, por ejemplo) que generaran un mercado trabajo en muchas ciudades o pueblos de esos piases. Y así ayudar por lo menos a matar el hambre, y evitar el efecto llamada que tu dices, además ayudaría muy mucho a la convivencia cuando lleguen aqauí. Máxime cuando la realidad de miseria que viven muchos de esos países es debido a la colonización explotadora que en su día ejercieron muchos de los países que hoy se quejan. Y esto que te he dicho, date cuenta que lo pienso yo, que soy medio analfabeto-exagera un poco el hombre- así que imagínate ellos, con todos los medios técnicos y humanos que tienen, si no lo hacen es porque no quieren, claro que si para conseguir esto que te he dicho, van a contratar los mismos Grupos Consultores que para el tema del SIDA, entonces ”apaga la luz y vamonos”-
Tengo la impresión que mi amigo no es un lunático, que lo que él propone o algo similar donde se implique la ONU a través de la FAO y la UNESCO así como la UE y cada gobierno afectado, poniendo mano dura con los gobiernos corruptos, pienso que es factible de hacerse. Evidentemente no sería la solución definitiva, pero al menos ayudaría a evitar muchas muertes y a paliar las penalidades y desventuras de tanta gente, que lo que único que pretenden es elevar un poco el nivel de vida de los suyos y en la mayoría de los casos, sólo poder comer. Si esto, o algo parecido a lo que plantea mi amigo no se hace, seguramente sea por dejadez, inoperancia o tal vez porque existan pensamientos mezquinos e intereses inconfesables.