[La Opinión de Tenerife, 11 de junio de 2006]
En este mundo demagógico en el que se desliza la política en tiempo preelectoral, son varios los políticos y los partidos que consideran que todo vale. El hecho de que Coalición Canaria convierta en un triunfo un sondeo que le da unos pésimos resultados a un año de la cita electoral y lo convierta incluso en el leitmotiv de la precampaña no es más que una anécdota que demuestra hasta qué punto se puede tergiversar y manipular el inconsciente colectivo, algo en lo que hay que reconocer que los mandamases del frangollo nacionalinsularista (en sus diversas vertientes desde 1983 hasta ahora) son unos auténticos maestros.
Y es que conviene recordar que aunque siete de cada diez canarios consideran importante que exista CC, en esa misma encuesta los residentes de esta realidad transcanaria consultados consideran que los nacionalistas deben dejar de ser la primera fuerza política de estos peñascos. Vamos, que se puede deducir que aunque su misma existencia es importante, más valor tiene que se pasen una temporadita en la oposición.
Pero, como digo, esto del sondeo no es más que una anécdota que le ha servido al de El Sauzal como su particular complejo vitamínico para que sus chicos dejen de estar tan mustios. Más preocupante es la estrategia encaminada a demonizar todo lo foráneo. Ya lo dijo el mismísimo Rivero ayer: primero “nuestra gente” y, después todos los demás, porque eso de la solidaridad está muy bien, pero es mejor que la hagamos entre nosotros o, en un esfuerzo, con los europeos, pues todo lo que huela a africano o latinoamericano mejor que se quede fuera. Esa es la clase de hipocresía que revuelve las vísceras, porque mientras hablan de que el problema de los cayucos es humanitario (hay que hacer todo lo posible para que no se ahoguen, dicen, porque no podemos permitir ese auténtico suicidio colectivo en el Atlántico) luego vuelven la cara santurrona hacia otro lado para regurgitar que los de fuera nos quitan el empleo, nos degradan el medio ambiente, nos obligan a gastarnos más dinero en la sanidad y en la educación y, dentro de poco, abrazarán la teoría de Amando de Miguel de que Canarias es una región con muchos casos de violencia doméstica debido a su gran colonia de inmigrantes. Pero se les olvida que los inmigrantes trabajan en todos los empleos que los canarios desechamos y, además, en condiciones de auténtica esclavitud (como dijo Marisa Zamora el jueves en el Parlamento) gracias a los empresarios (esos que, en gran medida, apoyan el invento nacionalista) que saben que cuando uno tiene hambre hace lo que sea por llevarse algo de comer al estómago.
Y mientras ellos siguen agitando su miedo, solo 3 de cada 10 tinerfeños están preocupados por la inmigración. Solo 3 de cada 10 comulgan con su discurso. Que lo cambien.
Queda claro: “primero nuestra gente”. Un buen eslogan de Coalición Canaria. Y no es que vayan a ponerse xenófobos, es simple casualidad que el eslogan sea el mismo que siempre ha utilizado Le Pen en Francia: “Los franceses, primero”. Claro que el Frente Nacional de Le Pen lo primero, nacionalista. Así que partidos hermanos.
Por Navidad viene el turrón y por las elecciones el debate de población”,