El Voyeur

Lleva su trabajito. Más de un mes buscando maderas; transportarlas y repartirlas por la zona para que a ningún simpático le entren ganas de quemarlas; la última semana, vigilando que no se las lleven; el último día, montarla, colocando adecuadamente las maderas; todo ello para que en un par de horas queden reducidas a un pizco de ceniza. ¿Qué es lo que hace que los pibes todos los años repitan e intenten preparar la hoguera más grande? ¿Es sólo tradición o se trata también de competición? ¿Por qué no ocurre lo mismo con las alfombras de sal del Corpus?
chapapote
9:52 | 27 Junio 2006 | Permalink
Pero hombre, que esto no tiene nada que ver ni con tradición ni con competición, la cuestión es que para quemar maderas no hace falta ninguna habilidad, que es mucho más fácil que hacer una alfombra de sal, y que se puede acompañar de un buen botellón.
Lucas
16:03 | 27 Junio 2006 | Permalink
Se me ocurre que las hogeras, para los pibes, son competición… y cooperación, aventura, imaginación, adrenalina… las alfombras son, en cambio, un ejercicio de obediencia y tiralíneas. Las alfombras son como un dictado y las hogeras como un grafiti.