El viaje debió ser más al sur

Francisco Suárez Álamo

[Canarias7, 11 de junio de 2006]

Mientras el mundo mira al Mundial –valga la redundancia–, nosotros seguimos con la vista puesta en el horizonte, en ese mar tan nuestro y tan de todos del que llegan pateras, cayucos, barcos nodriza y todo lo que flote con centenares de inmigrantes irregulares a bordo. Todavía estamos expectantes ante el anuncio oficioso de que unos 2.000 subsaharianos se habían subido a una treintena de cayucos y se habían hecho a la mar rumbo al Archipiélago. El Ministerio del Interior dijo no tener constancia de esa predicción pero eso no sirve de consuelo: si tuviese constancia, tampoco lo avisaría, entre otras cosas porque no puede hacer nada para evitarlo. Recordemos, además, que ese mismo Ministerio supo hace meses que unos 1.500 inmigrantes murieron intentando salir de Mauritania y nadie movió un solo dedo –ojos que no ven muertos, corazón que no siente por ellos–.

Esta semana nos hemos sentido un poco menos solos. Una delegación de europarlamentarios visitó las islas de Tenerife y Fuerteventura –algún alguien debería explicarnos por qué no hizo lo propio con el resto– para ver el trato que se dispensa a los inmigrantes irregulares. De entrada, el motivo de la visita despierta la sensación de que en el Viejo Continente no se fían de España, algo así como si perviviera el estigma del franquismo y creyeran que el centro de internamiento temporal de Las Raíces o el de La Isleta son la cárcel de Guantánamo. Los diputados comunitarios salieron razonablemente contentos y dijeron que, aunque todo es mejorable, los inmigrantes están debidamente atendidos. Faltó decir que, sobre todo, en comparación con cómo sobreviven en sus países de origen…

¿Pero era necesario ese viaje de los europarlamentarios? ¿Y era Canarias el destino lógico de su desplazamiento? Probablemente se podían haber ahorrado el paseíllo por las Islas para, en su lugar, haber sacado billete hacia Senegal, Mauritania, Mali, Cabo Verde y otros tantos países emisores. Ahí es donde radica el problema y ahí es donde la Unión Europea debe batirse el cobre. España no puede luchar en solitario contra la cerrazón de Senegal, que reclama dinero a cambio del cierre de sus fronteras. La Cámara de Estrasburgo, la Comisión Europea y las cancillerías comunitarias han de asumir que todo el que entra en Canarias lo hace en la UE y que, por tanto, el problema supera nuestras fronteras. Más aún: los inmigrantes no quieren llegar a Canarias; ellos sueñan con alcanzar las calles de Madrid, París o Amsterdam. En Cataluña, por ejemplo, lo han entendido perfectamente aunque sea a base de protestar por la derivación de los irregulares llegados al Archipiélago. Pero en Cataluña, como en Bruselas, todavía está por ver que alguien baje a Dakar para empaparse en las causas del problema y aportar medidas efectivas.

Publicado el 12 de junio de 2006 a las 12:08 pm en 'Política'.

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