San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 2 de enero 2006. El subcomandante Marcos pidió a sus seguidores hacer actos “ricos en imaginación” para lograr que la “otra campaña” contraste con las campañas electorales. “Creemos que es necesario que se realicen actos públicos, no del tipo de la vieja política (que significa) mitin de acarreados donde habla uno y los demás aplauden o se duermen o comen la torta (chuleta) que les tocó”, dijo al presidir la primera asamblea de la gira que inició ayer y pretende sostener hasta junio próximo.
Cuando mi compañero de tertulia radiofónica, Josechu Pérez Niz, me invitó a participar en este nuevo foro de opinión y debate, me asaltaron tremendas dudas acerca de qué escribir, por falta de imaginación, que no por ausencia de ganas de hacerlo; la búsqueda de un tema que pudiera interesar a los lectores, que desatara una fluida y constante línea de debate, que nos llevara a un punto final de conclusión, me pareció muy pedante por mi parte.
¿A quien podía interesarle lo que yo pensara? Se me ocurrió la maligna idea —y nada descabellada por lo frecuente de su uso— de alertar a mis amigos, familiares y afines, para opinar en este foro al respecto de lo que yo escribiera. Vieja practica ésta, utilizada por los gurús de la política local cuando eran entrevistados en directo por los medios de comunicación. Las llamadas de alabanza y apoyo, realizadas por los afiliados y simpatizantes de su partido con el objetivo de ocupar el tiempo radiofónico, impedían a los supuestos enemigos políticos acceder a ese espacio, y ocultaban así sus voces discrepantes.
Ahora bien, después de un zaping a través de las televisiones locales en búsqueda del reciente carnaval, me di cuenta de que la falta de imaginación no me afectaba solamente a mí; es un mal generalizado, un mal que año tras año se enquista en gran parte de la clase política.
La visión de los políticos sentados en la primera fila de las diferentes galas del carnaval, en las mismas sillas de siempre, los mismos diseñadores multiganadores de reinas año tras año, el mismo presentador en el mismo marco incomparable, las mismas cutres y patéticas actuaciones musicales, el mismo frío, viento y lluvia de otros años, la misma envidia que me despierta el no haber organizado con mis amigos una salida carnavalera, disfrazados todos de boda de Farruquito, las mismas sensaciones de frustración y mala leche al ver que otros carnavales son mejores que los míos…
¿De quién es la culpa de esta ausencia de musas inspiradoras en la vida social, política, económica, etc.? No soy capaz de dar nombres de los responsables de tamaña desidia, o más bien no quiero: que sean los opinantes u opinadores quienes los den.
Quién o quiénes son los responsables de que sigamos hablando de los mismos temas año tras año: de la desaparición de la agricultura tradicional, de los fraudes con el vino, de la ausencia de espacios para la pesca, de la degradación del lago de los Clicos, de la basura del charco de San Ginés, de los fraudes urbanísticos, de la ausencia de grandes superficies comerciales, de los tránsfugas, de la necesidad de camas hospitalarias, de la falta de especialistas médicos, de Dimas, del turismo barato, de Encarna, de los problemas y carencias en los barrios, de la falta de instalaciones deportivas, de Miguel Martín, de Chana Perera y la cochinilla, de Las Maretas y de la maletas, del vertedero de Zonzamas, de los inmigrantes y las pateras, de Perico y Barreto, del Plan General de Arrecife, del PEPA, el PUPA y el PIPA… Temas que ya deberían estar superados y solucionados tiempo atrás. En fin, seguro que los opinadores aportarán temas que a mí se me pasan, sin ningún motivo, sólo por el aburrimiento de enumerar algo de lo que estoy harto de hablar y escuchar.
Echémosle imaginación a la cosa y digámosles a los políticos que estamos hartos de sus propuestas caducas: de comer chuletas y pinchitos en los mítines, de las actuaciones musicales cutres tipo las Supremas de Mostotes o Malena Gracia; que las megafonías en los coches de campaña electoral lo único que hacen es molestar a los vecinos, porque ¿quién vota al candidato que aparca su coche con la música de su partido a la puerta de su casa? ¿Cuántos votos se ganan por llenar la isla de carteles electorales, con fotografías retocadas de gente fea, que nos prometen, ¡ahora sí!: ¡Llegó el momento del cambio! ¡Por el futuro de los tuyos!
¿Puede una empresa forrar la isla de pósters o machangos publicitarios anunciando sus productos? No, pues los partidos políticos tampoco. Que desaten su imaginación y cambien las formas y el fondo de sus propuestas. ¿Cuánto más llamativo sería un mitin, con los candidatos del partido PAL o CUAL, haciendo un numerito en el escenario tipo Full Monthy? ¿No sería políticamente más rentable que Pedro de Armas adoptara como logotipo de su partido un cangrejo, o un partido de fútbol entre los del PIL y los de la APL, con Manolo Fajardo de árbitro? Al menos yo asistiría, pues el mensaje electoral ya nos lo sabemos, es el mismo para todos.
Quisiera leer en la prensa sobre la inauguración del espacio cultural de Las Maretas y de un nuevo Teatro, que los operadores turísticos vendieran paquetes vacacionales para asistir en Lanzarote al festival de Jazz, o de Ópera, o a un concierto de los Rolling, con sol incluido, o a la semana del Teatro. Quisiera leer de la adaptación de las calles, de la inauguración de la avenida Costa Teguise-Puerto Calero con farolas solares, de un campo de fútbol en Playa Honda; sobre billetes de avión baratos, Internet barato y rápido, para tod@s, escuelas universitarias, barcos de línea Arrecife-Agadir —así no vendrían en patera y no se morirían—; y acerca de la apertura de residencias de ancianos, mejores colegios, más piscinas, cursos para ser payaso, pero de los de verdad, de los que hacen reír… De más imaginación, vamos.
Sólo con lo que nos gastamos en campañas electorales podríamos fichar a todos los galácticos que el Madrid no renovará el año próximo; subiríamos al Lanzarote a Primera y pasearíamos su nombre por toda Europa. Entonces no haría falta ni Fundación para el Turismo, ni Sociedad Mixta de Promoción Turística, nos ahorraríamos una pasta y los niños de Lanzarote tendrían ídolos locales, cosa que ahora esta difícil de encontrar. Venderíamos camisetas de Maciot.
En fin, que la falta de imaginación por mi parte es evidente, pues al final termino escribiendo sobre lo mismo y de los mismos, de política y políticos. Pero me anima la seguridad de que los opinantes aportarán mucha imaginación a este debate.
Oiga, llega a tener imaginación y diseña las tareas pendientes de las instituciones públicas de aquí a 2015.
Sr. Suárez, poco que aportar imaginativo a sus proyectos. Sólo decirle que, por desgracia, hay que repetir mucho la canción para procurar que algún sueño, poco a poco, vaya cumpliéndose.
Vea usted la foto del Voyeur, Miguel Suárez, y comprobará que no tienes falta de imaginación.
Estoy de acuerdo con Leocadio, hay que repetir y repetir obviedades para conseguir una obviedad, que el Charco esté limpito y sea el pulmón de Arrecife.
Mientras tanto, es que da pena.
Si los políticos fueran tan imaginativos como usted, posiblemente esta isla funcionaria mejor. No solo hay que preocuparse de los grandes proyectos, también de las cosas del día a día, como mas iluminación, las aceras, etc., parece mentira que en siglo 21 los ciudadanos sigamos reclamando cosas que por lógica tendrían que estar resueltas. Entonces si hablaríamos de un teatro o de unas maretas para la cultura, pero creo que esto todavía va a ser una ilusión y no una realidad.
Hay un punto medio entre la falta de imaginación y los proyectos enumerados por Miguel.
Hace falta mayor concreción y normalidad en lo normal.
Quizá corramos el peligro de que alguno de los proyectos enumerados, a modo de ejemplo y en clara dirección a que nos resuelvan las cosas normales, las tomen como ejemplo y Encarna Páez nos traiga a los Rolling Stones en estos Sangineles preelectorales.
Cuidado, Miguel, que por ser capaces incluso con falta de perras, siempre hay un crédito por pedir, son capaces.
Por lo demás, coincido contigo.
Hola, Miguel: ahora lo puedo escribir así, después de haberte conocido esta mañana en la tertulia de Punto Radio. Ha sido un placer.
Sobre el artículo: me parece que tienes razón a espuertas al señalar la notable falta de imaginación que caracteriza a la clase política lanzaroteña, en general, en que suelen ser incapaces de zafarse de las miserias del día a día para parir algún proyecto interesante o acometer incluso alguno tan obvio como la transformación del área de El Charco que tantos comentarios está provocando en esta página.
De todas formas, y pese a estar de acuerdo contigo, también me parece que se pueden reseñar algunos criterios que ejercen de cierto contrapeso a la exigencia de imaginación que propones, y que comparto.
El primero sería ese a veces citado que defiende o constata que el régimen democrático suele caracterizarse por ser bastante aburrido, que no se producen grandes acontecimientos, como en las dictaduras o en los populismos, que el día a día democrático se vuelve gris. Se ha dicho en ocasiones, y lo comparto, que en España la transición fue divertida: vivimos la llegada de la democracia como una fiesta; pero terminamos por aburrirnos, y en ese aburrimiento encuentran algunos la confirmación de la democracia en España, incluidos los numerosos desencantos de todo tipo que se produjeron.
El segundo criterio podría ser que la política resulta más divertida cuanto más apasionada, que la pasión política que ha sido característica de muchos momentos del siglo XX resulta enervante, que embriaga, mientras que la normalidad democrática deviene aburrida. Pero esa pasión política surge normalmente en circunstancias en las que las sociedades se fragmentan, se polarizan y se dividen en bandos enfrentados. Apasionada fue la política en la Rusia prerevolucionaria, en la Alemania de entreguerras, en la Segunda República española, etc., cuando los portadores de una bandera política estaban dispuestos a luchar hasta morir para imponer sus ideas a los de enfrente. Hoy, en las sociedades occidentales, nadie está dispuesto a morir por sus ideas, de sociedad postheroica hablan algunos. Afortunadamente, aunque resulte, eso sí, menos excitante.
Quizá el último criterio pueda contradecir lo recién dicho: no es que estén dispuestos a morir por sus ideas, que algunos quedan por otros lares, sino que están dispuestos a hacer algunas cosas para forzar voluntades que no se someten a su visión de cómo debe ser el mundo y la política. Claro que estas opciones, mucho más apasionadas, son igualmente mucho menos democráticas, hasta el punto de que cuando han llegado al poder han sido casi todas las veces las que han terminado en dictadura. Me refiero a los que van por el mundo ofreciéndonos su “fantasma ilusionante”, que tan ilusionante les resulta que son incapaces de entender que algunos se resistan a ilusionarse, y que en cuanto pueden se dedican a reuducarte o a hacerte la autocrítica… para que vayas aprendiendo, por tu propio bien y por el de la causa. Y cuando no hay causa común, como no puede haberla en una democracia basada en el pluralismo de las opciones políticas, pues la cosa termina por aburrirles.
Como ves Miguel, no es que esté en desacuerdo, ni que lo dicho sea obstáculo para pedir un poquito de imaginación a nuestros políticos; aunque bien visto, en algunos casos no sé si es pedir demasiado. Bueno el caso es que tu artículo ha provocado que me vinieran estas cosas a la mente, y aquí las dejo, que para eso existe la posibilidad de debatir en este blog.
Un saludo y hasta la próxima, Jorge Marsá.
Vaya comentario Marsá, nunca los había visto tan largos, parece otro artículo. Sí que te enrrollas, pero es que verdad que muy bien, no hagas caso de las memeces que dicen algunos, tú sigue que es un placer leert, y si en los posts hubiera debates como el que planteas, este blog sería el no va más. Aunque ya está muy bien lo que hay, felicidades a todos los culpables.
Sí que es verdad, qué comentario el de Marsá. El artículos está bien, y el comentario mejor, da gusto ver un diálogo así entre dos opinadores.
Pues sí que ha sido una sopresa esta página y de las buenas. Sigan así.