Jorge Marsá
No discuto que «Es tiempo de reordenar las competencias urbanísticas», como propone el editorial de hoy de La Provincia que se publica también en este blog. Estoy de acuerdo. Ahora bien, mientras se reordenan, no estaría de más que nos centráramos en una cuestión que sabemos especialmente complicada en este país: cumplir las leyes. Porque hay cosas que no parecen aceptables ni siquiera en un país como el nuestro, decisiones que sólo pueden esperarse de lo que a veces llamamos repúblicas bananeras: que el Parlamento de Canarias apruebe que no es necesario cumplir con la legalidad vigente.
Eso es lo que se ha hecho, y lo que tan escaso eco ha encontrado en la prensa. Ayer lo reflejaba el mismo diario que pide que se reordenen las competencias urbanísticas en una pequeña columna y con este titular: «El Parlamento aprueba una nueva amnistía para viviendas ilegales». Y este era el primer párrafo del texto:
La comisión parlamentaria de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente aprobó ayer una proposición de ley del Cabildo de El Hierro por la cual se abre un proceso para regularizar algunas edificaciones no amparadas por la licencia urbanística y se suspenden las órdenes de demolición sobre ellas».
Se escribe en no pocas ocasiones en los últimos tiempos, a cuenta de la situación en el País Vasco, que en un Estado de derecho resulta imposible que se conceda una amnistía, porque no puede un Estado de derecho suspender la legalidad vigente y aceptar su incumplimiento, porque no puede un Estado de derecho premiar a los delincuentes. En resumen, que una amnistía no es otra cosa que la quiebra, momentánea al menos, del Estado de derecho.
Pues bien, eso es exactamente lo que ha aprobado la comisión del Parlamento de Canarias y, para mayor vergüenza, lo ha hecho por unanimidad y pocos años después de que se aprobara otra amnistía para las viviendas ilegales. Lo que el Parlamento ha dejado claro es que en Canarias nada pasa por saltarse la Ley a la torera.
Carlos Díaz
16:30 | 27 Abril 2006 | Permalink
Es igual que den la amnistía como que no la den, la gente va a seguir haciendo lo que le de la real gana, y los políticos no están dispuestos a perder ni un sólo voto por lo que perdonarán todas las ilegalidades que haga falta. Además aquí la ley no le importa a nadie un pimiento.
nano
18:41 | 27 Abril 2006 | Permalink
Antes estaban las bulas papales que nos salvaban del infierno… si tenías dinero podías hacer los pecados que te diera la gana sin preocuparte por nada. Ahora es más o menos lo mismo. Las amnistías para los que construyen y obtienen beneficios de cientos de millones… para los que no tienen donde caerse muertos, ni agua. Luego dicen que no declaramos a hacienda… si es que viendo lo que hay a uno le entran ganas de nacionalizarse canadiense.
Robaina I
19:48 | 27 Abril 2006 | Permalink
Me parece Nano que en esto de la amnistía no hay tanto una cuestión de ricos y pobres, porque son muchas las casas amnistiadas que no son de ricos, no sé si la mayoría. Lo que es lamentable es que se admita la ilegalidad tanto si viene del rico como del pobre.
Plácido
20:53 | 27 Abril 2006 | Permalink
Expléndido precedente para quien pretenda, amparado por el jolgorio general, empezar a hacerse la casa donde y como le plazca… ¿en las tierritas que nos dejó la abuela tal vez?
En todo caso, las cosas, para cualquiera, funcionan como en la realidad lo hacen, y no como desea la bienintencionada legislación…
“tranquila, cariño, vamos a por ello, que aquí no tiran la casa ni a dios”
Tasarte
22:19 | 27 Abril 2006 | Permalink
De acuerdo con Robayna I. Todo el extraradio de Arrecife que no existe como urbano en papeles, pero totalmente construído, se legaliza, llevándo los servicios que hasta ahora no tenía. En medio quedan grandes espacios sin tocar, por voluntad de sus propietarios que estuvieron siempre a la espera de lo que decidiese el plan, los planes… A estos pacientes ciudadanos se les condena a no poder disponer de esas propiedades, o se les engloba el suelo en una ya cotidiana palabra, “unidad de actuación”, irrealizable por su magnitud y que le empuja a ofrecerlo al primer listillo que aparezca, que al tiempo habrá rentabilizado, con creces, su inversión, por aquello de “los contactos”.
El control sobre el volumen de construcción y su orientación se palpa. Todo a las manos de los grandes. Los del montón, a jodernos y a hacer pasillos, tocando de puerta en puerta y en un mar de ventanillas, intentando salvar lo que se pueda de esta zafra que han iniciado, hace tiempo, nuestros paisanos los tiburones de tierra.
clara
16:59 | 29 Abril 2006 | Permalink
Primero impunidad.Después inmunidad