Ni putas ni sumisas

María Pallarés

El pasado viernes, La Provincia publicaba en portada una gran foto en la que se podía ver a unas cuantas mujeres con la cabeza cubierta, es decir, luciendo el símbolo de su sumisión. Por encima de la imagen, se leía: “Encuentro entre culturas en la Universidad de Las Palmas”; por debajo: “Tariq Ramadan defiende un Islam moderno”. En el interior, una página dedicada al acto y otra, a la entrevista con el personaje.

Sólo en una sociedad atravesada por la deriva multiculturalista, por el relativismo cultural y las obsesiones identitarias puede considerarse a Tariq Ramadan como un ejemplo del Islam moderno, como un ejemplo de nada que tenga que ver con conceptos como la Ilustración o la ciudadanía. Porque nos estamos refiriendo a una persona que no termina de asumir que la controversia no es, o no debería ser, entre religiones –entre cristianos y musulmanes–, sino entre modelos de sociedad, entre el de los partidarios de la sociedad abierta y democrática y los de quienes la pretenden someter a la tradición religiosa.

Es cierto que quien ofició de presentador del acto, Ángel Tristán Pimienta, mostraba algunas dudas sobre las propuestas del conferenciante en su artículo del domingo en el mismo diario. Sin embargo, y pese al interés que suelen tener sus artículos, no se mostraba el director del periódico como un experto en la materia. Así que me permito recurrir a una auténtica experta para quien tenga interés en ahondar un poco en la propuesta de Tariq Ramadan y en el caldo de cultivo en el que surge. Me refiero a Fadela Amara, presidenta del movimiento francés Ni Putas Ni sumisas. Y para ello transcribo a continuación la estupenda entrevista con ella que publicó El País el día 26 del pasado mes de mayo:

“Detrás del discurso islamista sobre la mujer hay un proyecto político fascista”

Fadela Amara nació en un suburbio de Francia, en una familia obrera de origen argelino. Tenía 14 años cuando uno de sus hermanos murió atropellado por un conductor borracho que nunca fue juzgado. Desde entonces lucha por la igualdad de derechos para los inmigrantes, segregados en barriadas que, por el abandono del Estado, se han convertido en guetos en los que tratan de enquistarse los islamistas. En 2003, con un puñado de jóvenes, Fadela creó el movimiento Ni Putas Ni Sumisas, toda una provocación que responde a una frase habitual de los chavales de los barrios (“Todas putas menos mi madre”) y que puso a Francia ante su propia vergüenza: el infierno que padecen las mujeres de los suburbios, víctimas de segregación, matrimonios forzados, violaciones colectivas e incluso asesinatos de honor. En Madrid, invitada por el Instituto Francés, Fadela, de 43 años, asegura que sólo haciendo valer los principios de la república laica puede combatirse el islamismo.

Pregunta. La opresión de las musulmanas en los suburbios franceses se reproduce en otros países europeos. ¿Es un problema de los barrios o del islam?

Respuesta. Hay que distinguir entre religión y tradiciones arcaicas. La interpretación de los textos religiosos siempre se ha hecho por y para los hombres. Yo soy musulmana creyente y considero el velo como un instrumento de opresión contra la mujer. La historia del velo está ligada no tanto al islam como a sociedades patriarcales. En esa tradición arcaica, la virginidad representa el honor de la familia y, en los suburbios de hoy, el honor de todo el barrio. Por eso hablamos de una regresión. Las mujeres de mi generación habíamos logrado un poco de libertad: podíamos elegir al compañero o estudiar la carrera en otra ciudad. Hoy una chica del suburbio ve cómo todos los muchachos, en nombre del honor, se convierten en guardianes de su virginidad

P. ¿Qué influencia ejercen los imanes en ese comportamiento?

R. Hay dos etapas. A finales de los ochenta emerge en los barrios el “islam de los sótanos”, grupúsculos islamistas bajo la batuta de imanes autoproclamados, que usan un discurso muy radical en relación con la mujer y apelan a la intervención de los muchachos Y ellos controlan a sus hermanas: no te vistas así, el maquillaje y los vaqueros se han terminado, de la falda corta mejor ni hablar…

Hoy, los islamistas tienen títulos universitarios e instrumentalizan el islam con un proyecto que no tiene nada que ver con nuestra república laica.

P. ¿Incluye a [el académico suizo] Tariq Ramadán en ese grupo?

R. La gente como Ramadán ha contribuido a la desintegración de la república y a la implantación del proceso comunitarista. Mucha gente de los barrios, discriminada, sin trabajo, piensa que Francia no les quiere. Mi generación se rebeló y salió a la calle. Pero Tariq Ramadán capitaliza nuestra frustración y nos lleva a otro discurso: en nombre del islam, reencontrad vuestra dignidad, afirmaos primero como musulmanes y después, eventualmente, como franceses. Lo paradójico es que a Ramadán, como va todo atildado y es un intelectual, lo invitan en todas partes y ha podido propagar su doble discurso: “limpio”, delante de los periodistas, pero otro muy distinto en los suburbios, y sabemos de lo que hablamos porque estábamos allí: las chicas a un lado, los chicos a otro. Su propuesta de una moratoria en la cuestión de la lapidación de la mujer es inadmisible. en Suiza, que jamás ha vivido en un país musulmán y que, como hijo de burgués, nunca padeció los problemas que tuvimos los hijos de obreros y tuvo acceso a todos los conocimientos. Su“islam moderno es para mí un islam fundamentalista.

P. Los manifestantes en favor del velo se envolvían en la bandera francesa y cantaban La Marsellesa. ¿Los islamistas usan los símbolos de la república para pervertir sus fundamentos?

R. Por supuesto. Usan las herramientas de la democracia para destruirla. Guardando las proporciones, es lo que hizo Hitler. Detrás del discurso de los islamistas sobre la mujer hay un proyecto político fascista. Yo le llamo el fascismo verde, lo que me ha valido una condena a muerte.

P. La prohibición del velo en las escuelas, en 2004, ¿fue una victoria para ustedes?

R. Fue una gran victoria. Sobre todo para mí, porque en 1989, cuando apareció el primer velo, lo defendí, apostando por la escuela republicana. Yo decía: cuidado, esas crías están bajo presión, pero la escuela republicana les va a ayudar, les dará las armas para que mañana puedan elegir. Pasó el tiempo, de un caso pasamos a 100, a 400… Y de pronto ya no estábamos frente a niñas con una crisis de identidad, sino ante jóvenes captadas y formadas por los islamistas, que se habían convertido en activistas políticas aunque tuvieran 12 o 14 años. La idea detrás del velo era acostumbrar a la opinión pública a ver a jóvenes cubiertas. Asumido eso, se pasaría a otra reivindicación, y a otra, y a otra. Es la “islamización desde abajo”.

P. ¿Qué siente una mujer de izquierda ante ciertos sectores progresistas que aprueban el velo en aras del multiculturalismo?

R. Estoy totalmente en contra del relativismo cultural. Soy hija de inmigrantes y estoy orgullosa de ello. Y Creo que la libertad y la igualdad son valores universales, válidos para el estudiante chino de Tiananmen, para las mujeres de Soweto, para las madres de los desaparecidos en Latinoamérica, pero también para las mujeres de los suburbios franceses. Lo que no acepto es que se redefinan los conceptos de libertad e igualdad en función del color de la piel.

P. El doble rasero de algunos intelectuales europeos.

R. Exactamente. Es el planteamiento del relativismo cultural me encanta tu cuscús y tu caftán, pero voy a cerrar los ojos si te someten a la ablación o si te casan a la fuerza, porque esa es tu tradición. No estoy de acuerdo con el concepto de choque de civilizaciones del que hablan Bush y Bin Laden. Los dos bandos que se enfrentan en el mundo son, por un lado, los que están comprometidos con la libertad de conciencia y la universalidad de los valores, y por otro, los oscurantistas de todo tipo. Y en ambos lados puedes encontrar árabes, blancos…

P. En el mundo musulmán, el lado que defiende los valores universales es particularmente débil.

R. Y lo es aún más porque Occidente ha contribuido a debilitar las fuerzas de progreso. Por eso creo que es racista y colonialista decir: “No vamos a exportar la democracia a esos países, y menos todavía nuestros valores de libertad e igualdad, porque ellos no tienen esa tradición y no están preparados”. Para mí la democracia tiene una sola definición: un hombre, un voto; una mujer, un voto. Y cuando dices esto, hay intelectuales de izquierda que dicen: “Fadela hace el juego a la clase blanca dominante”. Yo no soy una intelectual, soy una obrera, una mujer del terreno. Para ellos, con sus prejuicios, es inimaginable que los hijos de los inmigrantes podamos afirmarnos como franceses y comprometernos con la república laica. La mejor forma de demostrar que no estamos en el choque de civilizaciones es que los jóvenes de la inmigración magrebí musulmana porten la bandera de la democracia, el estado de Derecho y los valores universales.

3 Comentarios

  1. 11:02 | 12 junio 2006 | Permalink

    Una mujer valiente y clara expresando sus ideas. Es verdad que es una entrevista estupenda y merece la pena leerla. Un soplo de aire fresco en este marasmo de identidades culturales y religiones.

  2. 17:38 | 13 junio 2006 | Permalink

    Estupenda entrevista. Ejemplifica muy bien lo que está pasando en el mundo últimamente en relación al islamismo. En mi opinión hay muchas razones que hacen que los islamistas radicalicen sus posturas y persistan en permanecer anclados en su particular edad media. Una de esas razones es, por ejemplo, invadir sus paises y quitarles sus petróleos con total descaro.

    Porque hay que decir que el cristianismo de hace quinientos años, y aun el de hace mucho menos, no era mucho mejor de lo que es el islamismo hoy en día, mientras que el mundo musulman de aquel entonces representaba lo más selecto de la clase científica en los más diversos campos. Luego todo cambió. Las causas son infinitas, pero el caso es que los musulmanes se regodearon en sus miserias, alimentaron su odio y exacerbaron su fanatismo como única forma de escapar de un mundo que parecía su enemigo en todo. Eso es lo que tenemos hoy en día. Una panda de fanáticos resentidos, capaces de quemar embajadas por un dibujo mal hecho o de proclamar lapidaciones por las causas más inverosímiles. Los pocos de entre ellos que se atreven a ir un poco más allá, que tratan de animar a sus correligionarios a que se adapten a los nuevos tiempo con una mentalidad más abierta, son marcados como traidores, desleales…

    No cabe hablar de tolerancia ante quien no tolera. Porque eso es como librar un combate con las manos vacías mientras tu oponente lleva una pistola. En mi opinión el sincretismo y la mezcolanza cultural son cosas buenas, pero deben ir siempre acompañadas del respeto mutuo. Y, desde luego, no hay excusa cultural que valga cuando los derechos humanos más elementales están en juego. Lo primero es asegurar la igualdad en el trato, sin atender a colores de piel o atributos sexuales, luego están las idiosincrasias culturales. Este debería ser siempre el orden correcto… y lamentablemente hay demasiados islámicos que no lo tienen en cuenta. Tampoco creo que la solución pase por rechazarlos o satanizarlos, porque eso solo conseguirá que radicalicen aun más su odio y su sensación de que el planeta entero está en su contra, lo que hará que canalicen esa ira revertiéndola hacia aquellos que tengan más a mano (en el caso de los hombres, normalmente las más a mano para exteriorizar su ira son sus propias mujeres). En mi opinión solo cuando estos paises rechacen los modelos autoritarios en los que se hayan sumidos podrán las mujeres elevar sus voces y sus habitantes en general abrirse al mundo sin miedo ni remordimientos. Lo que pasa es que no se pueden imponer modelos democráticos por la fuerza de las armas, porque eso lo único que consigue, como ha quedado bien demostrado, es aumentar el número de personas dispuestas a ponerse cinco kilos de explosivos en la cintura para morir matando.

  3. 15:13 | 20 junio 2007 | Permalink

    [...] directamente la amenaza  del islamismo sin caer en discursos complacientes y entienden que el islamofascismo es algo más que un truco de Washington, por muy poco que le guste George W. Bush. P. ¿Qué [...]

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